Dampos

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Dagmar se encontraba al borde de un puente mirando directamente hacia el suelo, era bastante obvio lo que planeaba o eso creía Campos.

-Dagmar... por favor no saltes...- Fue lo único que logro decir con unas ganas de llorar que lo consumian.

El mayor se volteo al oír esa voz tan familiar, las luces de la ciudad iluminaban esa escena tan terriblemente tierna con un tímido azabache quien miraba con tristeza y ojos cristalinos a su novio. El castaño se alejó de la orilla para acercarse a su pequeño Alex que retrocedió un paso al ver la acción de este, ambos querían correr y abrasarse el uno al otro pero el orgullo no se los permitía.

-En realidad no iba a saltar...- Dijo el más alto metiendo sus manos a sus bolsillos y desviando su mirada para evitar sentirse más incómodo.

-No...no me mientas... ¿a caso crees que no me doy cuenta de lo que has hecho este último mes?, ¿no pensaste que eso iba a preocuparme? ¡te has estado comportando como un idiota y ni siquiera me dirijas la mirada!- Pronunció el azabache temblando con lágrimas cayendo de sus mejillas. 

-¡Tú fuiste quien me pidió tiempo!- Se quejó el mayor haciendo llorar más fuerte al menor.

-¡Sí, pero... de igual forma no intentaste solucionarlo! solo lo dejaste pasar como si no te importara- Dijo el más pequeño cubriéndose el rostro.

Por mucho que le molestara a Dagmar, Campos tenía razón. El solo ignoró el asunto y sabiendo lo sensible que era su novio lo dejo pasar como si no le importara, había sido un idiota con Ana, con sus amigos y con la persona más importante que había llegado a su vida. Definitivamente tenía que comportarse como una persona madura y hacerse responsable por primera vez en su vida.

El castaño tomó del brazo al azabache y jalandolo lo acerco para abrazarlo, refugiar el rostro de este en su pecho y tratar de compensar todo lo que había hecho. El menor se sorprendió al inicio pero al  sentir el calor del pecho del más grande solo lo apretó más dejando pasar el tiempo, ambos necesitaban ese abrazo.

 -Lo siento... en serio haría lo que fuera para arreglarlo, no mereces que un idiota como yo te haga llorar y es que en verdad me destroza verte de esta manera. Si no quieres volver a verme entonces me alejare aunque, espero seguir a tu lado porque cada momento contigo me da razones para seguir adelante y es que, te amo.- Dijo el mayor susurrando el "te amo" al oído del menor provocando un leve escalofrío por parte de este.

Esas habían sido las palabras más sinceras que alguna vez haya dicho Dagmar, "te amo" no es una palabra fácil de expresar y decirlo en ese preciso momento le costaba más de lo que parecía. Él había dejado su corazón al descubierto y a merced de su amado Alex, era un movimiento peligroso pero sea lo que pasase estaria dispuesto a afrontarlo por él, porque el amor es así.

Campos sonrió luego de esas palabras y, separándose un poco tomó impulso para subir sus piernas y rodear la cintura del castaño con ellas al mismo tiempo que pasaba sus brazos por detrás de su cuello para sostenerse. Ya bien sujeto no espero ni un segundo en besar desesperadamente al mayor  y este, a su vez, no pudo evitar corresponderle.

Dagmar fue dejando varios besos fugaces por todo el rostro del azabache mientras este reía, amar a alguien es un arte complicado pero al final del día, el simple hecho de ver a esa persona a la cara y creer que todo estará bien es lo único que importa.

-¡Vayanse a un hotel!- Gritó una persona cualquiera ganándose una carcajada por parte de ambos.

Ese momento no podía ser más perfecto, nada como volver a lo que siempre fue tuyo y donde siempre debiste estar.

50 Sombras LiberadasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora