El comienzo de un final

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Se sentía perdido, que su vida se iba al vacío, y no valía nada; todo había acabado, estaba solitario, en total soledad, invadido por los recuerdos:
Recordó cuando estaban los dos sentados frente a frente, como de costumbre tomando una taza de café, a él le gustaba mirarla cada mañana, le agradaba contemplar la imagen de ella. Le embelesaba ver su cabello rojizo, el rostro que le parecía tallado por los ángeles, al sonreír, podía apreciar sus pecas, la veía tan perfecta, su esposa, su mundo.

Ella al percatarse de su mirada, le hizo pequeños gestos y le preguntó en que pensaba y conversaron un rato, al terminar su desayuno ambos se despidieron con abrazo y un beso tierno en la mejilla.
Él se subió al carro como de costumbre, para  dirigirse al trabajo, en el asiento encontró la carta que ella le había escrito, sus líneas  vagan como ecos  por su mente:

Recuerdo como te conocí, mi amor, fue en la cafetería que está enfrente de tu trabajo, ahí estabas sentado en una de las mesas, ese chico con su cabello color negro lleno de rizos, de simple vista se veía que eras un buen muchacho alegre y muy optimista, me alegró haberte conocido. Con el paso del tiempo me fui enamorando y veme aquí cumpliendo 2 años de casada  con el hombre que más amo en el mundo.
A tres años de su partida le sigue doliendo, siente ansias de volverla a ver. Aún sigue caminando por aquel sendero que le trae recuerdos de ella en ese lugar donde le pidió ser su esposa. En aquella ocasión había adornado el camino con rosas rojas y luces a su alrededor. Fue tan mágico para Rosalí. El testigo de ese amor fue su familia.

RosalíHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora