Capítulo 26

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—Voy a ver a mi hermana, cariño — digo mirándolo.

—Ve — dice el.

Camino por lo pasillos, pero en la mitad veo cómo Clary y Jace caminan hacia acá.

—¿Donde van? — pregunto.

—Donde Simón — responde Jace sin detenerse.

Caminamos junto a ellos en busca de Simón. Lo vemos.

—Simón espera — le dice Clary para que se detenga.

—¿Que está pasando? — pregunta mirándonos.

—Necesitamos tu ayuda — diga mirándolo.

—El libro blanco contiene el hechizo que despertará a mamá, pero ella lo oculto para que Valentine no lo encontrará — le cuenta Clary.

—Tenemos una pista — le dice Jace.

Clary le muestra el objeto.

—Es un marcador de libros — dice Simón después de observarlo.

—Es una pieza del libro en sí — le dice Clary —Magnus rastreo a su propietario hasta el hotel Dumort. Pertenece a Camille.

—Está bien — dice Simón — Arreglaré una cita con Raphael.

—Gracias — le agradecemos
Clary y yo.

Simón enseguida se marcha.

Camino hacia donde está Alec.

—¿Donde vas? — pregunto mirándolo.

—A ver a mi madre — me
Responde.

—Te espero en el otro pasillo — digo —Y suerte.

Camino por el salón para llegar al pasillo.

Saco mi teléfono y marco el número de Magnus.

—Hola digo a través del teléfono.

—¿Que pasa querida Florecilla? — pregunta.

—Quería saber donde estabas — digo.

—Estoy en un bar tomando unas copas — responde el.

Se me olvido agradecerte por todo Magnus — digo.

—No es nada Florecilla, ahora se feliz — dice.

—Adiós— digo.

Enseguida corto.

Alec viene hacia mi.

—¿Y como te fue con tu madre? — pregunto mirándolo.

—Nada de bien.  Nunca los había visto tan enojados — dice Alec.

—Eres su hijo — acaricio su cabello — Se le va a pasar.

—La conozco y no creo que lo haga — dice comenzando a caminar.

—No lo creo, Alec. Ella te ama y entenderá que tú eres dueño de tu vida — digo caminando.

—Sabes... necesitaba oír tu voz diciéndome cosas que me hacen sentir mejor — dice mirándome—Ahora necesito ir a agradécele a Lydia por haberme entendió y decirme que siguiera mis instintos.

—Si — digo sonriendo—Yo también tengo que agradecerle. Sabes, podemos ir a tomar un café como una cita.

El abre la puerta del cuarto de Lydia.

—¡Lydia! — grita el para acercarse al cuerpo.

Corro y me arrodillo junto al cuerpo de ella. Tomo el pulso de su cuello.

El otro lado Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora