Pasaba por aquí para decir a todos y cada uno de vosotros, que, a colación de una conversación con un amigo, y conste que no lo dije en ningún momento por fardar... le hablé de mis lectores.
Sé poco sobre todos vosotros (probablemente, mucho menos de lo que algunos sepáis de mí) pero le mostré aquel relato de La Primera Nigromancia y vio vuestras impresiones y comentarios. Nos lo pasamos teta. Recuerdo que hasta hubo alguna referencia a una canción o dos, y fue un intercambio conversacional que, aunque no muy fluido, me hizo conectar mucho a pesar de que no suelo.
Mi amigo en discordia, en cambio, esputó uno de sus comentarios donde, buenamente, me insultaba zarandeando por el cuello su estrangulada botella de cerveza (no diré marca, pero sí que es gallega) poco antes de soltar: "¡Deja de esconderte los huevos conmigo! Esta gente están reaccionando igualitos que ante una saga que quieren seguir".
Y así lo dijo, y se quedó tan ancho. El cabrón. Con cine a sus espaldas, y viviendo de algunos guiones y de revisar tantos otros de gente que le paga por ello. Y amén. Que no le falte.
Sé que en mi silencio y circunstancia actuales no soy la alegría de la huerta, precisamente. Llevo unos ocho meses que no me ocurre nada bueno. Y llevo un luto por mí mismo que no puedo conmigo. Intento hacer ejercicio, comer mejor, respirar, y convivir con el dolor hasta que volvamos a ser más amigos que viejos conocidos. Es una etapa muy oscura. Las he tenido antes. Y no por elección propia.
Pero, ¿sabéis qué? Esa frase que dijo, me recordó lo poco que confiaba en que los ojos de otros hallaran mis páginas, y lo mucho que me animó ser encontrado. Conectar, que nos riéramos, simplemente hablar de lo que sea, o dar información o detalles.
Me hizo sonreír. Y eso no habría sido posible de no haber estado vosotros delante, empeñando las retinas (y posiblemente sin recuperar dignidad alguna tras eso) en mis páginas.
Os debo esa sonrisa. Y cuando el momento llegue, más de estas aventuras.