-ccapu

Estrella Fugaz | Gwen Stacy x o´c fem!
          	Shadow Of A Man - Lady Gaga. Boceto.
          	
          	
          	Muy bien. 
          	Luces fuera. Respiren hondo. Y una última vez desde el principio.
          	
          	Me llamo Sonnet Jackson. 
          	
          	Tenía dieciséis años cuanto una araña radioactiva decidió que mi agenda no estaba lo suficientemente complicada. 
          	Entre clases, detrás de bambalinas y proyectos de una estudiante, aprendí algo importante: 
          	Antes de convertirte en estrella, primero sobrevives a la oscuridad.
          	
          	La tragedia también llegó puntual.
          	Y aprendí algo de eso. Siempre hay que levantarse con estilo.
          	
          	Durante siete años, siempre que me lo permite mi agenda, soy estudiante. Bailarina y cantante. 
          	Y cuando las cosas se complican en mi ciudad... Spider-Moon sale a salvar a todos. La única y original. Ustedes deberían de saber el resto.
          	
          	O al menos eso creía, hasta que me di cuenta que apenas empezaba el show.

-ccapu

No ofendida, ni incómoda. Divertida.
          	  —Bueno —dijo, cruzándose de brazos—, supongo que eso significa que mi silueta sigue funcionando. 
          	  —Okay… eso fue bueno —Gwen soltó una risa involuntaria.
          	  —Lo sé.
          	  —Eso fue incluso menos humilde.
          	  —También lo sé.
          	  
          	  No debería haber sido tan fácil. Spider Woman — Gwen Stacy, estaba acostumbrada a leer personas rápido, a detectar tensión, ego, miedo, necesidad de probar algo.
          	  Pero esto, esto era diferente.
          	  Porque aquella Spider-Person, parecía completamente segura sin necesidad de demostrar nada. Mientras que muchos de los Spider´s de ahí, si compartían esa aura tan peculiar.
          	  —No te había visto antes —dijo Gwen finalmente—. Y créeme, recordaría el saco, y todo, en realidad.
          	  La otra extendió una mano enguantada, elegante incluso en el gesto.
          	  —Spider-Moon.
          	  Stacy la observó un segundo antes de estrecharla.
          	  —Spider-Woman.
          	  —Sí, sé quién eres.
          	  
          	  —Eso sonó un poco intimidante —Spider-Woman ladeó la cabeza.
          	  —No era la intención.
          	  —¿Y cuál era?
          	  
          	  Spider-Moon inclinó apenas el rostro, estudiándola y contestó de forma sincera.
          	  —Curiosidad.
          	  
          	  Por primera vez en  esos dos días, sentía que algo dentro de su pecho soltaba esa presión. Extraño. 
          	  Porque aún estaba cansada físicamente, no entendía muchas cosas y si las entendía, no quería aceptarlas tan fácilmente. 
          	  Y aun así, allí, en una estación suspendida entre universos, frente a un chico con calcetas blancas, audífonos y una vibra imposible de ignorar;  sonrió honestamente.
          	  —Entonces, Spider-Moon… ¿siempre luces como si fueras a pelear o a subir a un escenario?
          	  
          	  Spider-Moon se colocó de nuevo los auriculares, aunque esta vez dejó uno fuera.
          	  —Ambas.
          	  
          	  Y, antes de lanzarse hacia la plataforma inferior con un movimiento tan fluido que parecía danza más que caída, añadió:
          	  — El, "oh" que dijiste era el correcto. 
          	  
          	  Spider-Woman la vio desaparecer entre las luces y estructuras. Y luego, soltó otro "Oh" más fuerte y se acercó a la baranda. Ahora convencida de que necesitaba volver a verla.
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-ccapu

Apoyado contra una baranda suspendida sobre el vacío multiversal, con un saco ajustado que no era parte del traje, una coleta oscura cayendo flojamente, y una postura tan perfectamente equilibrada que, por un segundo, Gwen pensó que estaba viendo a alguien congelado entre un paso y otro.
          	  
          	  Calcetas blancas, mocasines negros.
          	  
          	  Y, ¿qué? 
          	  
          	  — Okay… eso definitivamente no está en el reglamento —entrecerró los ojos levemente la rubia. 
          	  
          	  La figura inclinó apenas la cabeza, como si ya supiera que ella estaba ahí.
          	  Un auricular se deslizó fuera de una oreja.
          	  —Entonces qué alivio —respondió una voz tranquila, suave, ligeramente grave—. Porque jamás leí el reglamento.
          	  
          	  Stacy se quedó inmóvil un momento, solo un segundo.  Ah. Algo sarcástica y confianzuda la figura. Y, oh. Esa voz no era la de un chico. 
          	  
          	  Vio como giró finalmente por completo. 
          	  
          	  Y por un instante absurdamente breve. Gwen Stacy olvidó hablar.
          	  La máscara estaba a casi de retirar, lo suficiente para revelar parte de un rostro afilado, elegante, con ojos entre dorado y café bajo la luz cambiante del lugar. Había algo magnético en ella, pero no de una forma ruidosa. Luego, dudó si había pensando correctamente al dudar si no era un chico. 
          	  —Oh —dijo Gwen, antes de poder evitarlo.
          	  
          	  Una ceja se arqueó.
          	  —Vaya. Qué presentación tan devastadora.
          	  
          	  Y por fin parpadeó, recuperándose la de traje rosado y blanco.
          	  —No, espera, eso sonó peor de lo que quería decir.
          	  —¿Segura?
          	  —Sí.
          	  —Hm.
          	  
          	  La desconocida, o él, se incorporó con una suavidad anormal, bajándose los auriculares por completo y observándola como si pudiera escuchar más allá de sus palabras.
          	  —Entonces dilo otra vez.
          	  —Dije “oh” porque pensé que eras una mujer —contestó soltando aire por la nariz, una combinación entre exasperación y vergüenza. 
          	  Silencio. 
          	  ¿Había dicho algo incorrecto? ¿Entonces si era una mujer? Oh, MIER- 
          	  Y entonces, la figura desconocida sonrió.
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-ccapu

Starlight — Starset. 01
          	  
          	  Gwen Stacy había aprendido algo desde que entró a la Sociedad Araña. El multiverso nunca estaba en silencio. Era caótico por naturaleza. 
          	  Y eso que solo llevaba dos días ahí.
          	  
          	  Siempre había algo. 
          	  Alarmas lejanas.
          	  Portales abriéndose con violencia lumínica.
          	  Voces superpuestas en cientos de idiomas.
          	  
          	  Ella amaba el ruido porque le distraía de los problemas que consumían su mente. Pero esa noche, -o eso parecía ser- se sentía menos bullicioso. 
          	  Quizá era porque acababa de volver de con Miguel O´Hara y le saturaron de tanta información. 
          	  Miguel seguía siendo una sombra difícil de alcanzar incluso cuando estaba presente. Y eso le molestaba solo un poco.
          	  
          	  
          	  Las plataformas flotantes se elevaban bajo sus pies mientras avanzaba por una de las zonas menos transitadas de la base, buscando a Peter entre corredores de cristal y estructuras suspendidas. Porque si, aún a pesar de siempre encontrarse con otro Spider, se sentía un poco desolada, así que cuando llegó y al ver a Peter B., fue un alivio grande.
          	  
          	  —Genial —murmuró Gwen para sí, ajustándose la capucha mientras doblaba por un pasillo lateral—. Qué fácil sería si ese hombre creyera en mapas.
          	  
          	  Fue entonces cuando lo escuchó.
          	  No una alarma, ni pasos.
          	  
          	  Música.
          	  
          	  Muy baja.
          	  Tan baja que al principio creyó que era alguna anomalía encerrada. Una  melodía suave, precisa, como algo silencioso escapando entre las grietas del metal.
          	  Ella frunció el ceño, curiosa, siguió el sonido.
          	  
          	  Atravesó una sección menos iluminada de la base, donde los ventanales gigantes mostraban el colapso de miles de universos latiendo a la distancia como galaxias.
          	  
          	  Y ahí lo vio. Lo vio de espaldas.
          	  
          	  Alto, delgado. Imposiblemente erguido.
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Estrella Fugaz | Gwen Stacy x o´c fem!
          Shadow Of A Man - Lady Gaga. Boceto.
          
          
          Muy bien. 
          Luces fuera. Respiren hondo. Y una última vez desde el principio.
          
          Me llamo Sonnet Jackson. 
          
          Tenía dieciséis años cuanto una araña radioactiva decidió que mi agenda no estaba lo suficientemente complicada. 
          Entre clases, detrás de bambalinas y proyectos de una estudiante, aprendí algo importante: 
          Antes de convertirte en estrella, primero sobrevives a la oscuridad.
          
          La tragedia también llegó puntual.
          Y aprendí algo de eso. Siempre hay que levantarse con estilo.
          
          Durante siete años, siempre que me lo permite mi agenda, soy estudiante. Bailarina y cantante. 
          Y cuando las cosas se complican en mi ciudad... Spider-Moon sale a salvar a todos. La única y original. Ustedes deberían de saber el resto.
          
          O al menos eso creía, hasta que me di cuenta que apenas empezaba el show.

-ccapu

No ofendida, ni incómoda. Divertida.
            —Bueno —dijo, cruzándose de brazos—, supongo que eso significa que mi silueta sigue funcionando. 
            —Okay… eso fue bueno —Gwen soltó una risa involuntaria.
            —Lo sé.
            —Eso fue incluso menos humilde.
            —También lo sé.
            
            No debería haber sido tan fácil. Spider Woman — Gwen Stacy, estaba acostumbrada a leer personas rápido, a detectar tensión, ego, miedo, necesidad de probar algo.
            Pero esto, esto era diferente.
            Porque aquella Spider-Person, parecía completamente segura sin necesidad de demostrar nada. Mientras que muchos de los Spider´s de ahí, si compartían esa aura tan peculiar.
            —No te había visto antes —dijo Gwen finalmente—. Y créeme, recordaría el saco, y todo, en realidad.
            La otra extendió una mano enguantada, elegante incluso en el gesto.
            —Spider-Moon.
            Stacy la observó un segundo antes de estrecharla.
            —Spider-Woman.
            —Sí, sé quién eres.
            
            —Eso sonó un poco intimidante —Spider-Woman ladeó la cabeza.
            —No era la intención.
            —¿Y cuál era?
            
            Spider-Moon inclinó apenas el rostro, estudiándola y contestó de forma sincera.
            —Curiosidad.
            
            Por primera vez en  esos dos días, sentía que algo dentro de su pecho soltaba esa presión. Extraño. 
            Porque aún estaba cansada físicamente, no entendía muchas cosas y si las entendía, no quería aceptarlas tan fácilmente. 
            Y aun así, allí, en una estación suspendida entre universos, frente a un chico con calcetas blancas, audífonos y una vibra imposible de ignorar;  sonrió honestamente.
            —Entonces, Spider-Moon… ¿siempre luces como si fueras a pelear o a subir a un escenario?
            
            Spider-Moon se colocó de nuevo los auriculares, aunque esta vez dejó uno fuera.
            —Ambas.
            
            Y, antes de lanzarse hacia la plataforma inferior con un movimiento tan fluido que parecía danza más que caída, añadió:
            — El, "oh" que dijiste era el correcto. 
            
            Spider-Woman la vio desaparecer entre las luces y estructuras. Y luego, soltó otro "Oh" más fuerte y se acercó a la baranda. Ahora convencida de que necesitaba volver a verla.
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-ccapu

Apoyado contra una baranda suspendida sobre el vacío multiversal, con un saco ajustado que no era parte del traje, una coleta oscura cayendo flojamente, y una postura tan perfectamente equilibrada que, por un segundo, Gwen pensó que estaba viendo a alguien congelado entre un paso y otro.
            
            Calcetas blancas, mocasines negros.
            
            Y, ¿qué? 
            
            — Okay… eso definitivamente no está en el reglamento —entrecerró los ojos levemente la rubia. 
            
            La figura inclinó apenas la cabeza, como si ya supiera que ella estaba ahí.
            Un auricular se deslizó fuera de una oreja.
            —Entonces qué alivio —respondió una voz tranquila, suave, ligeramente grave—. Porque jamás leí el reglamento.
            
            Stacy se quedó inmóvil un momento, solo un segundo.  Ah. Algo sarcástica y confianzuda la figura. Y, oh. Esa voz no era la de un chico. 
            
            Vio como giró finalmente por completo. 
            
            Y por un instante absurdamente breve. Gwen Stacy olvidó hablar.
            La máscara estaba a casi de retirar, lo suficiente para revelar parte de un rostro afilado, elegante, con ojos entre dorado y café bajo la luz cambiante del lugar. Había algo magnético en ella, pero no de una forma ruidosa. Luego, dudó si había pensando correctamente al dudar si no era un chico. 
            —Oh —dijo Gwen, antes de poder evitarlo.
            
            Una ceja se arqueó.
            —Vaya. Qué presentación tan devastadora.
            
            Y por fin parpadeó, recuperándose la de traje rosado y blanco.
            —No, espera, eso sonó peor de lo que quería decir.
            —¿Segura?
            —Sí.
            —Hm.
            
            La desconocida, o él, se incorporó con una suavidad anormal, bajándose los auriculares por completo y observándola como si pudiera escuchar más allá de sus palabras.
            —Entonces dilo otra vez.
            —Dije “oh” porque pensé que eras una mujer —contestó soltando aire por la nariz, una combinación entre exasperación y vergüenza. 
            Silencio. 
            ¿Había dicho algo incorrecto? ¿Entonces si era una mujer? Oh, MIER- 
            Y entonces, la figura desconocida sonrió.
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Starlight — Starset. 01
            
            Gwen Stacy había aprendido algo desde que entró a la Sociedad Araña. El multiverso nunca estaba en silencio. Era caótico por naturaleza. 
            Y eso que solo llevaba dos días ahí.
            
            Siempre había algo. 
            Alarmas lejanas.
            Portales abriéndose con violencia lumínica.
            Voces superpuestas en cientos de idiomas.
            
            Ella amaba el ruido porque le distraía de los problemas que consumían su mente. Pero esa noche, -o eso parecía ser- se sentía menos bullicioso. 
            Quizá era porque acababa de volver de con Miguel O´Hara y le saturaron de tanta información. 
            Miguel seguía siendo una sombra difícil de alcanzar incluso cuando estaba presente. Y eso le molestaba solo un poco.
            
            
            Las plataformas flotantes se elevaban bajo sus pies mientras avanzaba por una de las zonas menos transitadas de la base, buscando a Peter entre corredores de cristal y estructuras suspendidas. Porque si, aún a pesar de siempre encontrarse con otro Spider, se sentía un poco desolada, así que cuando llegó y al ver a Peter B., fue un alivio grande.
            
            —Genial —murmuró Gwen para sí, ajustándose la capucha mientras doblaba por un pasillo lateral—. Qué fácil sería si ese hombre creyera en mapas.
            
            Fue entonces cuando lo escuchó.
            No una alarma, ni pasos.
            
            Música.
            
            Muy baja.
            Tan baja que al principio creyó que era alguna anomalía encerrada. Una  melodía suave, precisa, como algo silencioso escapando entre las grietas del metal.
            Ella frunció el ceño, curiosa, siguió el sonido.
            
            Atravesó una sección menos iluminada de la base, donde los ventanales gigantes mostraban el colapso de miles de universos latiendo a la distancia como galaxias.
            
            Y ahí lo vio. Lo vio de espaldas.
            
            Alto, delgado. Imposiblemente erguido.
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La Danza de las Serpientes | S.S et o´c. 
          Boceto. ¿fa? 
          
          Si Severus hubiera sabido que en el momento en el que le dijo su nombre iba a ser su perdición. Su condena. Tal vez no se lo hubiera dicho. 
          Pero ahí estaba, falleciendo, con las manos de Potter sosteniendo su cuello, escuchando las respiraciones de todos. 
          Hubiera querido morir ahí, entregando sus llantos, sus vergüenzas y penas. 
          Pero Merlín parecía odiarlo. 
          
          No supo cuando, como, o el porqué, pero ahí estaba. 
          Abrió los ojos casi un mes después de la batalla de Hogwarts y la luz blanca le daba directo a sus cansados ojos negros. 
          — Potter... —susurró muy apenas. Sintiendo de pronto un dolor agudo en su garganta, palpitante. Se aferró a la tela suave de lo que identificó como sábanas.  Mordió sus labios para aguantar el quejido que saldría de sus labios. Sus ojos se adaptaron pronto a la luz y empezó a buscar indicios del lugar donde estaba. 
          Primero a la derecha, donde encontró flores y, ah. 
          Hospital. 
          Estaba en un hospital. 
          El olor, las sábanas, las máquinas. 
          
          — Mierda... —logró escuchar a su lado izquierdo, volteó con prisa intentando ver pronto de quien era esa voz.— Profesor, está... Está despierto... 
          Era Harry Potter, el cuál se veía, jodido. — ¿Qué estoy haciendo? Una enfermera, ¡d-disculpe! 
          Lo vio salir por la puerta y frunció el ceño sin entender bien lo que estaba soñando. 
          O eso pensó hasta que momentos después un doctor lo estaba checando. 
          
          — ¿Ya puede hablar, señor Snape? Le he suministrado analgésicos bastante fuertes para el dolor de su cuello —comentó el doctor que era un hombre calvo, caucásico. 
          Snape entonces soltó un leve, sí. Casi como si no quisiera decirlo por temor a sentir de nuevo ese dolor. 
          — Bien, entonces hábleme de lo último que se acuerda.

-ccapu

Snape dobló la carta, apretando su mandíbula con fuerza. Entonces, sabía que estaba muriendo en aquel lugar*, y no se acercó, no veló por él. 
            Solo, se alejo como el cobarde que era. 
            
            No dijo nada. Solo se quedó callado y ante la mirada de Potter, negó.
            — Desconozco donde esté.
            
            De ese modo, los dos se quedaron con más preguntas que respuestas.
            
            Durante las semanas siguientes, Severus estuvo yendo de allá para acá en el Ministerio ya que estaba bajo la mira de ellos. 
            Podían saber cualquier movimiento, incluso que había desayunado. 
            Pero para que parara eso, debía de ir al Ministerio cada vez que lo citaran para dejar de levantar sospechas. 
            
            De ese modo, se cumplieron casi tres meses hasta que pudo respirar libremente.
            Tres meses en los cuales, favores por favores, logró dar con una pista. 
            En Francia, París, comentaban que había un hombre que de la noche a la mañana logró un negocio exitoso.
            Era un hombre de altura promedio, de ojos rasgados y caídos, pero lo que más destacaba era su cabello rubio con mechones negros, y una cicatriz que parecía parche desde el cuello, mejilla y llegaba al rabillo del ojo.
            Por supuesto, ¿cuantas más personas conocía con cabello rubio y mechones negros? Solo dos, y una ya estaba muerta y la otra... Probablemente quisiera estarlo. 
            Esa misma noche tomó un tren hacia Francia en el que se podría considerar nuevo Eurotúnel, aunque si era nuevo para él. 
            Algo tan muggle, algo que por tanto tiempo deseó ignorar. Pero ahí estaba, sentado ya junto a una ventana y al lado suyo un hombre muggle que leía el periódico. 
            Por un momento pensó en irse, en bajar y seguir con su vida. 
            Pero...
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-ccapu

Por un momento, pensó en la idea, de que Yaxley estuviera muerto. 
            Muerto... Muerto. 
            Sonaba tan rara la idea de que eso fuera posible. Tan irreal. 
            Hasta que vio como el muchacho sacaba lo que parecía una carta ya abierta.
            — Lo he encontrado, era para usted... Pero, perdone... Estaba desesperado por saber un indicio de Felix, y no parecía despertar.
            
            El azabache tomó la carta que le fue extendida y negó. 
            — Es entendible, Potter.
            
            Empezó a leer la carta la cual si fue escrita por parte del profesor de Alquimia. Esa letra cursiva, siempre terminando en curva, era tan característica de él.
            "Para S.S, de F. Y. 
            
            Como sabemos, el plan de Dumbledore será exitoso. 
            Harry ganará, y nosotros, quedaremos como los malos. No importa que tanto expliquemos, o aleguen por nosotros. 
            Siempre seremos vistos como mortifagos, como los que siguieron al Señor Tenebroso. 
            Así como Black que a pesar de ya estar muerto, lo siguen culpando de algo donde es inocente. 
            ¿Qué deberías esperar tú? ¿O qué debería esperar yo?  
            Una vida asegurada en Azkaban, viviendo de pena por parte de Harry, porque, vamos, lo conocemos. 
            
            Al único lugar a donde iré, será el campo de flores. 
            Esperaré mi muerte, bailaré con ella y, me iré sabiendo que no te debo nada."
            
            Y más abajo, como si fuera escrito con prisa, decía:
            " Me retiro. 
            Viviré con la pena y tristeza de que has muerto. 
            Esta carta será encontrada por Harry Potter, yo lo sé. 
            Así que, Harry, se un hombre libre ya. Recupera tus estudios y vive.
            Te quiere, Felix Y."
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-ccapu

— ¿Cómo no podría serlo? —preguntó más como para si mismo. Aunque se quedó quieto y siguió hablando.— Sobre los recuerdos... 
            Severus suspiró negando un poco. La curiosidad era humana después de todo, pero, no creía que ese fuera el momento.
            — Potter, no creo sea-
            — ¡No es sobre mi madre, es sobre... Sobre, Felix!
            El azabache frunció el ceño, alzando una ceja después. 
            — ¿Qué tiene que ver con...? —preguntó susurrando, deteniéndose después. Tal vez... Tal vez más recuerdos de los necesarios se habían ido entre sus lágrimas. 
            — Usted y él... Eran, mejores amigos... ¿no? —siguió preguntando Harry pero con, pena al parecer.
            — Yo no lo llamaría así, Potter. 
            — Por favor, señor... Es que, es, usted lo conocía muy bien... Solo quiero saber dónde podría estar...
            
            Snape se quedó mirando a Potter con indiferencia. Sabiendo lo importante que debía ser Felix Yaxley para Harry Potter.
            Aunque, se preguntaba que recuerdos debió haber visto el muchacho como para que pensara que ellos dos eran los más grandes amigos.
            — Potter... Hay algunas cosas que Yaxley no quisiera que supieras, como el hecho de que alguna vez fue un mortifago.
            El castaño bajó la mirada, recordando lo que pasó exactamente cuando Bellatrix Lestrange y compañía se dirigian al Bosque. 
            —... Y creo que si Yaxley se fue sin decir nada, es una de ellas —terminó de decir el mayor. No muy convencido incluso de su propia respuesta.
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-ccapu

A futuro: 
          - Mr. Coffee | Nanami Kento x o´c male. au
          -  Pâtissière | Satoru Gojo x o´c fem. au ° 
          - Devorador de Sueños | Felix Fathom x o´c male x Kagami Tsurugi.  °
          - Eternity | Severus Snape. 
          - La Danza de las Serpientes | S.S et o´c. 
          - El Castigo de Miguel | Original.

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- Shadow of a Man | Gwen Stacy × o'c fem. 
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-ccapu

- El Amor de un Padre | Aurum Custos, Severitus
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-ccapu

- La Manzana de Eva | Arima Kisho x o'c male. 
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-ccapu

Cómo los perros hacen al morir | HP
          Spit - Show Me the Body, Princess Nokia 
          ALERTA: SA. 
          
          1979-1980
          Felix era un buen mortífago. O eso al menos le decía eso el Señor Oscuro y Lucius Malfoy. Hacía al pie de la letra lo que le pedían. Al ser de una buena familia, tenía más oportunidad de opinar, de dar órdenes, pero prefería siempre estar en silencio. 
          Su mente ya estaba más que destrozada al ver cómo ciertos mortífagos lanzaban maleficios a familias inocentes. A él también se lo habían pedido. 
          Torturó una familia y eso había sido la gota que hacía casi derramar el vaso para largarse de ahí. 
          Pero, no quería dejar solo a Severus, ni a Narcisa aunque tuviera a Lucius. 
          
          Esa noche, había terminado una reunión de ataque. El aire olía a humo, a cuero viejo y a cenizas. Algunos se iban en grupo, y otros solos. Yaxley había decidido quedarse para esperar a Snape y mientras, recogía sus cosas de una mesa larga.
          Entonces, sintió una presencia tras él.
          — Te ves tan distinto cuando no hablas —murmuró la voz raposa de Travers, un amigo de Carrow. Uno de los más cínicos y crueles. Había visto cómo mataba a una niña. Felix se giró lentamente, cansado pero sin mostrar emociones. 
          — Me retiro, si me disculpas —iba a dar un paso, pero el otro lo detuvo, agarrándolo del antebrazo con fuerza que claramente el menor no poseía. 
          — Siempre he querido saber cómo suena tu voz cuando no finges esa estúpida calma. —su tono era venenoso. 
          El rubio no respondió. Solo intentó soltarse. Entonces, el mayor se acercó, demasiado. Fue tan rápido que ni su varita le habría servido. Los labios de ese hombre estaban sobre los suyos. 
          El menor se quedó helado, no respondió, no gritó. Hasta que sintió cómo este hombre le mordió el labio de forma brusca. Quiso apartarse pronto, pero su cabello fue sujetado con demasiada fuerza, tanta que soltó un gemido de dolor. 
          Cosa que aprovechó Travers para meterle la lengua.

-ccapu

No volvieron después de eso. 
            Salieron de ese lugar a medianoche y tomados de la mano, regresaron sin prisa a Grimmauld Place, donde los esperaba el silencio. 
            Tan pronto pasaron el umbral de la puerta y esta se cerró, de nuevo volvieron a besarse con demasiada intensidad, sus alientos se entremezclaban que olían a alcohol. No había más que ellos, que esa sensación de haber podido superar algo.
            No hubo besos de lengua, no había necesidad. Los dos subieron a la habitación de Sirius y se encerraron ahí. Sacos, corbatas y zapatos tocaron el suelo. 
            Black llenaba de besitos el rostro del rubio quien mantenía sus brazos sobre el cuello de este. Ya estaban acostados los dos, uno sobre el otro. 
            — El cuello no, —comentó el alquimista entre risas leves.— me da cosquillas.
            — No me culpes —contestó el mayor.—, tienes una risa encantadora.
            Sus frentes se unieron mientras los dos sonreían completamente. El cabello chino de Black caía a los lados del rostro de Yaxley quien tenía su cabello hacia atrás, un poco esponjado y su delineador un poco corrido. 
            Una escena de verdad íntima. 
            Algo que, se merecían tener. Yaxley entrecerró sus ojos, brillaban con intensidad viendo a los de Sirius. Subió su mano del cuello hacia la mejilla de este y la acarició con suavidad.
            — Lo que sucedió entre nosotros no debió acabar así... Pero siempre he pensado —murmuró.—, que las cosas pasan por algo... 
            — Puede ser.
            — Otro misterio de la vida.
            — Creo que lo resolverás.
            — Mm, puede... Ahora, solo quiero que me beses, y que me acaricies hasta que pueda olvidar todo lo demás... 
            Yaxley lo atrajo hacia el para besarlo suavemente. Un beso lleno de afecto que no podía explicar en palabras; y Black, correspondió mientras sus manos se dirigieron hacia la cintura del menor. 
            
            Esa noche quedó grabada en sus corazones. Algo que no cabía en la palabra "amor". 
            A la mañana siguiente que Harry quería saber como les había ido, solamente pudieron decir que bien, aunque a Yaxley lo delató un sonrojo.
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-ccapu

Felix  Yaxley, contra todo lo que había pronunciado minutos antes, no lo detuvo. Sus manos terminaron aferradas al saco del animago, respondiendo con igual intensidad, con una mezcla de furia y necesidad. Era dolor y alivio al mismo tiempo, un choque de dos almas marcadas que, aun con cicatrices, encontraban refugio en el otro.
            
            Cuando Sirius bajó una de sus manos con descaro hacia la cadera del rubio, Yaxley se tensó, rompiendo apenas el beso, jadeante. El mayor recordó lo anterior, y estuvo a punto de apartarse cuando escuchó, apenas un murmullo:
            — No... sigue.
            
