Stef quedó sola en aquella habitación, con las manos temblorosas acariciando todavía el vientre donde aquel nuevo latido apenas comenzaba a crecer. Las lágrimas corrían sin detenerse, no sabía si lloraba de miedo, de tristeza o de impotencia. Sentía que el mundo entero se había puesto en su contra.
El silencio se rompió con un pequeño llanto en la puerta. Giaco entraba con la bebé en brazos, entregándosela con cuidado. —Aquí está tu princesa, quiere a su mamá —dijo suavemente, intentando no mostrar la mezcla de dolor y esperanza en su mirada.
Stef tomó a la pequeña contra su pecho, y en cuanto su hija comenzó a lactar, una calma la envolvió. Esa paz que solo sus hijas podían darle. Sin embargo, la ausencia de Dani pesaba como una sombra.
—Stef... —Giaco se animó a hablar—, yo sé que no quieres regresar conmigo, y lo respeto. Solo... solo prométeme que me dejarás estar en todo este proceso. No me alejes de mis hijos.
Ella lo miró, con el rostro aún bañado en lágrimas. —Jamás te lo negaría, Giaco. Ellos tienen derecho a su padre. Pero a ti... a ti no te quiero en mi vida como pareja, ¿entiendes?
Él bajó la mirada, asintiendo. —Lo entiendo —susurró, aunque por dentro algo de él seguía luchando por no rendirse.
En ese momento, la enfermera entró para retirar el suero y dar las últimas indicaciones antes del alta. La rutina del hospital siguió, pero en el interior de Stef, nada era rutina: todo estaba en caos.
Esa noche, ya en casa, el silencio fue insoportable. Danielle no estaba, Giaco dormía en el sillón de la sala para no invadir, y ella, en la recámara, con sus dos hijas, se aferraba a ambas como si fueran su única razón de seguir adelante.
—No me dejes tú también —susurró entre sollozos, acariciando la cabecita de su bebé mayor mientras con la otra mano tocaba su vientre—. No me dejes sola, frijolito...
Y aunque el cansancio la vencía, Stef sabía que el verdadero reto apenas comenzaba , criar a su dos bebés en medio del caos, enfrentar a giaco que aún la amaba, y tal vez... esperar a que la mujer que realmente amaba decidiera si estaba dispuesta a luchar con ella, a pesar de todo
Dani salió del hospital con el corazón hecho pedazos. La noche era fría, pero lo que más helaba su piel era la idea de perder lo que había construido con Stef. Caminaba sin rumbo, hasta que su celular vibró: una foto de Maddison cuando era bebé . Esa pequeña carita fue un golpe directo a su alma.
Mi niña... —susurró, con lágrimas cayendo—. Qué haría sin ti.
Recordó que faltaban apenas dos meses para que Maddison cumpliera tres años. Tres años de luchas, de noches en vela, de sonrisas que le devolvían la fuerza. ¿Cómo iba a explicarle que la mujer que amaba , esa mujer que se robó el cariño de su hija quizá no estaría más en su vida?
Mientras tanto, en el hospital, Stef abrazaba a su bebé recién alimentada. Miraba el techo sin poder dormir. Giaco descansaba en el sillón, vencido por el cansancio, pero ella solo pensaba en Dani. Recordaba su mirada rota al marcharse, sus palabras a medias, ese beso de despedida cargado de amor y miedo.
Dani... no me dejes —susurró, con la voz quebrada.
Al día siguiente, Dani se levantó temprano para preparar el desayuno de Maddison. La niña, con su vocecita dulce, dijo mientras jugaba con su muñeca:
Mami, ¿tú tas tiste?
Dani se detuvo. Su hija la había visto llorar la noche anterior. La abrazó con fuerza. —Un poquito, amor... pero tú me haces muy feliz.
Por otro lado, Stef recibió el alta. De camino a casa, con sus dos bebés y Giaco ayudando en silencio, el pensamiento era el mismo: Dani. Ella sabía que su corazón no le pertenecía a Giaco, ni siquiera al padre de sus hijos, sino a esa mujer que ahora se estaba alejando.
Esa noche, incapaz de aguantar más, Stef tomó su celular y le escribió un mensaje:
"Dani, sé que necesitas tiempo, pero quiero que sepas algo: te amo. Este bebé no cambia lo que siento, ni cambia lo que quiero contigo. No me dejes, por favor. No nos dejes."
El mensaje quedó enviado, con el visto azul al poco rato, pero sin respuesta.
Dani lo leyó una y otra vez, con Maddison dormida en sus brazos. Una batalla se libraba en su interior: la mujer que amaba estaba embarazada de un hombre con el que había compartido tanto... pero también era la misma mujer que la había hecho sentir que el amor verdadero existía.
—¿Qué hago, Maddie? —susurró acariciando a su hija—. Yo la amo... pero no sé si puedo con todo esto.
La respuesta aún no estaba clara. Pero el destino pronto las volvería a cruzar... tal vez en el cumpleaños de Maddison, donde las máscaras tendrían que caer y las decisiones, finalmente, tomarse
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Amor y Venganza
FantasyStefanía deja el país pero con el tiempo decide luchar por su amor , no la tendrá fácil pero no piensa rendirse antes que sea muy tarde
