CAPÍTULO 17

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Tenía el impulso de salir corriendo tras ella, pero me contuve porque no quería volverlo a arruinar como la última vez. Irina volteó a mirarme con una sonrisa, que a mí me pareció bastante sarcástica. En ese momento, la odiaba con toda mi alma.

Dejé la bebida en la mesa y subí a una de las habitaciones de Ian, el cual no había visto desde que había llegado a la casa.

—¡Ey, Lucas! Pensé que me ibas a dejar plantado —dijo cuando subía las escaleras. Como siempre ahí estaba él con su mejor pinta y su mirada achinada.

—Eso jamás.

Ian sonrió y subió los escalones hasta donde yo estaba, haciendo un ademán con la mano para que siguiera el camino.

—Este año parece que va a estar buena la cosa —comenzó a decir.

—No lo creo, siempre invitas gente distinguida, pero hoy hay ciertos perros... y acompañados de pulgas.

—¡Ja, ja, ja, ja! Lo dices por Brayan y Amalia, ¿verdad? —Subimos al segundo piso de su enorme casa y me guio hasta uno de los cuartos. Donde siempre me quedaba en realidad.

—¿Por qué los invitaste?

—De Amalia no sé, supongo que Brayan tuvo que ver en eso. Pero sabes que esta fiesta no es exclusiva, cualquiera de la escuela puede venir —explicó con sorna.

Resoplé frustrado. No me molestaba verla a ella, lo que me molestaba era verla con él. Dejé las cosas en la habitación que iba a compartir con Daniel, y salí de allí.

Tenía la sensación de que iba a ser un fin de semana muy largo e incómodo. No quería topármela y al mismo tiempo quería ir corriendo a su lado. Decidí que iba a tomar la situación con calma, iba a esperar ver cómo reaccionaría ella.

Para cuando bajé ya había el doble de gente que cuando había llegado. Entre todo ese tumulto de personas no podía saber si seguía allí o si se había ido.

Salí de la casa porque el gentío me estaba estresando. El día todavía estaba soleado, pero corría un viento bastante fresco. Muchos de los chicos se encontraban en el agua, nadando y lanzándose globos.

—Si la estás buscando, está por allá —comentó Daniel que se había acercado a mí sin que me diera cuenta.

—No la estoy buscando —dije despreocupado, pero disimuladamente volteé en la dirección que me había señalado.

Ciertamente allí estaba. Parecía molesta o incómoda. Probablemente la razón era yo, pero tenía que haber otro motivo por el que había decidido quedarse.

Diego y Eric llegaron poco tiempo después. Nos saludaron y fueron a guardar sus cosas en la casa. Me sentía extraño, era la primera vez que estaba en una fiesta y no tenía ganas de tomar o de bailar.

De rato en rato volteaba en su dirección, parecía haberse relajado un poco más pues la vi tomando un vaso y bebiendo muy animada mientras se reía con su amiga. Brayan no estaba por ningún lado. Pero era cuestión de tiempo para que se le volviera a acercar. Ella no me miraba, o quizá lo hacía cuando yo estaba distraído.

El estómago me rugía por comida. Había desayunado un poco en la mañana, pero tenía casi ocho horas sin nada en el estómago. Así que la prioridad de Daniel, Eric, Diego y mía era comer.

Nos colamos en la cocina, había unas cuantas personas allí buscando bocadillos, pero nosotros nos dimos el lujo de prepararnos algo más fresco. Un par de piernas de pollo fritas y papas nos acompañaron la tarde y nos llenaron el estómago.

#1 Tal vez, para Siempre | Bilogía Para Siempre (COMPLETA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora