Alas blancas II

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Miro a Jessvan. Nos encontramos en el mirador de noche. Ella está preparándome comida, ya que no sé cocinar. Antes me alimentaba de las sobras que la gente ya no quería o no necesitaba. El problema era cuando pedía la comida en la casa de los alumnos de mi escuela, el ambiente tranquilo de la noche se convertía en un sin fin de insultos. 

El fuego se apaga, ya está lista mi cena. Huele a pescado frito y rebozado. Se me hace la boca agua. Me acerco a Jessvan y me apoyo en su hombro.

  - Está lista ya, ¿no?

  - Sí - coge uno de los platos de plástico que nos han dejado los vecinos y me sirve, para luego servirse a sí misma. - toma, espero que te guste.

  - ¿Cómo aprendiste a cocinar allá arriba?

  - Desde allá puedes observar a los humanos. Y así aprendí.

  - Oh, que interesante. ¿Y mis padres me veían?

  - Claro, querían volver a tenerte en frente. Te querían mucho.

  - No, -se me queda mirando extrañada- lo siguen haciendo - sonrío, ella ríe con su suave voz. - que aproveche. -me llevo el pescado a la boca y muerdo le muerdo en el costado derecho, quema un poco, pero el calor se hace agradable, escupo las espinas de pescado. El salado y sabroso sabor del alimento me recorre la boca pasando por mi lengua y acabando en el inicio de mi tráquea. - Está delicioso. - Lo devoro.

  - Me alegro -sonríe y me ofrece un vaso con agua.-

  - Nos tenemos que acostar pronto, mañana tengo que ir a la escuela. 

  - Jo, quería estar contigo, me aburro mucho aquí cuando no estas conmigo.

  - Vuelvo a las tres de la tarde, como allí, es la única comida del día que tengo asegurada.

  - No mientas, yo te alimento.

  - Sí, pero antes de que llegases a mi vida, era la única comida que tenía, a menos que con un poco de suerte los vecinos me diesen de la suya.

  - Ya no tienes que preocuparte de eso.

Termino mi cena, me levanto y tiro la basura a la papelera del parque. Vuelvo con Jessvan, me siento con ella y comenzamos a hablar. 

  - Y ¿cuántos años tienes? yo tengo 11.

  - No lo sé.

  - ¿Cómo que no lo sabes? Todo el mundo sabe cuántos años tiene. ¿Por qué tú no?

  - Allí arriba nunca se sabe el transcurso del tiempo, por eso es una mentira vivir allí, nadie muere, nadie nace, nadie crece, nunca se sabe el transcurso del tiempo, es mejor esto, la verdad por todos lados. 

  - Nunca me lo pensé, parecía hermoso. Aunque no sé como es.

  - Una completa mentira, eso es lo que es.

  - ¿Y los humanos te pueden ver?

  - No lo sé.

  - Jo, tú nunca sabes nada, ¿por qué?

  - No he podido comprobar si otros humanos aparte de ti me pueden ver. Tienes que dormir Marina.

  - Vale. Pero, ¿dónde?

  - Aquí -señala su regazo, me acerco a él y me tumbo de forma que me quedo en posición fetal, cierro los ojos, nos envuelve a mí a ella en sus alas.- y ahora descansa.

Poco a poco me va entrando el sueño hasta que llega un punto en el que me quedo en un estado de sueño profundo que nada ni nadie me puede despertar. Oigo unos ruidos que se me hacen pesados, pero a medida que el tiempo pasa estos se van intensificando y puedo distinguirlos, aves. Abro los ojos y todavía estoy en las alas del ángel. Ella me está mirando fijamente con sus ojos claros.

  - ¿Qué tal has dormido, Marina?

  - ¿Eh? ¿Ya es de día? Y he dormido bien, supongo.

  - Me alegro, te he conseguido un poco de ropa. Te la he dejado en un banco.

  - ¿Te has ido cuando estaba dormida?

  - Sí, pero te he dejado a salvo en una "cúpula" en la que nadie te puede ver. Aunque ahora nos pueden ver a las dos.

Abre las alas y toda la luz me da en los ojos, los cierro y parpadeo para acomodarlos al cambio. Me levanto y voy hacia el banco ya nombrado anteriormente. En él hay una camiseta de algodón blanca con flores azules, una falda roja, varios pares de ropa interior y calcetines, y un par de zapatillas marrones. Me vuelvo hacia Jessvan y le doy las gracias moviendo los labios y sin pronunciar ninguna palabra. Busco un árbol en el que cambiarme, cojo la ropa y voy hacia él. Me quito la mía y me pongo la nueva. Al terminar de cambiarme voy donde está ella y me siento.

  - Me gusta mucho. ¿Qué desayunaremos?

  - Se está preparando. Es sorpresa. Pero debemos andar un poco para comérnoslo.

  - ¿Dónde has cocinado esta vez?

  - A los pies del pueblo.

  - Espera, ahí está mi escuela.

  - Sí, así no tardaremos. 

  - Pero, los niños suelen quitarme la comida. Y... no quiero que tú no desayunes.

  - Preocúpate de ti misma, pasa de los demás y disfruta cuando te lo comas. Vamos, que debe estar a punto de abrir tu escuela.

  - Vale.

Nos levantamos y bajamos a la escuela, del parque allí son unos veinte minutos. Al llegar está lleno de niños, miran inquietados a Jessvan. Yo bajo la mirada. Jess me lleva detrás de la escuela y hay una mesa con manjares en ella. Los miro embobada. Voy a la mesa y comienzo a oler. Ella hace un gesto como de bienvenida y yo empiezo a comer. Mi hambre no había sido satisfecho tan bien desde hace mucho tiempo. Al terminar de comer Jess me acompaña a la entrada del colegio y entro junto a todos los niños.

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⏰ Última actualización: Oct 26, 2017 ⏰

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Ángel míoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora