Nobody really cares if you don't go to Rubí's quinceañero [editado; re-subido]

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[Sí, acabo de mezclar el título de una canción de Courtney Barnett con un reciente suceso irrelevante (yo haciendo horrendas referencias que al fin y al cabo yo misma me entiendo con ellas)].

Jamás había visto semejante expectativa a una fiesta de quince años como la de Rubí Ibarra. Ni siquiera la mía, porque recuerdo que cuando repartía invitaciones a mis compañeros de clase, hace cuatro años, uno de a quienes no invité dijo de mala gracia —y casi sin pensarlo— que "ojalá se vaya la luz en plena fiesta" (esto porque el día de mi cumpleaños en aquel entonces coincidía con la "Hora del Planeta"). 

En primer lugar yo no quería que me hicieran una gran fiesta, pero más adelante cambié de opinión porque es de las pocas veces en que eres el centro de atención, que de todos tus cumpleaños, cumplir quince es el más especial, en donde no sé cómo se las hacen tus padres para hacer realidad hasta tus rabietas de pre-quinceañera. A pesar de ello, mi fiesta de XV años fue un grato recuerdo, una anécdota agradable. No sé ustedes, pero sentí que hubo un cambio antes y después de mi quinceañero, y no me refiero a que dejé de ser una niña para convertirme "en toda una mujer", sino que luego de aquel evento tuve cierta aceptación social. Mis amigos no paraban de elogiar mi fiesta calificándola de "la mejor del año", y hasta ahora sigo sintiéndome feliz (y un tanto extrañada) cada vez que (me) lo recuerdan.

 Mis amigos no paraban de elogiar mi fiesta calificándola de "la mejor del año", y hasta ahora sigo sintiéndome feliz (y un tanto extrañada) cada vez que (me) lo recuerdan

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(↑ No pude haber estado más que feliz aquel día)

No hubo necesidad de hacer de eso un evento de Facebook, o subir un video (por error), acompañada de mis padres, invitando a cualquiera a la fiesta. [Aunque sí, por un momento se me pasó por la cabeza hacer de mi fiesta un documental tipo "Quiero Mis Quince"]. No me gusta llamar la atención para ese tipo de cosas porque no quería mi quinceañero con gente desconocida e interesada. En cambio estuvieron presentes familiares (algunos que viajaron desde la selva del país solo para verme) y amigos más cercanos. Gente que a pesar de todo les importo y me quieren, y no puedo estar más agradecida de ello. [Incluso el DJ es un buen amigo de mi papá y conoce mis gustos musicales —durante la fiesta se oyeron canciones de Avicii, Kesha y Lady Gaga—, aun así trajo a un amigo para apoyarlo en la hora loca, lo que ha sido genial porque ¡dos DJs es mejor que uno!] 

No hubo cámaras de diversos medios transmitiendo minuto a minuto la fiesta, tan solo los de los invitados y el fotógrafo contratado para el respectivo material de recuerdo. Tampoco recibí lujosos y costosos regalos, solo peluches, cofres, cuadros, mis primeras pijamas, libros de Crepúsculo y el primer álbum en físico que tengo, Up All Night de One Direction. Ni mucho menos muertos o heridos durante el evento, tan solo invitados muertos del cansancio por festejar hasta las últimas consecuencias (sobre todo yo, con mucha más razón).

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Editado (29/12/17): Hace un año había sucedido el quinceañero más grande de todo México, lo que me llevó a escribir un artículo contrastándola con mi fiesta de XV. Y ahora que lo reviso, ¿cuenta también como una crónica periodística? Porque si es así, diablos, desearía haber entregado esto -previa corrección y extensión- a mi profesor de Periodismo Informativo en vez de una crónica cutre sobre una anécdota en la secundaria.



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