Prologo
—¿Es bueno el infierno para ti?
Zayn alzó la mirada por debajo del pelo castaño empapado en sangre, para gruñir ante el sonido de una voz que no había escuchado en siglos. Noir Dios primordial. Señor de todas las cosas oscuras y mortales. Absoluto bastardo.
Habría respondido a la estúpida pregunta, pero le habían taponado la boca con un perno los demonios que le habían estado torturando durante los últimos… Ah infiernos, ¿quién podía contar tan alto? ¿Y por qué iba alguien a querer que cada latido de corazón acarreara un dolor tan atroz que ya no recordaba cómo era vivir sin él? De hecho, a lo largo de los siglos, el dolor se había convertido en su propia fuente de placer. Sí, estoy más pirado que Noir.
Con el perno en su lugar, no había sido capaz de hablar desde que le habían arrojado aquí.
No es que quisiera. Él nunca les daría a ninguno de ellos la satisfacción de oírlo rogar, o gritar. Sólo una persona lo había conseguido alguna vez y aún después de un milenio, la burla condenatoria de su padre adoptivo aún le resonaba en los oídos.
Que se jodan. No era un niño, e iba a morir antes de humillarse de nuevo rogando por algo que sabía que nunca iba a recibir.
Pero hubiera insultado a Noir si hubiera podido. Así las cosas, todo lo que podía hacer era mirar con odio al ser antiguo y desear poseer todos sus poderes para rociar una absoluta miseria sobre todos ellos. Con casi dos metros trece de altura, Noir hacía que los demonios que le rodeaban temblaran de miedo. Su inmaculado traje negro y su camisa blanca almidonada parecían fuera de lugar en la fría y oscura estancia, una sala donde las paredes estaban salpicadas y manchadas con la sangre de Zayn.
Noir se acercó y le dio una palmada en la mejilla como si fuera un cachorrito obediente.
—Mmm. Tengo que decir que el infierno no parece sentarte bien. Te he visto con un poco mejor aspecto que en este lamentable estado.
—Que te jodan —dijo Zayn, pero las palabras fueron indistinguibles. El perno le impedía mover la boca o la lengua. Solo sirvió para que le atravesara una terrible ráfaga de dolor.
Justo lo que le hacía falta.
Noir arqueó una ceja negra.
—¿Gracias? No me puedo imaginar porque me das las gracias por esta miseria. Eres un bastardo enfermo, ¿no lo eres?
Zayn rechinó los dientes. La jocosidad que iluminaba los ojos negros de Noir le dijo que el cerdo sólo lo decía para cabrearlo.Funcionó. No es que Noir tuviera que hacer el esfuerzo. El mero hecho de que el… (Zayn no
podía pensar en un insulto lo suficientemente soez) de Noir viviera, era suficiente para sacarle desus casillas.
Noir miró a su alrededor hacia los otros.
—Dejadnos.
¿Podría el tono ser más dominante?
Oh sí, espera. Estamos hablando de Noir. Por supuesto que podría.
Y el antiguo dios no tuvo que decirlo dos veces. Los demonios se desvanecieron inmediatamente, temiendo que la ira de Noir les concediera a ellos la misma "hospitalidad" que había mostrado con Zayn . Después de todo, Zayn había sido una vez la mascota más apreciada de Noir, al que había prodigado con regalos en medio del abuso. El dios oscuro jamás había sido capaz de soportar a los demonios que le servían.
Infiernos, yo habría corrido, también, si pudiera. Zayn envidiaba esa libertad mientras su delgaducho cuerpo desnudo colgaba del techo, con las manos esposadas sobre la cabeza. Llevaba tanto tiempo en esta posición, que los huesos de las muñecas sobresalían por las heridas abiertas que las esposas le habían hecho al atravesarle la carne.
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