Envidia.

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Me dan envidia las relaciones sencillas.

Me han dado envidia desde que te conocí, desde que te vi por primera vez y cómo no; desde que comencé a amarte.

Me dan envidia las parejas que se pasean mano a mano sin preocupaciones al rededor de un parque y me dan más envidia las sonrisas que se regalan.

Me dan envidia las flores, los chocolates y "los buenos días", me da envidia el tacto cálido y la cercanía... todo me da envidia.

Y reflexionar sobre la envidia me hace doler el estomago y el dolor de estomago y las náuseas me recuerdan a ti... o quizá no, quizá sí... quizá solo en parte.

Siento envidia de las parejas que lo solucionan todo en un momento, siento envidia de la amabilidad e incluso siento envidia de la condescendencia.

No puedo culparte a ti por ser quien eres y tampoco puedo culparme a mi por ser como soy, ni por mi envidia, ni por mi deseo porque me da miedo perder lo que tenemos.

Que si es peligroso cuando nos encontramos, que si está mal cuando nos vemos... sabemos tú y yo que eso no importa, como tampoco importa el cómo arreglemos nuestros problemas, tampoco tiene importancia todo lo que hagamos para salvar toda y tanta distancia.

Tú y yo sabemos que siento envidia de lo sencillo y aún así me sabría amargo no tener conmigo el enorme problema que sé que eres, que reconozco que soy.

Me dan envidia las relaciones sencillas porque son mil veces las que hemos fallado estando juntos pero son millones los fracasos acumulados estando separados y la vida te pasa y me pasa y a ambos nos deja varados en el mismo tema del "simplemente es doloroso el olvido", volvemos juntos y siento envidia de esa airada felicidad que no podemos tener, ni juntos y muchísimo menos separados.

Y los días pasan y han pasado los años, la distancia nos vuelve elásticos porque tú y yo sabemos que estar juntos es insoportable pero soltarnos es la muerte.

Cariño, tú ya sabes que me siento envidioso de todo ese amor que tienen los otros, de todo ese amor que los hace brillar y verse felices pero... yo soy víctima del masoquismo y en cambio te tengo a ti.

Cuando tengo envidia, cuando siento la verdadera envidia te recuerdo, te dibujo en mi mente y me reclamo el siquiera pensar en una felicidad ajena, en envidiar sencillez... anhelar cariño acuoso, caliente y me parece burdo.

Y darme cuenta de que siento envidia, de que en alguna parte me apetece lo burdo, lo blando; me vuelve loco y la locura eres tú y tú y yo no somos uno mismo y jamás hemos pretendido serlo porque el disolvernos es impensable, imposible y me quema. Tú eres fuego y el fuego no soy yo y entonces soy lago en calma pero entonces el agua ahoga al fuego o el fuego inmenso me evapora y entonces...

Siento envidia de las relaciones sencillas, siento envidia de la esencia cálida que se entremezcla, de las sonrisas amplias e incluso siento envidia de las lágrimas. 

Siento envidia del tipo de relación que no puedo tener, de todo aquello que no puedes ofrecerme y todo aquello que no te doy.

Siento envidia de las palabras dulces y poder decir "para siempre", siento mucha envidia.

Pero tú y yo sabemos que no puedes culparme y no puedo culparte.

Que es tu culpa y también es mía mantenernos en esta inseguridad eterna.

Y una vez más el sentirme envidioso me llena de culpa y me provoca cansancio. Pero tú sonríes a lo lejos y tu cabello rubio se balancea al viento. Te mueves seguro de que nadie más que yo sabe tú secreto, te mueves seguro de que nadie conoce la verdadera historia y de cómo te desaprueban, de cómo dueles y como lastimas. 

Y entonces siento envidia de Naruto y  Hinata y siento envidia de Sasuke y Sakura, siento envidia de mis padres y de tus padres, porque pueden hacer lo que tú y yo no podemos, lo que nos da miedo, por ser lo que tú y yo no somos. Siento envidia de las parejas que se pasean de la mano y de aquellas atrevidas que se besan en público a pesar de los cuchicheos porque a lo mejor podríamos ser de aquellos o quizá no.

Y siento pena por nosotros, siento pena por no ser correctos para los demás, por no ser adecuados para ellos, por ser tormentosos para nosotros y traerles vergüenza a todos.

Siento pena por ser cobarde yo y por cobarde tú, por amarnos y no ser fuertes. Por no enfrentarlos yo y por no alentarte a ti a hacerlo, por obligarnos a escondernos.

Y entonces tu cabello rubio se balancea en el viento y mientras sonríes, mientras te miro, mientras todos observan... tú y yo solo somos amigos. Porque somos cobardes, porque te quemo y me quemas. Porque nos amamos, porque nos deseamos, porque tocarnos es embriagante.

Porque lo nuestro es un secreto horrible, un secreto impensable, porque si me amases sería vergonzoso, porque si te amara sería deshonroso.

Pero sí que te amo y por eso siento envidia de todo.

Y sí, siento envidia; siento envidia del amor acuoso, del amor cálido y de las manos entrelazadas.

Porque no somos elásticos y las distancias duelen, porque he guardado las lagrimas porque derramarlas por ti sería patético y si las derramaras por mi avergonzarías a tu familia.

Siento envidia; siento envidia de la tranquilidad que no llega, de las noches que ellos pasan juntos y tú y yo añoramos.

Siento pena por lo que nos damos a escondidas, de las noches en vela pensando si esta vez volverás a verme, en sí podré ir a verte.

Siento envidia de aquellos que son "correctos", de su amor, de sus palabras dulces y sus relaciones sencillas.

Pero también siento pena, siento vergüenza y me da rabia porque somos cobardes, porque no tenemos el valor de que nos miren, porque sé que dudas y sé que dudo y él amor es doloroso de esa forma.

Siento envidia de las relaciones sencillas pero sabe demasiado bien el olvidarlo todo cuando estamos solos, cuando nadie mira, cuando la noche es demasiado oscura.

—Itachi, te amo—Y tus palabras suenan dulces y te permites abrazarme solo cuando no hay nadie, cuando nadie puede verlo o escucharte.

Solo porque no nos miran me permito besarte.

—también te amo, Deidara.—y sí, soy un cobarde.

Y los valientes y su amor, me dan envidia.

Envidia (ItaDei) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora