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El gimnasio olía a madera pulida, esfuerzo y expectativas.

Las luces blancas caían como reflectores sobre la cancha, dándole a todo un aire cinematográfico.

Jennie no sabía mucho de básquet, pero desde que Jihyo y Rosé empezaron a entrenar juntas, parecía que todo giraba alrededor de eso.

Sana le apretó el brazo mientras buscaban asientos en la tercera fila.

—Mirá, ahí están —le señaló a Jihyo, que hacía estiramientos junto a Rosé.

Jennie intentó mantener la mirada neutral, pero apenas Rosé levantó los brazos para calentar, se le fue el aire. 

Su jersey se había levantado un poco al estirar, dejando a la vista su marcado abdomen. El short negro que llevaba también le permitía observar sus largas piernas y marcadas pantorrillas, al igual que el músculo en sus brazos. Vaya, esa chica podría cargarla con un solo dedo.

Claro, no era un secreto la condición física de Rosé, pero presenciar eso era mejor de lo que cualquiera pudiese imaginar.

Esa chica...

Tan concentrada. Tan brillante.

Incluso con el cabello atado en una coleta desordenada, parecía una estrella.

—Respira, Jennie —dijo Sana con una sonrisita, como si pudiera leerle la mente.

—No estoy haciendo nada —murmuró cruzándose de brazos, con sus mejillas tan rojas que el rosado de su rubor había quedado opacado.

Pero sus ojos no se apartaban de Rosé ni un segundo.

El partido había comenzado con intensidad.

Rosé era velocidad.

Jihyo, fuerza.

Las dos se movían como si estuvieran en sintonía, llevaban años jugando juntas. El equipo era temido por muchos, gracias a las Park, que nunca defraudaban a todos quienes las apoyaran.

Jennie no podía dejar de mirar cómo Rosé cruzaba la cancha con pasos largos, esquivando a las jugadoras contrarias con una gracia casi irreal.

—¡Vamos, Jihyo! ¡Esooo! —gritaba Sana como si le fuera la vida. Estaba tan metida que aplaudía cada pase, cada rebote.

Jennie, en cambio, miraba en silencio.

Pero cuando Rosé hizo un corte limpio hacia el aro y lanzó un triple desde el borde de la línea... se le escapó un "¡Vamos, Rosieee!" que se le salió del alma.

—Dios —suspiró, un tanto avergonzaba.

Sana la miró de reojo con una sonrisita burlona.

—¿Quieres que le grite tu nombre?

—Cállate —dijo Jennie, escondiendo la sonrisa.

Para el tercer cuarto, el marcador iba ajustado.

Rosé empezó a jugar más agresiva, presionando al equipo contrario, robando pelotas, dirigiendo jugadas.

Jihyo la respaldaba, cubriendo espacio, gritando indicaciones con la voz potente que Sana reconocía al instante.

—¡Eso, mi amor! —gritó Sana.

Jihyo giró la cabeza y le lanzó una sonrisa.

Jennie miró eso con una mezcla de ternura y envidia.

Qué fácil parecía todo entre ellas.

Y sin embargo, ahí estaba ella, sentada, sin animarse a nada.

Pero cuando Rosé encestó otro triple, esta vez casi de espaldas, y sus ojos buscaron a la tribuna, Jennie se enderezó.

Porque, por un segundo, juró que la estaba mirando a ella.

Solo a ella.

Y aunque el corazón le golpeaba fuerte, mantuvo la expresión fría. Como si no le importara. Al final, todo era parte de la apuesta, ¿cierto?

Como si no tuviera miles de mariposas volando en su interior, moviendo todo su ser.

Último cuarto.

Faltaban dos minutos.

El juego estaba empatado.

Rosé tomó la pelota en el último ataque. Jihyo la cubría desde el costado, lista para lo que viniera.

Las defensas se cerraron. El reloj bajaba.

Jennie se levantó sin darse cuenta.

—Vamos, vamos...

Rosé amagó. Se deslizó. Paso largo.

Saltó.

Silencio absoluto.

La pelota giró en el aire.

Y entró.

El grito del público fue instantáneo.

Jihyo corrió a abrazarla, y el equipo se amontonó sobre ellas.

Jennie se quedó quieta, sonriendo sola, como una idiota. 

Sana le dio un codazo.

—¿Viste? Es buena.

—Es... increíble —dijo Jennie, sin apartar la vista de Rosé, que ahora estaba brillando en medio de todas las jugadoras, con la cara enrojecida por el esfuerzo y la sonrisa más hermosa del planeta.

Sana la miró, como sabiendo exactamente lo que venía.

Jennie tragó saliva.

Y mientras las jugadoras se saludaban y volvían a sus vestuarios, Jennie bajó las escaleras con el corazón a mil.

Jennie ni siquiera sintió cuando Sana la jaló de su brazo y se la llevó a donde Jihyo y Rosé.

—¡Princesa! ¡Estoy súper orgullosa de ti! —Sana la soltó bruscamente del agarre para correr hacia su novia, quien la recibió con los brazos bien abiertos y la elevó, dando vueltas por el aire.

—Muchas gracias, amor —dijo Jihyo, limpiándose con una toalla las gotas de sudor que desprendía su rostro.

—¿No me vas a felicitar? Soy la mvp.

Era difícil saber quién estaba más colorada: Rosé por la intensidad del juego o Jennie por la intensidad de lo que estaba sintiendo.

—¿No me vas a agradecer? Te hice tu pulsera.

—Gracias, bonita, pero era para antes del juego. 

Jennie rodó los ojos, sin saber porque actuaba como una estúpida. Los papeles se habían invertido, pues siempre había sido ella quien tuviera a quien se le antojara rendido a sus pies.

Pero Roseanne Park... ella no era como los demás.

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⏰ Última actualización: Apr 16, 2025 ⏰

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april fools - chaennieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora