Deja Vu

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Se despertó alrededor de las 3:33 am, debido a un estruendo que atravesó sus oídos; observó su reloj con los ojos entre abiertos y la boca seca, después, se levantó de inmediato de la cama y se dirigió hacia uno de los espejos que tenía colocados en la pared, en ese instante, escuchó pisadas en la planta baja. Volteó a ver a su esposa, que yacía dormida, ella pareció no identificar dichos ruidos, pero él no se quedaría sin hacer nada; así que abrió la puerta y descendió sigilosamente por las escaleras con una lámpara de mano que encontró al alcance.

Al bajar, no notó nada anormal, los muebles, las repisas y demás adornos de la sala estaban en perfecto estado; no obstante, cuando se disponía a regresar a su habitación, escuchó un sonido extraño que provenía del jardín. Su corazón empezó a latir con mayor rapidez, sus ojos se abrieron aún más y su boca se secaba con un horrible sabor a hiel; tragó saliva y salió de la casa para cerciorarse de que nadie estuviese allí y al no notar nada extraño regresó al interior. Después de eso, se dirigió a la habitación de su hijo, entró en su cuarto, recogió algunos juguetes y se acercó a él para darle un pequeño beso en la frente, en ese momento, su hijo se despertó y lo miró confundido, con sus ojos entre abiertos, señalando el vaso que tenía en una cómoda, logró decir:

-Papá, ¿Me traes un poco de leche?

-Claro hijo. Vendré enseguida

- ¿Podrías ponerle chocolate?

-Ya es tarde, podría hacerte mal.

- Por favor - el niño lo miró con ojos suplicantes y tiernos. Por lo que el padre asintió, tomó el vaso y se dirigió hacia la puerta.

- ¡Papá!

- Dime, ¿Qué pasa?

- Cuando vuelvas... ¿Podrías leerme un cuento?

El padre lo miró preocupado, sabía que su hijo sólo pedía que le leyeran cuando se sentía inseguro por las noches. Por lo que recurría a leerle su libro favorito.

- ¿Estás asustado?

El niño asintió

-No te preocupes, todo estará bien.

- Mis amigos dicen que existen monstruos bajo las camas de los niños, que los acechan hasta que los devoran. Tengo miedo.

-Te leeré, pero no debes temer hijo. Los monstruos no existen. Ya deberías saberlo. Esos niños sólo quieren asustarte.

- Está bien

- Ya vuelvo

Bajó por las escaleras, ahora más tranquilo y sin preocuparse por hacer ruido... No obstante, al llegar a la cocina notó que la puerta estaba abierta, la cual tenía un objeto extraño adherido a ella; se acercó confundido y curioso. Una vez estando lo suficientemente cerca, la miró con detenimiento y se percató de que en la chapa se encontraban una serie de cabellos negros cubiertos por una viscosidad inexplicable; de pronto, algo se abalanzó sobre él, mostrándole los dientes, mirándolo fijamente, exclamando palabras incomprensibles, actuando cual loco.

El hombre lo miraba con horror y asco, la baba de aquel ser extraño llenó su rostro y en sus brazos se quedó el fétido olor de las supuestas manos, que intentaban acercarlo a su boca para morderle la cara... Lo empujó y se libró de él, lo golpeó en la cabeza con la lámpara de mano que llevaba y subió las escaleras rápidamente.

En ese momento, la cocina, la sala y el garaje comenzaron a llenarse de criaturas extrañas, era imposible afirmar que fueran humanos ya que estos iban caminando en cuatro patas, gruñendo y diciendo cosas sin sentido, con ojos tan saltones que casi se salían de sus cuencas, su piel oscura estaba cubierta por una vellosidad sobrenatural y verdosa, aunque en otros parecía tener una tonalidad gris o café. Y a pesar de ello, de sus cabezas, parecidas a las de un insecto o quizá algún demonio, colgaba una ligera serie de cabellos negros aparentemente mojados o grasosos. Corrían por toda la casa y rompían todo a su paso como bestias hambrientas mientras que en sus bocas se podía apreciar pequeños rastros de partes humanas y piel y éstas, también estaban cubiertas con sangre.

 Corrían por toda la casa y rompían todo a su paso como bestias hambrientas mientras que en sus bocas se podía apreciar pequeños rastros de partes humanas y piel y éstas, también estaban cubiertas con sangre

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Escuchó los gritos de su esposa y su hijo, pero al entrar en el cuarto de este último, se encontró con una escalofriante y grotesca escena. Uno de aquellos seres había logrado llegar antes que él y se posaba encina de su hijo, devorándole el rostro y vomitando en las cobijas aquello que no le hiciera falta.

El padre horrorizado y sin pensarlo más, tomó el bate que estaba a un costado de la cama y lleno de ira golpeó a la horripilante criatura una y otra vez, hasta que logró tirarlo al suelo. Lo miraba fijamente, con rabia, con deseo de exterminarlo, el padre de aquel niño no se rendiría.

Cuando creyó que aquella cosa no volvería a levantarse, tiró el bate y se acercó a su hijo, lo miró e intentó hacerlo reaccionar, pero por desgracia ya no se encontraba con vida...

Comenzó a llorar desconsoladamente entrando en una especie de shock. Pero en ese preciso instante, se escuchó el grito de su esposa que provenía del siguiente piso; esto lo hizo reaccionar, justo antes de ser capturado por aquella criatura la cual había recobrado fuerzas. Así que, sabiendo que ya no podría hacer nada más para ayudar a su hijo, cerró la puerta y corrió hacia la habitación de su esposa.

Ella se encontraba en un rincón, llorando y rezando pensando que así todo cesaria, pero no funcionó; otro de esos seres entró por la ventana, corriendo hacia todas direcciones hasta que se dio cuenta de la presencia de la esposa, ese mismo engendro corrió tras ella, mordió su cuello hasta que aquella mujer perdió la conciencia. La levantó del suelo y desplegando alguna especie de alas, la llevó hacia el exterior. Su esposo, asustado, salió de la habitación y subió unos cuantos escalones más. Ya en el último piso, entró y se encerró en el ático.

Escuchó un ruido potente afuera y se asomó por la ventana... Un monstruo gigantesco se mostró ante él, aquel parecía un ser demoniaco, con piel chamuscada y ojos sumidos, con dientes enormes y un olor fétido en todo su cuerpo. Se retiró de la ventana con intenciones de huir, pero se detuvo al ver como aquella abominación, con una sola de sus manos acabó con la parte superior de la casa y la mitad del ático. Las criaturas que antes estaban en el último piso, ahora se encontraban tras su puerta intentando abrir; la desesperación lo hizo gritar, el horror lo mantuvo inmóvil y las ganas de salir, lo hicieron enloquecer.

Entonces, aquel ser de tamaño colosal, lo tomó por la cintura llevándolo directo a su rostro. El hombre veía con horror el escalofriante paisaje. Todas las casas, restaurantes e incluso gasolineras, estaban repletas de esos seres, vio como miles de personas corrían aterrorizadas por las calles, huyendo e implorando por sus vidas.

El hombre, con lágrimas en sus ojos y con gritos de desesperación, miró su casa. Se sintió impotente por haber perdido a su hijo, y a su amada, por haberlos visto morir frente a sus ojos con tanta crueldad. Recordó el rostro desfigurado de su hijo y el pánico en los ojos de su esposa. Haber presenciado aquellas escenas lo estaban desgarrando, y mientras se preguntaba, cómo es que todo esto que había pasado era posible, la incertidumbre por pensar de qué manera moriría, lo llevó al borde de la locura.

El monstruo tomó sus piernas y lo partió a la mitad, ahogando el último de sus gritos y después de eso, lanzó los restos a las feroces bestias que aguardaban ansiosas.

...

Se despertó exaltado, confundido, como si hubiera despertado de una pesadilla atroz , miró a su esposa, ella se encontraba con vida y se tranquilizó un poco, pensando que nada había sido real. No obstante, después de lograr sentarse en su cama, escuchó un ruido extraño proveniente de la planta baja, se dio media vuelta y observó su reloj... este marcaba las 3:33 am.

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⏰ Última actualización: Oct 08, 2020 ⏰

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