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Había una chica en una cama, boca arriba y sus ojos puestos sobre su techo color crema que le cubría, ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba viendo aquel lugar, sin embargo sus pensamientos eran los contrarios al conteo del tiempo, solamente se enfocaba en algo...
un chico, sus pensamientos estaban frescos en aquel chico de cabellera negra que, a decir verdad, fue tan importante que ni siquiera le importaba llorar en voz alta. Sí, su corazón y alma no dejaban de doler al recordar como el muchacho le dijo las últimas palabras hacia su persona.
Quizá era absurdo, pero su cuerpo entero vibraba ante sus quejidos de dolor, y su almohada ya se encontraba remojada ante las cristalinas gotas que salían de sus ojos color miel. Quería explicar lo que sentía, pero era un dolor tan inexplicaba que se preguntaba ¿Es normal?, hasta llegó a reflexionar sobre aquellas lecturas que tenia en las noches, específicamente de aquel hombre que había muerto a causa de desamor.
Ni siquiera habian pasado dias desde su ruptura, habian pasado semanas y su corazon seguía doliendo como la primera vez, y es que sentia que era demasiadas cosas para su debilucho cuerpo. Quería creer que aquel dolor en el pecho solamente era a causa de que había sido su primer amor, su primero en muchísimos aspectos.
Y las esperanzas murieron cuando dejó de sentir aquella atracción, y es que se presentia cuando no eras amada ya, y eso es lo que te dolia más.
Porque habias salido de ahí con los sentimientos fuertes hacia él.
Pero pasaria.
Y escribías esto para cuando estuvieses completa, y te dirias "Lo logré". Amándote.
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