Gourmet

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Se veía tan bien. Oh, por Dios, es delicioso. ¡Sí! Debe saber increíble, piensa JiMin. Una exquisitez sin duda alguna, divinidad recorriendo el cuerpo de aquel a quien admiraba.

Jung HoSeok era el capitán del equipo de fútbol, y un bombón. Podría pasarse una noche entera saboreandolo, se muere por hacerlo. Sentirle derritiéndose en su boca, tal vez con algún manjar pegajoso como leche condensada.

JiMin observó a HoSeok desde que este último llegó a la escuela. HoSeok iba en tercer año de secundaria, recién admitido en la institución educativa, y JiMin en segundo. Fue fantástico cuando lo vio por primera vez; HoSeok tenía una cabello de tonos rojizos que le recordaba a las fresas, y lindos ojos negros como las pasas. Su piel era tan blanca como la leche y sus labios, tenían el mismo tono de una manzana madura.
Él era hermoso.
HoSeok era hermoso.
Era...
apetecible.
Y JiMin se moría por probarlo.

Así que lo tenía todo planeado. Pasaría esa misma noche. Él invitaría a HoSeok a estudiar en su casa - Después de todo, estaban juntos en un proyecto de matemáticas. Y HoSeok, tan o más amable de lo que parecía, por supuesto no le negaría dicha petición. Sí, HoSeok era un chico bueno y generoso, pero también un jugador rompecorazones que, según había escuchado, no le negaba a nadie una noche de roces y pasión.
Y HoSeok era abiertamente bisexual.
¡Qué suerte tenía JiMin! Agradeció más que nunca tener un lindo cuerpo curvilíneo, no como el de una chica, pero con atractivo masculino delicado.

Y cuando HoSeok apareció en el comedor, JiMin se acercó a él. No era exactamente un nerd fantasma o algo parecido, de hecho él pertenecía a ese grupo de personas populares, como la Abeja Reina del lugar.

- ¡Hobi! - saludó JiMin con una sonrisa alegre, que HoSeok le devolvió. Esos labios se reflejaron en los ojos azules de JiMin, que tenían una especie de sombra oscura acechando en lo más y profundo. ¡Oh HoSeok! JiMin esperaba que a HoSeok le gustaran las prácticas masoquistas, porque pensaba devorarlo por completo, como jugo y como un delicioso almuerzo.

Y JiMin lo hizo. Él realmente invitó a HoSeok a su casa ¡Y el chico aceptó! Estaba tan feliz que su regocijo se manifestaba en sonrisas fáciles a cualquiera. Así que, cuando salieron de clases, JiMin se dirigió a su casa - HoSeok le había dado esa mirada cuando preguntó. Deseo y picardía nadando en su expresión. JiMin tampoco intentó disimular mucho, con frases como "me encantaría tener un lindo almuerzo contigo, Hobi." "¿Te gustan la leche y las galletas? Sé prepararlas muy bien."

JiMin llegó a casa y lo preparó todo para esa noche tan especial. Había velas aromáticas y también tenía su laptop para poner música de ambiente. Al fin, luego de dos años de espera, JiMin podría degustar a HoSeok y tal vez conservarlo con él por algún tiempo, o quién sabe, botarlo inmediatamente después de esa noche. Como era un romántico empedernido, bajó al sótano y preparó todo ahí. Puso una manta para simular un picnic - no importaba que aquello no fuera una cita - y usó sus cubiertos favoritos, que elegía al comprar por modelos, para ubicarlos en una canasta.

JiMin vivía solo. A sus 17, era bastante independiente. Sus padres se habían unido a una lista de largas muertes trágicas cuando era un niño, y contaba con doce años. Él no lo lamentó realmente, porque sus ricos padres en realidad nunca se preocuparon por forjar un buen lazo fuerte o amoroso con él.

JiMin hizo su tarea y, cuando HoSeok tocó al timbre y él abrió, se quedó sin aliento.

HoSeok se veía genial, y olía endemoniadamente dulce. Traía una chaqueta de cuero negra y pantalones del mismo color ajustados que abrazaban sus ¡Definitivamente deliciosos y fuertes muslos! Probablemente HoSeok era la mejor carne que habría de probar, y se mordió el labio en expectación, sangre corriendo furiosamente por sus venas e imaginando a HoSeok dentro de él, y lo bien que se sentiría.

