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Au: - Advertencia: Trastorno de identidad disociativo, r!tóxica
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Habían miles de nombres temidos por los cazadores de listas negras, a los cuales, aunque el pago era una sume exorbitante de dinero, ellos no querían arriesgar su cuello por esas personas.
La familia Shinohara era conocida por su vasta fortuna y sus conexiones en múltiples sectores de la sociedad, desde los negocios hasta los círculos políticos. Aunque no estaban directamente involucrados con la mafia, existían rumores persistentes sobre sus actividades en el submundo, lo que les otorgaba una reputación peligrosa y misteriosa.
Su hija menor, ____, era una chica compulsiva, y sus padres preferían contratar guardas a tener que lidiar con su mal temperamento, la cuestión era... Ninguno de sus guardas había durado lo suficiente a su lado para confirmar la extraña actitud de la chica.
Y es que, todos habían desaparecido.
El único sobreviviente del clan Kurta no temía a esto, siendo una familia así de influyente pensaba conseguir conexiones para cumplir su propósito, la venganza contra el Gen'ei Ryodan. De todos modos, el rubio tenía un solo pensamiento, nada iba a pararlo antes de conseguir su cometido.
Cuando Kurapika se presentó en la gran mansión con esa estructura gótica, no pudo evitar impresionarse, aunque por fuera era lúgubre, dentro todo brillaba, los muebles finos y modernos adornaban cada rincón, y la sonrisa pulcra de la cabeza de los Shinohara lo recibió muy feliz.
Kurapika mantuvo su rostro sereno mientras el patriarca Shinohara extendía la mano con una sonrisa calculadora, más pulida que genuina. El rubio, acostumbrado a tratar con lobos disfrazados de corderos, no dudó en estrecharla. Estaba aquí por un propósito claro, y ni el lujo opulento ni los juegos mentales de los Shinohara lo desviarían de su camino.
-Gracias por aceptar nuestro humilde encargo. -dijo el patriarca con voz calmada, pero cargada de subtextos que Kurapika prefirió ignorar. -Mi hija menor, ____, es... un tanto especial. Necesita alguien capaz de manejar su carácter, y me han dicho que usted tiene un temple inquebrantable.