~Deux~

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Lunes 22.03
18:15 hrs.

El turno en la cafetería ya había empezado, y al poco tiempo me distraje con la rutina.

-Disculpa, pedí un latte descafeinado -dijo una chica de unos veinte o treinta años al otro lado de la caja.

Alcé ligeramente la cabeza de la libreta con horarios, fijando la vista en ella.

-Perdona, ya te lo cambio -dije, llamando la atención de mi compañero y señalándole el error para que corrigiera la boleta.

-No hay intereses, así que solo modificaré la boleta. ¿No desea realizar otra compra?

-No, gracias.

Asentí y me aseguré de escribir bien esta vez. Hice una reverencia pequeña al entregarle la nueva boleta, volviendo a disculparme.

-Que disfrute su estancia.

Antes de irse, la chica hizo un gesto coqueto con el ojo, sonriendo de una forma que no era mi tipo, pero que me hizo desconfiar: llevaba tiempo atendiendo y sabía que esos "errores" a veces eran solo una excusa para acercarse.

Intentando esconderme de su mirada hambrienta y la de sus compañeras de asiento, atendí a algunas personas más y tomé varios pedidos antes de escuchar unas risas conocidas que venían desde la cocina, anunciando el fin de mi turno.

-Buenas tardes -saludé con la mano, intentando ocultar la emoción.

-No muestres la emoción de poder irte. Al menos finge que es porque llegue -me regañó SooYoung.

-Claro que es porque llegaste -respondí, sin negar que por un momento me sentí ofendido. Nadie podía evitar emocionarse con saber que por fin podía irse.

Lo singular de esa cafetería era que, a partir de las once de la noche, en la segunda planta se abría un bar. Los trabajadores debían cerrar la cafetería y luego organizar el bar, pero cerrar la cafetería no era una obligación, solo una forma rápida de terminar y ayudar a los dueños. Aunque yo siempre intentaba ayudar con el bar, casi siempre solo me pedían limpiar las cafeteras o encargos en la cocina antes de dejarme ir a casa.

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21:45 hrs.

Mientras me quitaba las zapatillas en la entrada, un grito desde la sala llamó mi atención.

-¡Te quiero en casa en veinte minutos, Dongwook, y no quiero esperar!

Me quedé un momento sentado, soltando un suspiro sin entender cómo mi padre soportaba tanto luego del trabajo.

-Y luego se queja de que pasa mucho tiempo en casa -susurró mi hermana mayor, caminando casi de cuclillas con unos snacks en sus brazos.

Le sonreí a modo de saludo y me levanté, intentando caminar silenciosamente mientras tomaba mis zapatillas.

-¿Qué tal el trabajo? -me preguntó.

-Horrible. Hoy me coqueteó una chica de tu edad -respondí haciendo una mueca.

-Kookie, ¿quieres morir? -bromeó, molesta porque su edad ya la acomplejaba y aún tenía veintinueve.

Starless ~ TaekookDonde viven las historias. Descúbrelo ahora