En mis recuerdos

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Cuando era pequeño jamás me extrañó ver a las parejas tomadas de la mano en la calle. Hombres con mujeres, mujeres con mujeres, hombres con hombres. Ni el sexo, ni la raza, ni la religión eran un problema para las parejas en donde yo vivía. Siempre fue así, crecí con eso y realmente nunca tuve problema con ello. Me gustaba eso. Adoraba como todos se veían felices, queriendo a quien se deseaba sin temor alguno. Mis padres y sus amigos solían decir que el amor era para vivirse, y la vida para disfrutarse, sin preocuparse por diferencias sin sentido.

Con el paso de los años comenzaron a escasear las parejas en las calles. Ya sólo se veían una que otra, de vez en cuando. Siempre un hombre y una mujer. Los amigos de papá y mamá dejaron de ir a la casa. "Cobardes" escuché que los llamaban en ocasiones. ¿Por qué alguien llamaría a sus amigos de aquella forma?

Al entrar a la educación media obtuve muchas respuestas a todas las preguntas que me había estado haciendo en esos años. Descubrí que no sabía nada por culpa de una ley del gobierno: nadie menor de dieciséis años podía saber lo que el programa hacía para proteger a la sociedad. ¿Proteger? No entendía cómo algo tan monstruoso podría proteger a alguien.

¡El dichoso programa del gobierno era la muerte! Ellos se encargaban de eso, así decían salvar a la sociedad. Le pregunté a mis padres el día de mi cumpleaños, ellos dijeron no estar de acuerdo pero según ellos nada podía hacerse. ¿Debía quedarme así entonces? ¡No era justo!

Esa noche me quedé dormido llorando contra la almohada. Soñé con la clase de ese día, con la plática de mis padres...y con aquél beso que me había dado con Antonio, mi mejor amigo, aquella tarde después de clases.

"—Debido a la alta cantidad de personas con esta enfermedad, el gobierno implementó el programa para la purificación de la especie. Inició hace diez años, y desde entonces se ha liberado a miles de personas de esta terrible enfermedad —decía la maestra en la última hora de clases—. Las personas que presentan la enfermedad de la homosexualidad parecen ser completamente iguales a nosotras, pero son peligrosas para nuestros niños y jóvenes, debido a la forma en la que ellos atraen a personas sanas a su estilo de vida inmoral.

Salí del salón molesto, yéndome al patio de la escuela. Antonio se había ido tras de mí.

—Te molestó lo que dijo la maestra —dijo con voz serena al llegar a mi lado.

—Si vas a decir que está bien lo que hacen puedes irte —contesté arrojando una piedra contra un charco.

—No, no está bien. No me gustaría que le pasara a nadie conocido.

Hubo un momento de silencio, yo trataba de pensar en otra cosa y él parecía no encontrar palabras adecuadas para expresar lo que creía. Quería entender lo que pasaba en mi cabeza ¿por qué me molestaba tanto lo que hacían? Si decían que era lo mejor lo era ¿no? Por algo ellos gobernaban. Volteé a ver a Antonio, quién me había llamado. En cuanto giré me acercó a él, y juntó nuestros labios en un beso."

"—No puedes hacer nada, Daniel. Si el gobierno lo dice es por algo —decía mi madre con voz temblorosa—. Ellos saben que es mejor para...

—¿Qué tal que ellos no saben nada? Ni Ricardo, ni Miguel, ni Laura o Susana eran malos ¡ellos eran sus amigos! —interrumpí alzando la voz.

—Daniel, escucha a tu madre. Nosotros no creíamos que ellos fueran malos, pero ¿has escuchado lo que dice el gobierno? No pueden equivocarse todos sus científicos —hablaba mi padre, no muy convencido de lo que decía—. Además no hay nada que hacer, obedece y ya, antes de que el gobierno te considere un traidor.

—¡Me importa un carajo el gobierno! —grité subiendo las escaleras—. Todos sus amigos tenían razón ¡son unos cobardes!"

Desperté de golpe, agitado. Eran casi las tres de la mañana. Ahora, con la compañía del silencio y la oscuridad de la noche, la decepción por lo sucedido en la tarde me golpeó con mayor fuerza. El beso que Antonio me había dado regresó a mi memoria, haciendo que rozara mis labios con la yema de los dedos de forma inconsciente. ¿Podía algo que se sentía tan bien ser malo? Negué y me levanté de un brinco de la cama, yendo rápido al baño de mi habitación.

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