No me gustas

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Un niño pequeño se esforzaba por alcanzar la ventana, puso sus pies de puntillas y estiró el cuello lo suficiente para poder ver a través de ella. Le gustaba la vista que había desde allí, más precisamente el bosquecillo que había lejos, pasando el río aledaño cuyo puente de piedra era uno de sus lugares favoritos a visitar. Sin embargo, un par de risas le distrajeron de su foco de atención para dirigirla ahora a la casa aledaña, su vecino y su hijo parecían plantar algo en el jardín trasero de su vivienda mientras escarbaban y regaban semillas creando bultos de tierra sobre la hierba. Se encontró entonces tan atento a lo que hacían que no escuchó los pasos que se acercaban a él, hasta que fue demasiado tarde, su hermana lo tomó por el cuello y, quisiera o no, lo atrajo con brusquedad hacia ella.

- ¿Qué estás mirando?

-A nadie -respondió él, medio asfixiándose por su abrazo.

"Humm" Murmuró ella. Dejándole libre se aproximó con el mismo problema que su hermano gemelo para ver por la ventana, pero haciendo un esfuerzo también logró dar con la buena vista al ajeno jardín.

- ¡Ah! Pero si son nuestros nuevos vecinos. Escuché que mamá quería saludarlos cuando papá volviera a casa en la tarde.

La mente de su hermano relacionó aquello como una cita de juegos y casi instantáneamente su somnoliento rostro dibujó una sonrisa.

- ¡¿En serio?! -preguntó entusiasmado, pero tras notar su propia emoción volvió a repetir la pregunta con más serenidad. - ¿En serio? Que aburrido tener que ir a hablar con extraños.

Su gemela solo dio unas risitas desordenándole a propósito el cabello.

-Pero igual tendremos que ir. Por cierto, Fausto dijo que quería hablar contigo. Nos vemos luego.

Y el niño entonces comenzó a pensar qué querría su hermano mayor, pero antes de ir con él volvió a mirar fuera donde tanto padre como hijo parecieron terminar con su labor. Le pareció que sería divertido jugar con aquel niño porque a su alrededor no había nadie más con quien jugar que fuera como él, solo tenía a un montón de niñas la mayor parte del tiempo.


♦ ♦ ♦ ♦ ♦


Al medio día el pequeño niño llevaba entre sus brazos, muy mal sostenido, un cachorro que su hermano le había regalado. A su hermana le había dado un mezquino gato y como su propio chiste personal el hermano mayor creyó que aquellos animales iban muy bien con la personalidad de cada uno.

Mientras paseaba por el jardín delantero de su propia casa y tras un segundo de descuido el cachorro saltó de sus brazos corriendo velozmente hasta atravesar un hoyo diminuto en la cerca de madera, de hecho, ni siquiera sabían que estaba ahí hasta que el can encontró su lugar a través de la hierba crecida, hasta ir a quién sabe dónde. El niño, desesperado, fue en su búsqueda dejando muy abierto el portón detrás de él, pudo lograr ver al cachorro correr hasta entrar al jardín de sus vecinos y parecía que algo había llamado su atención allí pues una vez que entró se quedó saltando en el mismo lugar como si hubiera oro en donde olfateaba.

- ¡Ven Cerbero! ¡No puedes estar aquí!

Pero el animal no le hacía caso y seguía saltando en el mismo lugar hasta decidirse por escarbar. Espantado terminó saltando la cerca de sus vecinos a tropezones, hasta llegar donde su perro.

- ¡Nonononononono!

Chilló el niño deteniéndolo antes de que haga más desastres, el perrito empezó a lloriquear en sus brazos y a revolverse en intento de huir.

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⏰ Última actualización: Apr 10, 2019 ⏰

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