( 紫色 ) ❛ Tus 𝗹𝗮𝗯𝗶𝗼𝘀, un enigma que anhelo descifrar, un 𝘀𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝗼 que deseo desvelar con la 𝗰𝗮𝗿𝗶𝗰𝗶𝗮 de mis 𝗹𝗮𝗯𝗶𝗼𝘀. ❜
❝ Dos almas tan distintas, sus caminos se cruzaban bajo un cielo que susurraba promesas. En el fondo de la...
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La casa estaba llena de risas, aromas cálidos y luces parpadeantes. La Navidad siempre había tenido un toque mágico, pero este año era especial. Jungkook había decidido pasar la festividad con mi familia, lo cual era un gesto enorme considerando que su relación con ellos no era precisamente la mejor. Sin embargo, ahí estaba él, con su sonrisa encantadora y una determinación que parecía imbatible.
En la cocina, mi mamá y yo trabajábamos juntas preparando las tradicionales galletas navideñas. El aroma de la masa horneándose llenaba el aire, mezclándose con las notas dulces de la canela y la vainilla. Yo estaba concentrada decorando algunas galletas con glaseado, cuando una risa infantil llamó mi atención desde la sala.
Miré hacia la puerta y vi a Jungkook sentado en el suelo con mi sobrina, una niña de unos seis años que adoraba jugar con quienquiera que le prestara atención. Él sostenía una muñeca en una mano mientras la ayudaba a vestirla con un diminuto traje navideño. Había algo increíblemente tierno en la manera en que interactuaba con ella, como si fuera lo más natural del mundo para él.
Mi mamá notó que me había quedado mirando y me dio un leve empujón con el codo.
—Tu chico parece llevarse bien con los niños —comentó con una sonrisa, volviendo a concentrarse en las galletas.
Yo no dije nada, pero sentí cómo una calidez se expandía por mi pecho. Jungkook estaba sentado con las piernas cruzadas, escuchando atentamente a la pequeña mientras esta le contaba una historia improvisada sobre cómo su muñeca iba a salvar la Navidad. Él asentía seriamente, como si cada palabra que ella decía fuera de suma importancia.
No pude evitar pensar en lo increíble que sería como padre algún día. La paciencia en sus gestos, la suavidad en su voz y la atención genuina que le prestaba a la niña eran algo que no veía todos los días. Me apoyé en el marco de la puerta, observándolo en silencio mientras mi corazón latía un poco más rápido de lo normal.
De pronto, como si sintiera mi mirada, Jungkook levantó la cabeza y me vio. Una sonrisa traviesa apareció en su rostro mientras la niña seguía jugando con la muñeca. Él se puso de pie, se disculpó con ella y caminó hacia mí con pasos tranquilos.
—¿Me estás espiando, señorita? —preguntó en tono juguetón mientras se detenía frente a mí.
—Solo te estaba admirando —admití, sintiendo el calor subir a mis mejillas.
Él se rió suavemente antes de rodearme con sus brazos y atraerme hacia su pecho. Apoyé mi cabeza en su hombro, disfrutando de la calidez de su abrazo.
—Te amo mucho —dijo de repente, su voz baja y sincera.
Levanté la cabeza para mirarlo a los ojos, sorprendida por la intensidad en su mirada.
—Yo también te amo, Jungkook —respondí con una sonrisa.
Él me besó la frente antes de soltarme ligeramente.
—¿Puedo ayudarte con las galletas? —preguntó, mirando hacia la cocina donde mi mamá seguía trabajando.
—¿Seguro? Podrías arruinar nuestra obra maestra —bromeé.
—Confía en mí, tengo talento oculto —replicó, guiñándome un ojo.
Lo llevé a la cocina, y mi mamá lo recibió con una sonrisa algo sorprendida. Juntos, los tres nos pusimos a decorar las galletas. Jungkook, a pesar de sus esfuerzos, terminó cubierto de glaseado y chispas de colores. Cada vez que intentaba hacer un diseño, terminaba creando algo tan abstracto que no podíamos evitar reírnos.
Era un momento simple, pero lleno de felicidad.
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La cena familiar pasó sin mayores sobresaltos. Todos parecían relajados, y aunque las tensiones entre Jungkook y mi familia no desaparecieron por completo, fue un paso adelante. Él se esforzó en conversar con ellos, y yo no podía estar más orgullosa.
Más tarde, cuando la casa quedó en silencio y todos se retiraron a descansar, Jungkook y yo nos escabullimos a mi habitación. Habíamos decidido tomarnos un momento para nosotros antes de que la noche terminara.
Desde la ventana, el cielo nocturno se veía despejado, con estrellas brillando como pequeñas luces navideñas. Nos sentamos juntos en el alféizar, con una manta compartida sobre nuestros hombros.
—Es una hermosa noche —dije, rompiendo el silencio.
Jungkook asintió, pero no apartó la vista del cielo. Después de un momento, tomó mi mano y entrelazó sus dedos con los míos.
—¿Sabes algo? —dijo, girando la cabeza para mirarme—. Tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
Sentí un nudo en la garganta al escuchar sus palabras. La sinceridad en su voz era abrumadora, y por un segundo, no supe qué responder.
—Jungkook... —empecé, pero él levantó una mano para detenerme.
—Déjame terminar —dijo, con una pequeña sonrisa—. No sé qué hice para merecerte, pero espero poder pasar muchas más Navidades contigo. Solo tú y yo, en nuestro propio mundo.
Mi corazón se llenó de emoción, y no pude evitar abrazarlo con fuerza.
—Yo también quiero eso, Jungkook —respondí contra su pecho—. Siempre, tú y yo.
Él me besó suavemente, sellando el momento. Afuera, las estrellas brillaban con fuerza, como si estuvieran celebrando con nosotros. Y aunque el mundo seguía girando, en ese instante solo éramos nosotros dos, en nuestro propio pequeño universo. Para siempre.
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