Prólogo.

52 6 0
                                    

-Amy, vamos a dormir. Se nos hace tarde.

-Tienes razón. Vamos. -dijo tomando mi brazo como si su vida dependiera de ello.

-¿Tienes miedo?- le susurré al odio en tono macabro, tomándola por sorpresa. Ella pegó un salto y gritó.

-¡Joder, Anne! Por poco y me matas de un susto. -contestó exaltada con una mano en su pecho.

-No tengo la culpa de que ahora pienses que en cada esquina hay un demonio esperando por tu alma.

-¡Heey!, eso no es cierto. Yo no tengo miedo, solamente tu eres demasiado fea para confundirte con cualquier criatura del diablo.

-Idiota. -le saqué la lengua.

-Me amas. -afirmó.

Pero...¿como no hacerlo si ella es la única persona que me queda en el mundo?

-Touchè.

Subimos las escaleras y apagamos las luces. Obviamente Amy, salió corriendo ya que venía detrás de mi, como si le fueran a jalar las patas. Y yo... yo también corrí. Tengo que admitirlo. No era valiente, por dentro estaba muerta del susto. Cada una corrio a su habitación y cerramos la puerta.

Me dirigí al baño y me cepille los dientes. Pero me daba miedo usar ceda dental. No me culpen. En la película que acababamos de ver la chica murió en el baño usando ceda dental. Ni pensaba correr el mismo riesgo.

De repente algo sonó en la habitación.
Estuve en shock por más o menos medio minuto y agarre lo primero que mis dedos tocaron. Abrí la puerta bruscamente encontrándome a Amy abrazada a su tigre de peluche. Sus rodillas estaban dobladas hacia su pecho y me miraba aliviada.

-Anne, se que es tonto, pero...¿puedo...?

-Claro que si, idiota.

-Gracias, te adoro.

-Lo sé- dije apagando la luz y acostándome a su lado.

My Perfect TemptationDonde viven las historias. Descúbrelo ahora