"Solo bastó una noche para que su alma se corrompiera bajo los instintos del hombre que le robó su ser"El lujoso auto aparcó frente al majestuoso Hotel Taisho, de el bajó el imponente empresario; de largos cabellos plateados y ojos dorados, tan dorados como el mismo sol. Su traje de sastre color azul profundo le quedaba perfecto, resaltando sus anchos hombros.
Media 1.80, en pocas palabras era el deseo imnato de toda mujer sin embargo no había ni una sola que lograra llamar la atención del frio hombre. Vio la hora en su costoso reloj de pulsera y juntó ambas cejas... Odiaba las llegadas tarde, ya vería el momento oportuno para reclamarle a su anciano chofer.
Uno de los encargados del hotel, salió felizmente a resivirle pero fue ignorado, como siempre él solía ser; arrogante, indiferente ante cualquier situación, estoico y enigmático. Entró a grandes zancadas a la recepción y pidió la llave maestra, esa que solo podía ser usada únicamente por él.
— Señor — habló con claros nervios la chica ante la imponente figura del hombre que la veía fijamente. Él arqueo la ceja en señal de que debía continuar hablando — Nos hemos tomado la molestia de cambiar la chica del servicio, la anterior tenía muchas faltas y...
— Perfecto — contestó y giró sobre sus talones hacia el elevador. La pobre chica tragó grueso la saliva que se había quedado atorada en su garganta. Tan apuesto y varonil pero todo un amargado y engreído.
Mientras esperaba a que el dichoso aparato se abriera, oyó tras él, el chirrido de un carrito de limpieza a lo que llamó su escasa curiosidad por lo que le rodeara. Vio sobre su hombro; una chica de largos cabellos azabache, piel clara y ojos tan grandes, claros y audases... Un azul profundo que chocó de inmediato con el dorado. Ella al sentirse azotada por la fría mirada del hombre, se sonrojó de inmediato e intentó regresar por donde había llegado.
— ¿Quien eres? — preguntó seco y directo logrando que la chica no se continuara moviendo hacia atrás.
— Siento mucho si lo molesté yo solo quería...
— ¿Quien eres? — volvió a preguntar ignorando el parloteo de la nerviosa joven. Luego de un pesado suspiro logró articular las palabras y contestar la pregunta del hombre que no le quitaba la vista de encima.
— Me llamo Kagome — extendió la mano. Él solo observó la pálida palma y fruncio el ceño — Kagome Higurashi — continuó pero bajó su mano sintiéndose humillada — Soy la nueva, encargada de mantener el orden y limpieza en la suite principal.
— Mi habitación — afirmó sin ningún gesto en su bello rostro a lo que ella asintió — bien, la espero en media hora.
—¿¡eh!? — exclamó sorprendida la chica. Sus horarios ya habían culminado y su novio seguramente ya la esperaba afuera como siempre solía hacerlo — Lo siento mucho señor, pero mis horarios ya han terminado, si desea mis servicios tendrá que hablar con mi jefe.
Él esbozó una sonrisa a modo de mofa, al parecer la tonta chica no manejaba que quien estaba a escasos centímetros era su jefe y dueño de toda la cadena hotelera. Extrañamente eso causó una cierta chispa de curiosidad, ese bobo sonrojo en las mejillas de la chica despertó un cierto grado de interés, algo completamente inusual pero, no lo dudó, simplemente sería una noche placentera.
— No suelo repetir mis órdenes, es más, suba conmigo.
— Pero...
— Pero nada, lo hace o se queda sin trabajo. Tú decides.
Eso iba en contra de las normas laborales, en contra de las clausulas impuestas en el contrato que había firmado horas antes, nadie le dijo que tenía que lidiar con las farándulas de los huésped aunque observandole bien, no parecía ser uno común, pero aun así no sería el juguete de nadie.
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