Elizabetaaa
El Eco Silencioso de Elara
En un pequeño pueblo donde las risas se tejían con los hilos del molino y los sueños se mecían en los trigales, vivía Elara. Desde temprana edad, Elara poseía un espíritu que brillaba con una luz tenue pero persistente, como la luna creciente en una noche nublada. Era una niña curiosa, con ojos que veían maravillas donde otros solo veían lo mundano, y manos que anhelaban crear Pero el mundo de Elara era uno donde sus talentos pasaban desapercibidos, sus ideas eran descartadas y su voz era un eco silencioso. Sus padres, absortos en las tareas de la granja y la supervivencia, apenas notaban la poesía en sus dibujos o la melodía en sus susurros. "Elara, deja de soñar y ven a ayudar", era una frase que resonaba a menudo en su hogar.