Todas las mañanas igual. Abro los ojos y compruebo que todo ha sido un sueño. "¿Por qué? ¿Por qué no puede ser verdad?¿No dicen que los sueños se hacen realidad?" Parece ser que los mios no. Y es que llevo tres años luchando por abrazar a mi ídolo. Nadie entiende lo que yo siento por él, es la persona que me hace felíz en la distancia, y es que cuando sube alguna foto o cada vez que twittea sonrio como una tonta.
Necesito abrazarlo, darle las gracias por todo y decirle al oído todo lo que le quiero. Pero pasan los días, las semanas, los meses... y mi sueño se va desvaneciendo. A veces me dan ganas de tirar la toalla, pero pienso en todo lo que significa él para mi y me hago fuerte; "Algún día lo conseguiré" repito cada día al levantarme, y mis ojos se llenan de lágrimas al pensar en el momento en que mi sueño se haga realidad.
"Vas a llegar tarde a clase" grita una voz desde la cocina. "Ya voy mamá" contesto yo. Rápidamente me preparo, y pongo rumbo a clase como todos los días.
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