Capitulo 8

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Era CANADÁ  el cual a ver esta escena e sintió una furia horrible   y fue  a  su cuarto  echando  humo 
" maldito  de usa ese debería ser yo el que  pueda besar esos hermosos  labios  pero  no prefiere  a ese inútil  yo soy el mejor para México  no el   y eso lo demostraré "  empiezo  a preparar  un plan para demostrar  que el era el mejor  para  México   llego  a la mañana siguiente  al cuarto  de México  con una sonrisa grande .
" mexi te traje  tu desayuno  tu favorito  huevo revuelto   con frijoles  pan de rancho y café de la olla "

México lo miró con sorpresa al verlo aparecer tan temprano, pero sonrió con amabilidad como siempre.

—¡Oh! Gracias, Canadá, qué detalle tan bonito —dijo, tomando la charola con cuidado—. Huele delicioso.

Canadá sintió un cosquilleo recorrerle el pecho. Esa sonrisa, esa voz... todo en México le parecía perfecto. Se sentó al borde de la cama, con las manos entrelazadas, intentando parecer tranquilo, aunque por dentro hervía de ansiedad.

—Lo preparé yo mismo —dijo con voz suave, intentando parecer casual—. Pensé que te gustaría empezar el día con algo especial… algo que te recuerde lo mucho que te mereces ser bien tratado.

México dio un pequeño sorbo al café y asintió, claramente complacido.

—Está buenísimo, la verdad —dijo con una sonrisa aún más amplia.

Canadá sintió que se le aceleraba el corazón. Su plan apenas comenzaba, pero ya estaba funcionando. Iba a demostrarle que nadie lo quería como él, que él era el único que lo veía como realmente era: valiente, alegre, hermoso.

—¿Sabes, Mexi? —dijo, inclinándose un poco hacia él—. No todos te valoran como deberían. Algunos solo quieren estar contigo por interés o por capricho. Pero yo… yo te veo de verdad. Siempre lo he hecho.

México levantó la vista, un poco desconcertado.

—¿A qué te refieres?

Canadá se apresuró a sonreír, como si no fuera nada.

—A nada… solo que tú mereces algo más. Alguien que te cuide, que te entienda… que esté ahí incluso en tus días más difíciles. Y ese alguien... podría ser yo.

Por dentro, su mente ya estaba corriendo a mil por hora.

*Hoy desayuno, mañana flores... y después, cuando vea que yo soy el único que siempre estuvo ahí, va a entender. Tiene que entenderlo. México será mío, tarde o temprano... y USA se va a arrepentir de haberse interpuesto.*

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Más tarde ese mismo día, mientras México estaba en el jardín regando unas plantas, Canadá se encontraba en la cocina lavando los trastes con una sonrisa satisfecha. Pero la puerta trasera se abrió de golpe, y USA entró sin molestarse en saludar.

—¿Tú hiciste el desayuno de hoy? —preguntó USA, cruzado de brazos, con el ceño fruncido.

Canadá se giró lentamente, su expresión amable desvaneciéndose como si nunca hubiera estado ahí.

—¿Y qué si lo hice? Alguien tiene que cuidar a México como se merece.

USA bufó, caminando hacia él con paso firme.

—¿Y tú crees que esa persona eres tú? Por favor. No puedes siquiera decir lo que sientes sin parecer un acosador desesperado.

Los ojos de Canadá brillaron con rabia contenida.

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