Hace dos años:
Estaba nerviosa. Era mi primer día de instituto y, por si fuera poco, en una nueva ciudad. Me mudé hace dos meses a Orense. No venía de muy lejos, dado que venía de Asturias, pero aún así, no conozco nada ni a nadie. Me coloco en la fila para entrar y entro. Después de un rato siento las miradas de todos. Absolutamente todos me miran y algunos se ríen. Agacho la cabeza y sigo caminando asta que me tropiezo y me caigo. En ese momento en todo el alrededor se ollen unas carcajadas. Al instante me intento levantar, pero no doy. Todos me empujan y me insultan. Sin darme cuenta empiezo a llorar y a gritar:Nooooooo.
-Nooooooo...-grito despertandome.
Tardo unos minutos en darme cuenta de que era una pesadilla y al bajar mis pulsaciones oigo la puerta de mi habitación que se abre. Mi madre me mira preocupada. Tiene el pijama puesto, el pelo rubio en un moño y unas ojeras que apenas dejan ver sus ojos azul intenso. Se me acerca y me dice:
-¿Que te pasa? ¿Estas bien? Oí los gritos y me asuste.-en su cara se podía ver que decía la verdad.
-No pasa nada. Tuve una pesadilla. Nada importante. - digo para que se tranquilice.
En ese instante se oyen maullidos y veo por el ueco de la puerta a mi gato entrando. Se para un momento para lavarse la cara y luego sube a mi cama para que lo acaricien. Mi madre se despista un poco al verlo, pero pronto vuelve a la tierra y me dice con una cara más serena:
- Me voy a hacer el desayuno. Tu, duchate y prepárate. Te tendrías que despertar dentro de media hora, pero no creo que duermas mucho ahora que estás despierta, así que, haz lo que te digo.
Y se va. Me estiro y luego separo las colchas. Cojo la toalla y mi ropa y me voy al baño. Cuelgo mi toalla en el colgador y abro el grifo de agua caliente. Mientras se calienta, me quito la ropa y la pongo en la tina de la colada que se encuentra al lado de la bañera. Pasan unos segundos y por fin me meto.
Al acabar de ducharme y ponerme la ropa me miro al espejo y me voy para la cocina que es la siguiente puerta. Entro y está mi madre ya vestida y mejor peinada que me dá el desayuno.
Acabo, Cojo mis cosas y me voy.
Después de quince minutos llego al instituto y sigo a los otros alumnos asta una sala enorme donde nos sentamos.
Al cabo de unos minutos comienza la charla de las normas de comportamiento y, al final, pasaron a los nombramientos de las clases.
Cuando empezó con las de primero de ESO estaba un poco nerviosa esperando mi nombre. Lo oí y me puse de pie inmediatamente, pero me volví a sentar rápidamente. Todos me miraban y me puse roja como un tomate. Tardaron en parar de mirarme. Debería haber mirado lo que hacían los demás al pronunciar su nombre.
Al acabar la lista dicen quien es nuestra tutora y la clase, 1°A. Seguimos a nuestra tutora a la clase y después de preguntar nuestros nombres y repasar otras reglas nos da tiempo libre. Intento hablar con alguien, pero no lo consigo. Todos me ignoran. Al final, decido pedirle a la profe ir al baño y salgo de clase.
Tan pronto como entro en el baño, me deprimo. No pude hablar con nadie y no me estaba gustando ser la nueva. Quiero regresar a casa. Me siento pesada en ese momento. Pareciera como si todo mi estrés se ubiera rebelado. Sin darme cuenta empiezo a llorar. Me miro al espejo y me veo con lágrimas escurriendose por las mejillas. Había discutido con mi mejor amiga antes de mudarme y ya no nos hablamos. Me sumerjo en mis pensamientos asta que oigo la puerta y entra una niña de pelo marrón oscuro y ojos verdes. Se me queda mirando y me pregunta:
-¿Estas bien?
-Si.
-¿Eres nueva?
-Si.
-¿De donde vienes?-pregunta con una sonrrisa en el rostro.
-De Asturias.
-Guay.
La verdad es que se supone que tiene que ser incómodo, pero no lo fue. Puede que un poco al principio,pero luego fuimos entrando en confianza. Estuvimos todo el rato hablando animadas dando vueltas por el cole. El tiempo paso rápido y tocó el timbre. Ella se despidió y se fue, aunque, no tardo en volver.
-¿Se te olvidó algo?-pregunto con mi mejor sonrrisa.
-No, tranquila solo venía a decirte que se nos á olvidado los más fundamental. - me dice riéndose.
-¿Lo que? - pregunto confundida.
Me hecha una mano y me dice:
-Hola. Me llamo Moli.
Me echo a reír. Estaba tan distraída que no me había enterado de que no sabía su nombre. Le dí la mano y respondí :
-Hola. Encantada de conocerte. Me llamó Ana.
Las dos nos reíamos y presentía que eso sería el comienzo de una bonita amistad.