Hacia un calor sofocante en la casa. Fuera se escuchaban las risas de las mujeres que lavaban la ropas de los señores en el río. Paseaba algún que otro vendedor ambulante por la calle, vendiendo su mercancía robada. Habia ventiladores en cada esquina de la gran casa pero ninguno funcionaba. Franzesca sufria indeciblente por el calor.Pero estaba contenta. Su marido y ella habían hecho una buena inversión al comprar esas tierras y esa casa en el sur de África medio regaladas para sacar provecho de ellas. Una buena ganga,una oportunidad que no debía dejar pasar. La vida allí era bastante monótona y aburrida. Solía estar sola en la casa,pues su marido salia con bastante frecuencia a atender otros negocios y dejaba de atenderla a ella. Quería tener hijos, a lo q él se oponia tajantemente. Un estorbo para cumplir su sueño: convertirse en un hombre aún mas rico. Ya habría tiempo para niños, allá para la jubilación. De mientras ella tendría que buscarse un hobbie con el cual entretenerse y pasar el tiempo. La mujer,de buena familia y bien educada, jamas imaginó que su matrimonio fuera a ser tan aburrido e insustancial. Tenia el convencimiento de que, al casarse con el amor de su vida iba a ser feliz. Pero la realidad absolutamente era opuesta. Pero su buena crianza y su creencia en dios y sus fundamentos le impedían convenir el divorcio con su esposo.Él por su parte no le disgustaba ella en absoluto. Era joven, inteligente, bella y sus padres tienen una buena suma de dinero en el banco con lo que el comía y usaba para pagar sus propias perversiones: la bebida, el casino y las putitas blancas que servían en los cochambrosos cabarets que visitaba en su tiempo libre. Blancas por que odiaba la raza negra, esos cuerpos curtidos por el sol,de nariz chata y labios gruesos le parecian un insulto para la raza humana.En cambio tenia cientos de trabajadores negros en sus tierras bajo el sol abrasador. Pues todos sabemos que el hombre negro aguanta trabajos más duros que el blanco. Y que a hora del sexo dan mejor y mas fuerte.( Esto lo digo segun mi experiencia, y tengo que constatar que solo generalmente es así, pues siempre hay excepciones).
La pobre Franzesca pasaba sus dias entre tejedores de mimbre que acudían a la casa a su orden. Y es que la señora sí tenia un hobbie: la costura de mimbre. Es lo único que la mantenía en vida.Tenia trabajadores esclavos para todo: las labores domesticas, que las realizaban las niñas del servicio, dos jardineros, un chófer, varios sirvientes y los centenares de negros que trabajaban sus tierras. Aun así, con tanta gente pululando en su casa ,se sentía vacia y sola. Hacía bastante tiempo que no mantenía relaciones sexuales, pues su esposo preferia las fulanas blancas del cabaret del centro de la ciudad. Hacia tiempo que no la tocaba como cuando eran recien casados y disfrutaban del sexo salvaje al que él era tan aficionado. Ella no lo echaba de menos. Para ella su marido era alguien repugnante al que no deseaba ni tocar. Lo peor de todo es que el muy imbécil creia que ella aún lo amaba.
Francesca tomaba café esa mañana en la pequeña entrada de su gran mansión. Una bebida muy fuerte como solo sabian hacer los negros. Ella debió acostumbrarse a las costumbres de los marfileños, una cultura tan rica y de tanta variedad. Aunque aún detestaba el machismo propio de esa misma cultura. Franzesca, una mujer de leyes y fiel defensora de las mujeres, no soportaba la forma en la que eran tratadas las féminas en ese parte del mundo. Es mas, no habrian ido a vivir alli de ser por que su marido asi lo quiso. Allí la mujer era casada antes de los 15 años y hechas esclavas, cuidadando de la casa, los hijos y ademas trabajando en el campo hasta el fin de sus dias. En su cultura tenian menos derechos que una vaca. Debían soportar las palizas de su marido, el cual se podía casar hasta con 4 mujeres. Y podian hacer lo que les apeteciera con ellas, pues eran de su propiedad. Incluso a algunas se les jalaba el clítoris al nacer. La mujer sintió escalofrios solo de imaginarselo. Una vida sin sentir lo que era un orgasmo, ademas de los problemas sanitarios que esa operación conllevaba para las mujeres. Pero sobre todo una vida sin saber lo que era el placer. Que asco. Pensaba en estas cosas cuando entró un trabajador pidiento agua. Se trataba de Fofana, un simple esclavo negro más, que cuidaba de las plantaciones de café que venía a interrumpir las divagaciones de la señora. Franzesca lo observó de arriba a abajo sin reparo mientras acudía una criada para traer los cántaros de agua al muchacho. Era bastante joven, de unos 26 años, no muy alto, de faciones fuertes y duras. Tenia unas manos grandes y callosas que impresionaron a la señora. Un torso sudoroso y desnudo que provocó en ella calambres entre sus piernas. Tenia las piernas llenas de cicatrices. Una cara muy atractiva y sensual. Una piel bronceada y suave, deliciosa al tocar. Unos ojos grandes y negros, de largas pestañas.Llevaba el pelo rapado como casi todos los trabajadores de aquella finca. Colocó un saco de estiércol para los caballos en la sala.« ¿Que coño pretendes hacer con ese saco?».«señora, lo lamento muchisimo, lo manda el señor» «este hombre cada vez tiene cosas mas raras».«es para los caballos,señora Livetown»«caballos ahora? Me parece que el señor no me comunica nada. Otro defecto que tiene este patán. Siempre hace lo que le de la gana».Apagó el cigarrillo en el pequeño elefante que servía como cenicero. El animal sagrado de los marfileños. «¿a que te dedicas tú?.nunca te había visto»«me encargo de arar las tierras del señor,señora».«ok pues a partir de ahora me serviras como abanico. Asi que ve dejando el trabajo, te quiero solo con un taparrabos en la azotea y portando uno de esos grandes abanicos de palmera que usais aqui. Ya hablaré yo con el señor». El muchacho la miró con ojos libidinosos, devorandola con la mirada.«muy bien señora, como usted mande».«Esta tarde puedes empezar» la señora se levantó. Portaba una bata de dormir de seda verde claro y un camison blanco debajo que no dejaba mucho al descubierto. El negro continuaba mirándola de la misma manera, cosa que no desagrado a la señora en absoluto. Pero la autoridad de la mujer y sus recias palabras obligó al muchacho a bajar la mirada.
La mujer salió de la sala dejando al otro sumido en sus pensamientos.Era otra tarde de caluroso verano africano. El trabajo era mas relajado, pues estaban todos rendidos por el calor. Un sol implacable que les castigaba con dureza en el cielo. Franzesca Livetown, francesa de nacimiento y casada con un inglés estaba en su sala como siempre, con el negro Fofana abanicandola, como toda una señora. Un claro ejemplo de tirania de la raza blanca. Se quedaron solos. La criada se fue a descansar. También ella quería dormirse, pero no podía. Era el torso y los musculosos brazos de ese negro la que no le dejaban pegar ojo.« Fofana masajeame la espalda, por favor»«ahora mismo, mi señora». La mujer se volvió en la tumbona. El negro comenzó a tocarla suavemente los hombros. Ella sintió calambres. Se humedecio y se le endurecieron los pezones. Él fue bajando las manos hasta llegar a su culo, donde se paró por temor. Pero ella se incorporó de un sobresalto. Se levantó de la tumbona y comenzó a besarlo apasionadamente. Sus gruesos y suaves labios eran una delicia. Gimio de placer y comenzó a meter su lengua. El negro le correspondió con una dulzura y sensualidad increible para ser un salvaje como decía su marido. Comenzó a besarle el cuello. Ella se creyó desfallecida entre sus brazos, completamente laxa de placer y deseo.«Dame mas, sigue». Le besó los pechos y se le inflamaron aun mas los pezones. Su coño le pedia más. Un horno caliente que pedía a voces pan del bueno. Pan de chocolate bien gordo.« quiero sentirte, follame ya». Él hizo lo propio. La volvió y la penetró con rudeza desde atras«ahh..siii, no pares». Sintió como se desvanecia por momentos, la dulzura de ese pan tan gordo en su coño mojado la enloqueció. Gritó aferrandose a la tumbona mientras sentía una oleada de placer tras otra. Hasta que todo terminó y sintió la semilla de él derramandose dentro de ella. Por una vez se sintió en paz con su vida y con el mundo.
«La señora de la casa por fin habia encontrado un entretenimiento».
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«Bandidas en la cama»
Short StoryRelatos cortos de mujeres libres de la primacia y represión masculina que viven su sexualidad de forma abierta y sin tapujos.