Capítulo 20: Sinceridad

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Se sentaron lado a lado, sin que ninguno hablara al principio. Namjoon apretó los puños sobre sus rodillas, en cuanto termino su relato.

Hubo una pausa. Jungkook respiró profundamente.

—Siempre encontraba la forma de hacerme sentir mal y nunca tuve el valor de confrontarlo —confesó Jungkook —por eso, cuando rompió mis gafas fue demasiado para mí y tome el valor de decirle a mi padre, ahora entiendo a lo que se refería cuando dijo que me alejara de ellos, también dijo que tú y el resto estaban ese día en dirección —

Namjoon abrió los ojos, sorprendido —¿tú padre te conto eso? —

—Sí, también me dijo sobre la amenaza del padre de Jackson —

El mayor asintió.

—Hoseok y Seokjin fueron mis salvadores ese día de una suspensión total, pues ya se habían graduado, así que dieron la cara por mí —explico —al final fue sacado de la escuela y cómo él había dicho fue enviado China y no regreso a hasta ahora, tiene negocios con mi familia y de nuevo fuimos amenazados —

Jungkook bajó la mirada, avergonzado.

—También me vi con él, en una reunión de mis padres y también me amenazo con ello —confeso —No sé cuál es su problema, yo no recuerdo haberle hecho algo en específico

—Tengo la teoría que es porque su padre no le permite ser, el mismo —

—Él también es gay —dijo

—tal parece que sí —

Hubo un silencio largo. ¿Qué pasaría ahora?

Namjoon sonrió suavemente y por primera vez desde que se sentaron, dejó que su mano buscara la de Jungkook. Sus dedos se entrelazaron. Jungkook miró sus manos unidas con una alegría en su corazón.

Era un momento reconfortante, que aliviaba sus corazones y los sentimientos que por años se mantenían ocultos.

—Quiero estar contigo, —dijo Namjoon —quiero tener citas contigo y que leemos juntos, tengo tantas ganas de besarte y abrazarte a mi lado tan fuerte para que nunca estemos separados —

Los ojos de Jungkook brillaron más que nunca, llenándose de leves lagrimas el sentía todo eso y mucho más. Por ello, sabía al punto al que se dirigía Namjoon.

—Sobre todo quiero llevarte al baile, —confeso —pero antes de que podamos estar juntos de verdad, tenemos que resolver todo lo que nos rodea. Aún hay cosas que puede estar en nuestra contra —

—Tengo miedo —admitió en voz baja —sobre todo de la reacción de mi madre —

Namjoon levantó la mano libre y acarició con suavidad la mejilla de Jungkook. El tenía razón, su madre era una mujer sin duda complicada y con Jackson y esas fotos sueltas era un riesgo que él no podía correr.

—Entonces... —murmuró, con una pequeña sonrisa —¿de verdad me llevarías al baile? —

Namjoon rio bajito, apoyando su frente contra la de él.

—Claro que sí y no solo al baile, quiero estar todos los días contigo —

Con las manos entrelazadas y los corazones latiendo al mismo ritmo, ambos supieron que habían dado el paso más importante, pasara lo que pasara después, ya no habría vuelta atrás.


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Jungkook y Namjoon, hablaron durante lo que pareció horas aclarando lo que no se habían contado durante años, incluyendo el encuentro de su hyung con Wang y la propuesta de boxeo que había recibido. Ahora habían decidido hablar con sus amigos e idear un plan.

Eso hasta que el límite de tiempo de kook llegó avisando que era momento de regresar a casa.

Estaba tan feliz y se sentía tan aliviado de que sus sentimientos hayan sido correspondidos. Se dio cuenta sobre todo lo que en realidad lo rodeaba, desde sus amigos a su familia y de todo lo que aún no podía decir, que le hacía cambiar su perspectiva de todo lo que le rodeaba.

¿Cuál era la necesidad del salir del closet? ¿Debería de ir al baile?

Ahora sabe que no es una necesidad, si no el saber que él también podría vivir sin miedo. Ira al baile con una persona que lo quiere y lo valora.

¿Sería tan valiente para declararse? ¿Namjoon Hyung lo aceptaría?

Y sin dudar en ningún momento, ahora sabia lo valiente y amado que era.

El camino de regreso a casa se le hizo más corto de lo habitual por su reciente felicidad, hasta que alzó la vista, su corazón dio un vuelco.

El auto de su madre estaba estacionado frente a la casa.

Jungkook se detuvo por un segundo, con la mochila colgándole del hombro, sintiendo cómo el aire se le quedaba atrapado en el pecho. Ella casi nunca venía a casa de su padre. El silencio alrededor de la casa era denso, inquietante, como una advertencia.

Al abrir la puerta, logro escuchar algunos gritos entre ambos su madre estaba en la sala.

—Llegas tarde —dijo con esa frialdad a la que estaba acostumbrado

—Tenía... cosas que hacer —respondió Jungkook, dejando la mochila a un lado.

Hubo un silencio incómodo. Ella lo observó como si intentara encontrar algo que no le gustaba, como siempre.

—No te metas con Jungkook, nuestros problemas no son culpa de él —

—¿Ah, no? —replicó —Como si eso fuera cierto, estoy cansada de que le dejes pasar todo —

Su madre soltó una risa corta, cargada de amargura.

—Es solo un chico, no tiene por qué cargar con lo que nosotros no supimos resolver —

Jungkook sintió un nudo formarse en su garganta, su madre no iba a cambiar jamás.

—Siempre haces lo mismo —continuó ella —como si necesitara ser protegido de mí —

Jungkook apretó los puños. Sentía el corazón golpeándole con fuerza, pero ya no podía callarlo.

—No de ti —corrigió él, dando un paso al frente —de tu rencor —

El silencio que siguió fue brutal. La madre apretó los labios, los ojos brillándole de furia contenida.

—No hables de cosas que no entiendes —dijo finalmente —si supieras lo que yo he tenido que soportar

Jungkook bajó la mirada. Sus manos temblaban, pero no retrocedió.

—¿Por qué siempre me miras como si fuera un error? —preguntó, alzando un poco la voz sin querer —porque, si siempre me he esforzado en todo, en no ser una carga, pero ya no lo soporto. Me iré a la universidad y me iré sin esta carga en mi corazón —

Ella se levantó despacio, caminando hacia él con pasos firmes. Se detuvo a pocos centímetros de distancia.

—Vete a tu habitación —ordenó

Jungkook obedeció. Mientras subía las escaleras, escuchó a su padre hablar y de nuevo una discusión empezó

Esa noche, encerrado en su habitación, Jungkook comprendió algo con claridad dolorosa: el problema nunca había sido él. Y a pesar de eso y de aún no poder decir la verdad, ya había dado el primer paso para enfrentarla.



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