Para esa ocasión especial, JiMin preparó una rica comida. Aún tenía carne roja, algo divino y sabroso, que su amigo NamJoon le había proporcionado. Y un poco de chuleta, combinada con arroz, que YoonGi le había dado tan generosamente la última vez que fue de visita - YoonGi, su tío, siempre tan bueno. JiMin realmente lo amaba.

Así que, ellos comenzaron a comer. HoSeok le felicitó, gratamente sorprendido por las habilidades culinarias de JiMin. HoSeok devoró rápidamente la carne y JiMin le sonrió, feliz de que le gustara tanto como a él.

Cuando JiMin se inclinó y le dijo a HoSeok, en un susurro suave que le estremeció, "Ya te quiero dentro de mí" HoSeok comenzó a besarlo con avidez. Bajó por el cremoso cuello de JiMin y el de rubios cabellos soltó un gemido de placer por las sensaciones. Sus ropas desaparecieron con rapidez, y JiMin disfrutó como nunca esa noche, con HoSeok llenándolo por completo. Literalmente.

Al día siguiente HoSeok anunció que estaría enfermo y no podría asistir a clases. JiMin se culpó un poco, triste, porque realmente le habría encantado verlo más, pero las cosas terminaron mal para HoSeok después de una pequeña palabra de JiMin, que hizo al otro sentirse ofendido. Muy, muy ofendido.

Muchos le preguntaron cómo estaba HoSeok, y él no supo qué responder. ¿Qué podría haber dicho? ¿Que hirió el orgullo de HoSeok de forma realmente mala? Algo fuerte como para que no fuese a la escuela y lo hiciera pasar por un resfriado.

Cuando JiMin llegó a casa se sintió exhausto, tantas preguntas y tantas cosas sucediendo en la escuela, los usuales chismes recorriendo los pasillos y los olores de perfumes y fragancias mezclados en el aire. ¡Asqueroso! JiMin sentía que su cabeza iba a estallar. Además, le hicieron muchas preguntas descaradas. Preguntas indiscretas y pícaras que no apreció para nada. Cuando JiMin llegó a casa, se puso inmediatamente a cocinar, cosa que lo calmaba, y también porque tenía hambre.
Se preguntó cómo habrían sido las cosas con HoSeok, mientras cortaba la carne guardada en su nevera con su cuchillo favorito. Usaba su delantal de osos morado. No lo sabría nunca más. Él probablemente le hubiese odiado, también -HoSeok.

JiMin metió la carne ya cortada y especiada al horno, esperando impaciente. Esta era de gran calidad y no podía esperar a darle una probada. ¿A HoSeok le hubiese gustado? Él río ante su pensamiento ¡Claro que sí! HoSeok claramente se amaba a sí mismo. Le recordó a SeokJin, un chico que había conocido hacía un año, el cual disfrutaba de halagarse a sí mismo. Gritaba de maravilla, le ponía la piel de gallina recordar su rostro sonrosado y sus gemidos.

JiMin sacó la carne del horno, hambriento. ¡Oh Dios, olía fenomenal! ¡Tal manjar, comida de los Dioses! Se apresuró a sentarse en la mesa y cerrar los ojos, degustando la explosión de sabores en su boca. Masticó con adoración y gimiendo por el éxtasis que su obra le provocaba.

JiMin levantó la vista de su plato por un momento, mirando justo frente a él, donde la puerta de su refrigerador estaba medio abierta. Suspiró y se levantó, alejándose de su comida con dificultad. No quería arriesgarse a que una mosca entrara. Antes de cerrar la puerta, la abrió una vez más y sonrió. Luego volvió a cerrarla, satisfecho, y se decidió a terminar de comer y dormir una siesta. Más tarde, planearía todo lo demás. Siempre salía libre, siempre era tan promiscuo de las leyes y las leyes del corazón, y lo disfrutaba. Su imagen de inocencia le daba tantos puntos.
Y seguramente también le daría puntos con Kim TaeHyung, el nombre que rondaba su cabeza, los fuertes brazos que lo salvaron de caerse una vez en la calle, el hombre al que siguió y siguió insistiendo en que fuera a su casa.

Esa noche soñó con los sucesos del día, y la noche anterior.

Soñó con los besos de HoSeok.

Soñó con deseosas manos recorriendo su cuerpo, su piel con rudeza o delicadeza.

Soñó con su estómago lleno por HoSeok.

Soñó con los fríos y nublados ojos de HoSeok mirándole desde la parte baja de su refrigerador, dentro de la bolsa para conservas que tanto le servía para guardar su preciada, amada carne.

Después de todo,
Park JiMin era un maestro gourmet.

[----- FIN.

Espero que les haya gustado. <3

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