El jueves papá vino a visitarme por última vez antes de que lo internaran por su problema cardíaco. Mamá no quería que nos internaran juntos porque pensó que yo me iba a sentir mal cuando falleciera, así que no lo ví a papá después del jueves salvo cuando pasó el cajón de la funeraria. Yo no lloro, me acostumbré a no amargarme porque sino pasaría todo el día llorando y eso no me gusta. Así que el cajón caminando delante de mi nariz fue un disparador porque fue la primera vez que sentí que mi cuerpo estaba mal de verdad.
Mamá no vino a visitarme después del entierro, pero yo no se lo reclamo porque se que ella no podría.
Hace un mes que Laura está de licencia, tengo miedo que haya agarrado un bicho y no se recupere. Igual se que ella es fuerte e inteligente y se va a recuperar.
Detesto cada vez más a su remplazo, no sabe nada de lo que a mi me gusta para comer, no le importa limpiar y nunca me da lo que le pido. Mi suerte es que el doctor Bordenabe lo odia y lo manda a limpiar los baños los sábados a la noche.
Por suerte Laura vuelve mañana, le voy a contar todo y vamos a jugar a la canasta con el doctor B. (como le decimos nosotros a Bordenabe).
Aprendí nuevas figuras de origami, como me cae tan mal el remplazo de Laura, el dr.B. me dio papel y unas instrucciones para que no me aburra. Ya se la grulla, el marco de fotos, la carta con sobre propio, la mariposa, la rosa y la sirena.
Hoy llegó un nuevo chico a mi piso, estaba en una camilla desmallado, fue directo al quirófano mientras una pareja como de cuarenta años lo perseguía.
Bordenabe vino corriendo y trató de hacer que la pareja se calmara, yo le hice unas señas para que se me acercara.
-¿Qué querés?
Estaba todo transpirado y jadeaba.
-¿Qué le pasó al nene que vino como Flash?
El doctor se secó la frente con su pañuelo de tela y respondió:
-Tuvo vómitos de sangre, lo vamos a operar de urgencia.
Se fue al quirófano y la pareja bajó a la sala de espera.Ya son como las 15:30, el nene entró al quirófano a la una y cuarto, no volví a ver a la pareja. Ya me estoy preocupando yo también, Bordenabe ya hizo esta operación mil veces y nunca tardó tanto.
Ahí salió, sacaron al nene del quirófano y lo pusieron al lado izquierdo mío, Bordenabe está bajando en ascensor para buscar a la pareja.
El nene está dormido, tiene cara súper pálida,ya llegaron los padres y el dr.B., que tiene cara de cansado. De mi lado derecho me inclino hacia mi mecita de luz y sirvo los dos únicos vasos con agua y el doctor se sienta al lado mío mientras toma de un vaso sin respirar.
-¿Cómo estuvo la operación?
-Bien, se va a despertar dentro de un rato.
Me quedé mirando a la pareja que lloraba en la cama del nene.
-Son los padres, ¿No?
El doctor asintió.Nos quedamos así como por quince minutos, el remplazo de Laura, que se llama Martín, nos trajo la merienda a Bordenabe y a mí.
El nene empezó a abrir los ojos y se lo veía muy calmado, yo lo miraba con curiosidad porque no me había animado a preguntarle su nombre a los padres. Sus ojos exploraban la habitación del cuarto piso, seguramente estaba pensando que estaba en un hospital.
El doctor me hizo una seña como para que yo hablara.
-Hola.
El nene me miró.
-¿Te sentís bien?
-Si -casi ni se lo escuchaba.
Los padres ya no lloraban
-¿Cómo te llamás?
-Horacio, pero me llaman Hugo.Bordenabe me susurró al oído la enfermedad que tenía el nene porque pensó que yo lo iba a resolver mejor que él.
-¿Cuántos años tenés?
-Diez.
Tomé aire.
-Hugo, -le dije-. Vos tenés Epatitis, y te vas a tener que quedar acá un tiempo.
Los padres volvieron a llorar, Horacio los abrazaba pero se ve que no sabía qué era Epatitis porque no lloraba.
Al doctor B. no le gusta molestar en éstos momentos así que se retiró. Los padres de Horacio se tranquilizaron cuando yo ya estaba leyendo y me miraron.
-Hola.
-Hola -le respondí al papá de Hugo.
-¿Vas a estar con mi hijo?
Juro que dudé.
-Seguramente, Bordenabe prefiere que yo acompañe a los nuevos pacientes porque tengo experiencia.
La mujer se terminó de secar las lágrimas y respondió:
-¿Dónde está?
-En su oficina, cuando salen de esta habitación van hacia la derecha. Es la primera puerta.
Se despidieron de Hugo y se fueron.
Horacio me miró un rato largo hasta que se animó a hablar.
-¿Vos tuviste miedo el primer día?
Me quedé pensando.
-Si, pero la diferencia es que vos te podés curar.
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