Mi primer día, el último suyo

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Mi historia empieza un 12 de Agosto. Eran como las 11 de esa misma mañana. Yo estaba durmiendo, nada raro en mi. Mi padre me despertó como cualquier dia de verano. Me levanté de la cama y seguí mi rutina diaria. Primero al baño y luego a desayunar a la cocina. Una taza de leche y encendí la televisión. Todo era como un día normal, o eso pensaba yo.

Poco después fui al cuarto de mi hermano a seguir viendo la televisión.

>> Me encantaba estar en el cuarto de mi hermano. Sentía que estaba con él aunque no fuese físicamente. <<

Al poco rato de estar allí llegó mi padre con una cara poco usual. Diría que jamás le habia visto así. Bueno, debía de ser la cara que tiene uno cuando le tiene que decir a su hija que nunca más volverá a ver a su abuela. ¿Cómo decirle a una personita de 10 años de vida que alguien cercano a ella ya cumplió su último día? Difícil es. Pero ahí estaba él, sentado al borde de la cama intentando buscar las palabras adecuadas para decirme lo que había ocurrido.

-Patri..

+¿Qué pa?

>> Llamo a mis padres de la forma mas simple posible, debido a mi vagueza o a la forma simplificada que tenemos de hablar los canarios. Aun no le he dado suficiente importancia para intentar averiguarlo <<

- Tu sabes que tu abuela estaba muy malita,¿verdad?

+ Si, pero ella se va a recuperar. Eso me dijo ella. >> Los mayores tienden a querer engañar a los pequeños con tal de no herirlos. No entienden que así hacen mas daño <<

-Bueno...pues no mejoró, Patri. Ella se encontraba muy mal y bueno..tu abuela se ha ido

Admito que en un primer momento pensé que mi padre podría llegar a estar gastandome una broma. Una no muy divertida por no decir, una horrible. Pero todos sabemos que cuando nos dicen algo que no queremos oir, tendemos a creer que no es cierto.

Recuerdo que me dolían los ojos. Como si quisiese salir un gran río de ellos pero no tuviese sitio para salir tanta agua a la vez. Tenia la boca seca y no podia pronunciar ni una palabra. Como si me hubiese quedado sin voz. Y ahí se desbocó todo. Las lágrimas empezaron a salir y el silencio se convirtió en ruido. En un ruido que dolia de oirlo. Gritaba, gritaba sin cesar. ¿Cómo podía haberse marchado sin despedirse de mi? ¿Sin decirme nada? ¿Sin avisarme? Pero claro, ella tampoco lo sabía. Y a mi me dolía, mucho. Nunca había sentido algo parecido en mi. Se me encogia el corazón, necesitaba oir algo para consolarme pero tampoco queria escuchar nada. Era yo y ella ya no estaba. Ella, la que siempre que yo lloraba, me consolaba. Ella, que sabía hacer que parase de llorar y ahora no podía lograrlo.

Al poco tiempo llegó mi hermano a casa. Mi hermano es mas que un simple familiar. Él es mi modelo a seguir, solo que él es chico y yo chica. Casi todas las cosas que me gustan vienen de él. Mi pasión por las motos o los coches. Jugar a toda clase de videojuegos. El baloncesto. Todo.

Llegó a casa llorando. Le habian dejado salir del trabajo ya que su jefe es de la familia y entendía la gravedad del asunto. Solo ver su cara, me derrumbe de nuevo. Me vio y me abrazó con fuerza. Como si no quisiera soltarme, como si no quisiera perderme a mi también. Fue un momento muy nuestro que nadie podrá quitarnoslo. Fue un momento como una película, la diferencia es que lo nuestro es muy real.

El resto del día fue simple. Nadie decia nada, nadie hacia nada y todos esperábamos que fuese solo un sueño

Se le podría llamar DiarioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora