Secretos revelados y nuevos comienzos

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Ocho años después...

Era una mañana ajetreada en la casa de los Reid-Jareau. Andrew y Eleanor se habían ido tarde a dormir por terminar sus proyectos de ciencias para la feria del día siguiente; Henry había estudiado hasta tarde para un examen, mientras sus padres habían trabajado en sus informes hasta que todos se fueron a dormir. Fue por ese motivo que todos ignoraron sus alarmas, y cuando despertaron estaban con el tiempo justo para llegar a tiempo, así que corrían por todos lados para alistar sus cosas.

Jennifer fue a buscar unos documentos a su oficina cuando, al entrar, pisó algunas fichas de Lego con las que sus hijos habían trabajado la noche anterior.

—¡Andrew! ¡Eleanor! —dijo Jennifer enojada, mientras se revisaba el pie—. ¿Qué es todo este desastre?

—¡Lo sentimos, mamá! —dijo Andrew apenado—. Estábamos cansados y nos dio pereza recoger anoche.

—Eso lo entiendo —dijo Jennifer mirándolo—, ¿pero es necesario hacer tanto desorden?

—El alma creativa de Eli puede más que el sentido común —dijo Andrew sonriendo levemente, y vio cómo su madre se masajeaba el pie—. ¿Estás bien, mamá?

—Pisé un par de fichas que usaron —dijo Jennifer sonriendo levemente—. Solo acomoda un poco todo para que nadie más se lastime. Esta tarde asegúrense de dejar todo como estaba.

—Cuenta con eso, mamá —dijo Andrew sonriendo.

Unos minutos después, Jennifer y Spencer estaban subiendo sus cosas al auto de la rubia mientras esperaban a que sus hijos salieran.

—¡Estamos listos! —dijo Eleanor sonriendo con su megaproyecto.

—Creo que tenemos un problema... —dijo Andrew, mirando a sus padres con su proyecto en las manos—. No cabremos todos en la camioneta de mamá.

—Eso parece —dijo Spencer seriamente, y miró a su esposa—. Creo que debemos llevar los dos autos.

—Es lo mejor —dijo Jennifer mirándolo—. Si bajamos el asiento trasero podremos acomodar los proyectos, solo debemos asegurarnos de que no se muevan.

—Y los chicos viajarán en el mío —dijo Spencer seriamente—. Debemos sacar nuestras cosas de tu camioneta para que quede más libre.

—De acuerdo —dijo Jennifer sonriendo, y miró a sus hijos—. Suban sus morrales y demás cosas al auto de su padre mientras adecuamos todo en la camioneta.

—Claro, mamá —dijo Henry sonriendo, y miró a sus hermanos—. Es mejor por turnos, a no ser que quieran que sus proyectos se arruinen.

—No digas eso ni en broma —dijo Eleanor seriamente, y le pasó su proyecto—. Ten cuidado, me costó horas de sueño valioso.

—Como ordenes, Eli —dijo Henry seriamente.

—Eso me sonó a ti —dijo Spencer riendo mientras tomaba sus cosas—. Cuando movía tus cosas en nuestra oficina. Eli no niega que heredó tu temperamento, agente Reid-Jareau...

—Muy gracioso, doctor Reid —dijo Jennifer entre seria y divertida—, y tampoco niega que heredó tu cerebro; tiene seis años y diseñó sola su proyecto para la feria, una donde compite con chicos que prácticamente le doblan la edad.

—Nuestros hijos se van a graduar de la escuela a los doce, igual que yo —dijo Spencer mirándola—. ¿Qué esperabas? Aun sigo sin entender de qué se tratan sus proyectos...

—Ni yo —dijo Jennifer guardando sus cosas en el auto de su esposo—. No es mucho lo que dicen, solo que nos demostrarán de qué se trata esta tarde cuando vayamos a verlos.

Una vida juntos. (En edición)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora