Emily
En dos días es mi boda y las cosas no pueden ir peor. Remill me avisó por la mañana que mi vestido de novia ya estaba terminado. Fui a verlo con el ánimo en el piso y una sonrisa falsa en la cara. No me encuentro bien. Las personas siguen a las afueras del palacio como una horda gigantesca que va a comerme en cualquier segundo. Aun así, no puedo quitarle mérito al trabajo del sastre. Mi traje de novia es una belleza que me habría hecho feliz en otras circunstancias, pero ahora ni siquiera pude enseñárselo a nadie, porque incluso a Luena todavía la mantienen apartada de mí.
Me he sentido bastante sola hoy. Magnus ha estado distante, solo lo vi en el almuerzo y ciertamente no estuvo del todo presente. No hablamos demasiado. Se veía distraído y exhausto. Hizo un par de preguntas triviales y luego estuvo callado el resto de la comida. No quise insistir, era evidente que no quería hablar. Algo en su cabeza lo turbaba y estoy segura de que el protagonista de ese lío, es el reino. Pese a su carácter fuerte, él siempre busca lo mejor para su pueblo y el verlos echarse en su contra, debe afectarle.
—¿Lista? —pregunta Lorian a mi lado. Su calma me inquieta. No es divertido ser la única nerviosa.
El automóvil se detuvo hace más de cinco minutos frente al edificio en donde se llevará a cabo la cena con los nobles y yo todavía no encuentro el valor para bajarme. El ex príncipe está a mi lado, callado y paciente. Me ha preguntado varias veces si me encuentro bien, yo me limito a asentir y a mirar por la ventana a los guardias que nos esperan.
—Puede tomarse el tiempo que necesite. Es usted la reina, no ellos.
—Deja la formalidad a un lado. Eso lo vuelve más difícil.
—Como gustes. Nada malo va a pasar. No pueden insultarte, no delante de los guardias.
—¿Delante de ti sí?
—Magnus me pidió, no, creo que más bien me exigió que te cuidara. Para eso estoy aquí.
Sus intentos por ayudarme no dan el resultado que espera. Tengo el pecho oprimido y el corazón en la garganta. Me siento mareada y con ganas de vomitar. La valentía la perdí en el camino mientras salíamos por la parte de atrás del palacio, custodiados por la guardia real. No me permitieron mirar por la ventana y Lorian estuvo haciéndome conversación todo el trayecto, como si eso pudiera camuflar los reclamos del exterior.
—Escucha, ¿recuerdas a Claire, mi prometida?
Como olvidarla. Todavía veo su cara de angustia frente al altar cuando él se negó a casarse.
—Ya veo que sí —se responde a si mismo—. Cuando ella me dijo que me amaba por primera vez, fingí un desmayo para no contestarle. Me tiré al suelo en una actuación patetica y la pobre Claire salió a buscar ayuda.
¡Por todas las flores! Este hombre es un imbécil.
—Es lo más ridiculo que he escuchado.
—Seguramente, pero te relajaste. Vi tus hombros caer.
—Fue una suerte que no se casaran. Ella merece algo mejor.
—Ya te has cobrado una de las que te hice.
—Tengo una lista de reclamos. Quizás le pida a Magnus que te convierta en mi asistente y te haga contar cada diamante de mi vestido de novia.
—Acepto, me gustaría verlo. Podría darte mi opinión. Me considero un hombre con estilo.
—Prefiero ahorrármelo. Ya conozco el tipo de comentarios que puedes llegar a hacer y tus gustos son muy diferentes a los míos.
—Te aseguro que compartimos los mismos gustos.
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Las cadenas del Rey. [Rey 2] VERSIÓN DESACTUALIZADA
General FictionLa hija de los perfumistas Malhore ahora vive en el palacio, después de ser traicionada por quien creía era el amor de su vida. Siendo prisionera del nuevo Rey Stefan Denavritz, Emily empezará a envolver su corazón en una guerra de sentimientos, cua...
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