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Narra Eduardo:
2 de Julio / Final Copa Confederaciones.

Llegó el día, el más importante. Me sentiría mucho mejor si ella estuviera conmigo, aunque no la pudiera ver por toda la gente que está en el estadio, la sentiría junto a mi, haría un gol y se lo dedicaría a ella, por ser la mujer más importante.
Pero no está.
No está porque no haya querido, ni porque no pudo viajar.
No está por otra mujer.
Se que soy hueón por haberle echo caso a la Daniela, pero son mis hijos los que ella quería alejar.
Y mis hijos son mi todo. Pero ella lo es también.

—¿Edu, estas bien?—Dijo Charles mi mejor amigo antes de ir a la cancha. Quería llorar, no se porque pero cada vez que estoy con el Charles y hablamos y nos sinceramos, me dan todas las ganas de llorar como nena. El Charles cacho que estaba mal y me abrazo. Un sollozo salió, no debo llorar, no ahora—Todo estará bien amigo, haz lo que te dije.

Charles me dio una idea muy loca, pero podría funcionar.

—¡Eduardo!—Alexis se acercaba a mi, Ayy no quiero pelear ahora—Todo estará bien—Dijo dándome unas palmaditas en el hombro.

—Gracias Alexis—Mi voz salía extraña, ronca. Triste.

Salimos a la cancha. De alguna manera me consolaba cantar mi himno y con toda la gente que viene desde lejos para apoyar a su selección. Toda la gente pero no ella.

Nos preparamos, cada uno a su lugar. Todos nerviosos.
Con Alexis al frente, comenzaba esto. El sonido del silbato me prendió. Voy a ganar. Vamos a ganar. Los once en cancha, los doce en banca, los chilenos en el estadio, los chilenos viendo desde sus casas, trabajos. Y por sobre todos, voy a ganar por ella.
Los minutos pasaban y cada vez Chile estaba más cerca del arco de Alemania, empezamos con Charles tirando muy bien al arco, luego Alexis, luego yo, y luego Charles. Y así siempre, pero ninguno lograba un gol.
Si no había goles era simple:
Penales.
Esos son fáciles, hemos ganado tres finales con ellos.
Cuando ya nos convencimos de la idea de los penales,
Marcelo Diaz se equivoca, los hinchas Alemanes se prenden, pero los chilenos se apagan, Gary corre, Mauricio corre, Gonzalo corre, Jean corre. Los defensas, los medio campistas y nosotros los delanteros corremos hasta donde están los alemanes, pero ya es tarde.
El estadio grita Gol.
Me tiro al suelo y escondo mi cabeza entre mis piernas.
Si yo estoy mal, no me imagino como esta mi amigo Care' Pato.
Siento a alguien que corre hacia mi.

—Edu, parate—La voz de Gary a mi lado me asusta pero no levanto la mirada, me da vergüenza—Ya po hueón, te necesitamos, nosotros y todo Chile. Párate porque aun queda partido y yo no pienso rendirme.

Lo mire y me pare—Yo tampoco me rendiré.

Nuevamente en nuestras posiciones, espero poder hacer un buen trabajo. Por ella.

Al principio nos costó mucho poder recuperar la pelota, pero al final lo logramos, y cada vez íbamos llegando más cerca del arco y de la copa. Pero yo no podía llegar a la pelota, y cada vez que la tenia sentía la necesidad de pasársela a un compañero porque creía que no podía. El profe se dio cuenta de eso y me cambio.
Los minutos pasaban y cada vez se hacía más difícil. Los alemanes solo hacían tiempo, osea, nadie en un partido debería de tomar la pelota y no soltarla. Eso no se debe hacer y menos si eres profesional.
Estaba recostado en mi silla pensando en mis hijos, en la Cote, en la Daniela, en mi familia que no me di cuenta de que el tiempo pasaba, paso tan rápido que los noventa minutos y el alargue se hicieron nada. Y no lo logramos. Una lágrima loca se escapo de mis ojos, pero no eran nada comparado con mis compañeros, sobre todo Gary y Chelo.
No es momento de buscar culpables, somos once, somos veintitrés y los veintitrés perdimos este partido. No hay culpables, pues si culpan a uno culpan a todos. Como la gran familia que somos.

Instagram || Eduardo Vargas Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora