Un día más en la escuela, tedioso y cotidiano a mas no poder. Era temprano, apenas habían llegado unos cuantos compañeros al salón, por lo general la mayoría de ellos siempre llegaba tarde y en especial los lunes. William se encontraba ya sentado en su lugar de costumbre pues procuraba llegar lo más temprano posible ya que la puntualidad le era muy importante. Mientras esperaba la llegada de su profesor y para matar el tiempo, se quedaba mirando por la ventana y se ponía a imaginar cosas de cualquier tema que se le ocurriese o al menos hasta que a las 8 en punto fuera interrumpido por el fuerte sonar de la chicharra, haciéndolo volver en sí y mirar a la pizarra para el comienzo de la clase.
El profesor llegó e inició a dar su clase con normalidad, pero al poco tiempo fue interrumpido por una trabajadora de la escuela, unos minutos más tarde volvió para el grupo.
- Chicos, me acaban de informar que tendremos un nuevo alumno en el salón, por favor sean amables con él. ¿De acuerdo?
Todos comenzaron a murmurar entre sí, era obvio quien era el nuevo integrante del salón, William ya había notado al desconocido, pero había preferido ignorarlo.
Al paso de las horas el receso llegó, y como habitualmente hacía, el muchacho se encontraba sentado en una banqueta frente a un grupo de pequeñas jardineras que estaban cubiertas por la fresca sombra que brindaba un gran árbol a sus espaldas mientras degustaba su almuerzo, pero la calma de aquella mañana se vio interrumpida al sentir una fuerte mirada que al momento de voltear se percató venía directo del nuevo alumno mirándolo fijamente pese a que se encontraba conversando con más compañeros.
-Vaya, que incómodo... ¿Estarán hablando de mí? O por qué diablos me mirará tanto ese sujeto...
Es normal que las personas empiecen a querer tener alguna relación sentimental, expresarse en algún círculo social en el que busquen ser incluidos, o simplemente tener amigos con los cuales querer y poder compartir experiencias, alegrías y tristezas a una temprana edad, pero hasta el momento al adolescente le era más que indiferente. Si bien William nunca fue un estudiante destacado o una persona popular entre sus compañeros, siempre trató de comportarse de una manera cordial y respetuosa con todos, nunca tuvo problemas con ellos, pero en ningún caso se relacionó más que para proyectos escolares con el resto de la clase.
Al término del descanso se dirigió al aula, se sentó en su lugar e inclinó su cabeza recostándola en el vidrio para ver a través de la ventana esperando la siguiente disciplina.
-Parece que eres algo callado.
-Sí, supongo que sí. -Respondió William mirando de reojo al castaño.
El desinterés de Will era notable, por lo que insistentemente volvió a dirigirse a él:
- ¡Soy Aarón, mucho gusto! ¿Cómo te llamas?
Una vez más su mirada fue encaminada al mismo ante su insistencia.
-Me llamo William, mucho gusto.
El joven se encontraba algo sorprendido, ¿Por qué hablarle justo a él? ¿Sería una especie de broma o reto? ¿Una prueba para entrar a uno de los grupos sociales que se formaban entre compañeros? O tal vez... ¿Simple amabilidad? Anteriormente vio como Aarón charlaba con varios compañeros de su salón, seguro le advirtieron el temperamento que se cargaba, así que... ¿Por qué?
