Recuerdo el aire suspirando en mi rostro y lo mucho que me gustaba la naturaleza. Me inspiraba en mi arte. Era una artista creativa y vivaz. Añoro esas épocas, pero sé que ahora sigo siendo feliz.
No puedo dormirme y eso es molesto. Quisiera poder soñar respecto a mi antiguo mundo. Era feliz, después de todo. Mi padre... él no vivía. Se murió en un accidente, tratando de salvar vidas, incluida la mía.todo. Es una de las cosas que prefiero olvidar y enterrar.
Un día, yo estaba en mi casa, sola, como siempre. Veía la televisión y eran las seis en punto. Estaban pasando una comedia mientras yo comía una ensalada de tomate y lechuga. Amaba las ensaladas, ahora no debo comer nada.
De pronto, alguien tocó el timbre. Rezongué unos minutos, dejé mi ensalada casi terminada en la mesa y fue a atender. Al momento de abrir la puerta, un hombre anciano, estaba en mi puerta observándome.
- ¿Quiere algo?- Le pregunté, pero no respondió.
Le cerré la puerta y esperé asustada a mi madre. Ella no volvía ni cogía el teléfono. Empecé a pensar lo peor, que ese hombre que estaba en mi puerta le había hecho algo. Miré por la mirilla y el hombre seguía ahí.
Estaba muy asustada y decidí llamar a la policía, sin embargo no había linea, me asusté, la habían cortado. Aun mas asustada, cogí un cuchillo y abrí rápidamente la puerta y apuñalé al hombre. Se calló instantáneamente y vi que tenía una jeringa con un líquido azul clavada en el brazo.
De golpe una bolsa se puso en mi cabeza y sentí un pinchazo en el brazo, seguido de un sentimiento de que te metían algo en las venas. Lentamente mi vista empezó a nublarse y en unos segundos perdí la consciencia.
Me desperté poco después. Mi cuerpo había cambiado, lo notaba. Miré a mis lado, ya no estaba en mi casa, lo noté. 3 hombres con armas estaban allí, riéndose. Se reían como cerdos. Una furia me recorrió y de mi cuerpo, salió un tentáculo.
Atacó brutalmente a uno de los tres hombres que había allí, destrozando su cuerpo por completo. De pronto, de mi espalda salieron otros 3 tentáculos, que parecían disfrutar asesinando a los tipos negros. Me paré, intentando que mis pies no tocasen la sangre, pero fallé de inmediato: todo el suelo estaba manchado de un rojo profundo.
Alcé mi mano para poder tocarlo, porque por alguna razón me atraía, y lancé un gemido ahogado. Mi brazo era blanco como el mármol, frío, de apariencia frágil pero de carne fuerte, y largo... Como mi cuerpo entero. Jamás fui una chica muy alta, en realidad era baja, pero esto era demasiado anormal para fijarme en ello.
Corrí lejos de aquel lugar extraño y casi tenebroso. Estaba en un bosque y paré a descansar, aunque no sentía cansancio, sino confusión y angustia. De repente, un hombre alto y delgado, que se parecía curiosamente a mí, salió de los arbustos. No tenía rostro, pero en lugar de resultarme tenebroso y extraño, me pareció familiar y tranquilizador.
- No te haré daño, somos iguales.- Ten, ponte esto.- Y me tendió un vestido que era casi igual a un traje formal. Negro, con una camisa blanca y una corbata preciosa de color rojo sangre.
Me la coloqué entre los arbustos, mientras él esperaba. Yo no traía casi nada, salvo un vestido viejo y arrugado de un oxidado color blanco. Salí de las sombras y él me miró. Juro que hubiera sonreído, pero no tenía rostro con el que sonreír.
- Yo, yo, tengo miedo. No sé qué soy, y no sé quién eres.
- No te preocupes. Ya te lo dije: no te haré daño. No recuerdo mi nombre. Pero soy conocido como Slenderman.
-Yo soy ¿Soy Slender Girl? ¿Hay más como nosotros?
- No lo se, tal vez esos científicos que nos transformaron en lo que somos crearon mas mounstros, pero yo y, ahora tu también, tenemos la obligación de proteger el bosque. Y tratar de no asesinar, es el instinto que han incluido los científicos. No temas el bosque, pues será tu único refugio.
Y se fue, dejándome sola por completo.
