Mikasa ha estado todo ese tiempo para Eren, día tras noche, descuidándose a sí misma por su bienestar y vigilando sus pasos para ser quien lo apoye en cada invierno, porque no se podía imaginar un 25 de diciembre sin él ni su cálido tacto. Pero una...
¡Hey cariño! He elegido hacer un OS y un dibujito ErenMika, el último te lo pasaré a ti. Espero que te guste el resultado, realmente fue un poco difícil buscar una buena idea para estos dos pero me divertí.
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El frío que hacía dentro de la cabaña comenzaba a cubrir la vista de una gruesa ventana con vapor. Los ancianos propietarios de la cabaña, quienes habían dejado que los jóvenes de la legión pudieran refugiarse allí, intentaban elevar la temperatura del ambiente. Mientras el paisaje que observaban unos negruzcos ojos parecía colapsarse, un ligero canto se oía desde el fondo del comedor.
La muchacha que se encontraba sin sacar los ojos de la ventana, tenía su cuerpo temblando de forma disimulada. Estaba lejos de la chimenea, aunque poco le importaba, no se creía capaz de despegarse de ese sitio sin antes ver que su amado haya llegado a salvo aún con la nieve que caía. Sus manos, que no eran tan pequeñas, se posaron sobre el vidrio mientras una mueca aparecía en su rostro.
—Vas a congelarte —mencionó un muchacho rubio al tocarle el hombro—. Vamos Mikasa, él llegará tarde o temprano.
—Ya pasaron ocho horas... ¿Y si está en peligro?
—Por favor, no seas tan pesimista, seguro se quedó en alguna cabaña de por allí.
—Entonces voy a esperarlo aquí, no te preocupes por mí y ve a tomar un poco de sopa o te enfermarás.
Mikasa suspiró sin rendirse, no se iba a alejar de allí hasta verlo — y probablemente si eso no sucedía en unas horas se largaría de la cabaña dirigiéndose a donde sea solo para encontrarlo—, incluso si debía de congelarse iba a estar a su espera, porque él haría lo mismo por ella. Posó uno de sus mechones de cabello detrás de su oreja antes de darle la espalda otra vez a su amigo.
El rubio suspiró medio frustrado para marcharse de la escena en busca de un plato de sopa para ofrecerle, ya que ella misma le estaba aclarando que se enfermaría pero no se miraba nunca a sí misma… Nunca que Eren estuviera en medio. A veces le preocupaba su actitud tan terca y peor cuando no podía detenerla como ahora.
La azabache se apoyó contra la ventana mientras recargaba su cuerpo contra ella. Era un espacio grande para solo haber una ventana, por lo que le permitía sentarse con total comodidad mientras su piel se exponía al frío del vidrio sin pudor en lo absoluto. Estaba un poco cansada, debía de admitir que había caminado bastante para llegar hasta allí e incluso tuvo que cargar con Sasha junto a varias frazadas, al parecer estaba demasiado enferma y con razón… Estuvo descalza todo el camino y sin medias, era imposible que eso resultase bien para nadie.
A pesar de la situación que estaban pasando, la nieve no era desagradable, en cierto punto le gustaba ver como esos pequeños copos danzaban delante de sus ojos y se atrevían a colarse en la ventana ya cerrada. Ni que pudieran entrar siendo tan diminutos y frágiles. Además, recordaba que a Eren le gustaba mucho cuando nevaba y ambos se envolvían de ellos. A ella le gustaba todo lo que lo hiciera sonreír, quizás su sonrisa era un vicio tan místico a sus ojos vidriosos.