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Después de la increíble tarde que tuvimos con los chicos, todos volvimos a nuestras respectivas casas, me di un rápido baño para poder ir a dormir, cerré los ojos para poder perderme en el mundo de mis sueños, pero mi teléfono me devolvió a la realidad de nuevo.
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Sonreí y volví a dejar mi teléfono en su lugar para ahora si poder dormir.
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Mi alarma hizo que me levantara con pereza, baje a desayunar algo antes de vestirme, prepare un poco de pan tostado y té de frutos rojos. Después de 15 minutos decidí subir a arreglarme, tenía que ir al instituto y aunque para algunos ir a la escuela era fastidioso, yo lo amaba.
Decidí salir varios minutos antes para poder conocer un poco más estos rumbos de California, llegué a la puerta del instituto note un carro negro estacionado en la acera de enfrente, pero le reste importancia y seguí mí camino, Mila me detuvo en cuanto me vio
—Señorita Wright— voltee para mirarla
—¿Qué sucede, Mila? —me acerque al mostrador
—Dejaron este paquete para usted junto con esta tarjeta— me extendió las cosas
—¿Sabes quien la trajo? —tome la tarjeta
—No, hace unos minutos vino un hombre de traje negro, pero la verdad dudo que él los envie— sonrió
—Bueno, gracias Mila— tomé todo entre mis brazos— nos vemos luego
—Hasta luego, señorita Wright— se despidió con la mano
Me dirigí a la zona de casilleros para guardar la caja, pero desgraciadamente no cabía, así que tuve que llevarla conmigo. Entre al salón lo más normal posible y me senté junto a mi amiga