Estoy sola. Bueno, supongo que siempre lo he estado; aunque técnicamente ahora no. Me encuentro en una pequeña región cerca de la frontera con Rusia, escondida en una casa que destruyeron hace poco, tengo a mi hermanito en brazos, intentando calmarlo. Llevamos días en este lugar. Sin comer. Sin beber. Sin dormir. Esta mañana conseguí un pequeño trozo de pan que se le calló a un hombre que andaba por las ruinas buscando supervivientes, por suerte, el pequeño y yo cupimos en una grieta donde pasamos desapercibidos para él; le di el trozo de pan a mi hermano y me asomé con cuidado de no ser vista, para confirmar que podíamos volver a salir. Como bien pensaba no quedaba nadie allí, todo estaba desierto. Donde hace unos días había bonitos parques, fuentes, edificios... ya no quedaba nada. Todo destruido. Para que entendáis mejor, lo contaré desde el principio, llegamos hace una semana, mi madre, mi hermana, mi hermanito y yo, íbamos a quedarnos durante dos semanas más o menos, la verdad es que no estaba muy bien planeado, pero no importa, eran nuestras primeras vacaciones juntos después de que papá... bueno, se marchase. No habíamos salido en años cuando de repente, mientras mi hermano y yo íbamos al parque que había enfrente de nuestro alojamiento y mirábamos inocentemente los aviones que pasaban, sin esperarlo este estalló, todo estalló. Mi primer instinto fue ponerme encima de él cubriendo todo lo que podía de su cuerpo y ya pasamos a hace un momento. Después de ver que no había nadie decidimos salir. Corría tirando de mi hermano y de repente me paré en seco. Algo iba mal. Donde había colocado el pie se encontraba una mina antipersona. El más mínimo movimiento acabaría con nosotros y no podía dejar que eso pasase. Besé la frente de mi hermano a la vez que una lágrima caía sobre mi embarrada mejilla izquierda y le hice marchar. No quería hacerlo, se rehusaba a ir sin mi, pero no quería decirle lo que realmente pasaba. Tragué saliva e intentando contener las ganas de romper a llorar deseando que esto jamás hubiese ocurrido:
- Tienes que marcharte, estar aquí no es seguro, eres un chico fuerte y valiente, se que sobrevivirás - dije con la voz lo menos temblorosa posible.
- Pero tienes que venir conmigo... - dijo con una voz aún inocente.
- Ve, Javier. Yo estaré contigo - le dije casi sin poder contenerme.
- ¿Lo prometes? - agarró con más fuerza mi mano.
- Claro - sonreí lo mejor que pude - ahora ve, corre, yo los distraeré para ganar tiempo ¿sí?
- Bien - soltó mi mano y dio un paso atrás desconfiado - pero estarás conmigo ¿no?
Tragué saliva y asentí rompiéndome por dentro mientras lo mirando a los ojos, esos ojos claros, profundos y sin maldad. Me dolía tanto todo. Lo vi marcharse desde mi posición, de vez en cuando se giraba hacia mi como dudando si debería volver, pero yo lo alentaba a seguir. Ya apenas lo veía.
- Siempre estaré contigo - Dejé caer todo mi peso caer y en cuestión de décimas de segundo ya volaba por los aires. Caí unos metros al este, la dirección en la que mi hermano había desaparecido. Me encontraba agonizando en el suelo, casi desmembrada por completo, ya mi vida estaba por terminar, y de repente escuché:
- ¡LAURA! - mi hermano corría hacia mi - ¡¿Laura que ha ocurrido?! - dijo sollozando
- Siempre... - conseguí susurrar. Acto seguido cerré los párpados y sentí lentamente como la vida me iba abandonando cual suspiro, mientras percibía como mi hermanito me abrazaba sollozando.
Siempre.
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