Estaba arriba, en el cerro, un paso más y caía al vacío, al agua salada.
Observó la mar, estaba furiosa, las olas rugían y rompían unas contra otras, movidas por el viento, que se desplazaba fuertemente en el espacio.
Trago saliva y cerró los ojos.
- Los ángeles pueden volar. - se dijo.
Y saltó.
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