            El azabache se quedó helado, sorprendido de que el rubio se lo pidiera. Sus ojos grises buscaron los del alquimista, intentando leer si de verdad lo decía en serio. Este asintió una sola vez, apenas perceptible, con un leve temblor en su mandíbula.
            Black tragó saliva, y su agarre cambió: de firme y ansioso, a suave y cuidadoso. Deslizó lentamente los dedos sobre la curva de su cadera, probando hasta dónde podía llegar, hasta dónde Yaxley se lo permitía. Lo hacía despacio, como si acariciara algo sagrado que temía romper.
            Y el menor, solo cerró los ojos por un instante, conteniendo el aire, pensando en Black y en esa sensación. La tensión no desaparecía, pero el contacto era diferente: no era una invasión, era algo que deseaba, que se sentía bien.
            — Así... ¿está bien? —preguntó el azabache en voz baja, con un tono inusualmente suave, casi reverente.
            — Sí... —susurró Felix, y aunque aún había un filo de miedo en su voz, también había alivio.
            El animago sonrió apenas, sin el descaro de siempre, más bien con alivio. Sus manos después fueron a su espalda por arriba de la ropa del menor, dando suaves caricias y de nuevo, a si cintura. Parecía que en ese gesto quería que se acostumbrara el rubio, que sintiera confianza que no haría más que lo que pudiera Yaxley marcar como un límite.
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-ccapu

El agarre de Black en su muñeca era fuerte, casi desesperado, y cuando el rubio se iba a liberar, el animago lo jaló con un impulso que lo hizo chocar contra el. No fue suave, no fue delicado, fue un gesto brusco lleno de urgencia, como si quisiera borrar cada palabra que el menor acababa de pronunciar.
            — No vuelvas a decir eso —gruñó entre dientes, y su voz sonó rota, casi temblando. Sus ojos grises, ardientes, lo buscaron debajo de la máscara dorada que Yaxley aún llevaba. — No vuelvas a decir que debo dejarte ir.
            
            Este quiso replicar, pero Black no le dio espacio. Lo empujó suavemente contra la pared del pasillo, quedando muy cerca de él, tan cerca que el calor de su respiración le rozaba el rostro. 
            — ¿Sabes qué pienso yo? —continuó el azabache, con esa manera tan suya de escupir palabras entrecortadas cuando la emoción lo sobrepasaba—. Que tienes un maldito don para hacerme sentir vivo después de tanta mierda. ¿Qué más fuerza quieres que esa?
            
            Yaxley lo miraba, sin saber si debía retroceder o dejarse caer en esas palabras. El corazón le golpeaba en el pecho como nunca, y su máscara parecía cada vez más pesada.
            
            Sirius levantó una mano, temblorosa, hasta quitarle la máscara blanca con bordes dorados. La sostuvo apenas un segundo y la dejó caer al suelo, sin importarle.
            — Quiero verte, no a esta maldita máscara —dijo con firmeza. El alquimista por fin se encontraba libre, desnudo frente a esos ojos que no lo juzgaban, sino que lo hacían sentir tanto. Intentó apartar la mirada, pero Sirius lo tomó del rostro con ambas manos, obligándolo a mirarlo.
            
            — No sé cómo demonios sanar lo que viviste... —murmuró, su voz quebrándose apenas— pero no pienso dejarte cargarlo solo.
            
            Y sin esperar respuesta, lo besó. No fue un beso calmado, fue hambriento, ardiente, con los labios de Black devorando los suyos, como si quisiera arrancarle el miedo a golpes de pasión.
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-ccapu

Cómo los perros hacen al morir | HP
          Table for Two - Abel Korzeniowski 
          Quinto año. 
          
          El ministerio llamaba mentiroso a Harry Potter. Decía que el Señor Oscuro no había vuelto, que había sido un lamentable accidente lo que le sucedió a Cedric Diggory. 
          Y eso, lo mantenía muy a raya la nueva profesora de Defensa contra las Artes Oscuras, Dolores Umbridge. Una enviada del ministerio. Bien, ¿qué más podría salir mal ese año? 
          
          Para Felix, lo que podría salir mal, era una carta enviada por Lucius Malfoy para saber cómo estaba, cómo deseaba verlo. Una invitación para las fiestas de Diciembre. Y otra carta, de su hermana Lynette que en palabras cortas, decía que podía ocupar la casa; por supuesto, esa pe-, esa mujer, solamente no estaba cuando el tampoco podía estarlo. 
          
          Cierta noche de la primera semana, había sido llamado por Dumbledore, quien lo esperaba en su oficina. El murmullo leve del fuego de la chimenea no bastó para apaciguar la tensión que sintió Yaxley al entrar y ver a Snape ahí sin dirigirle la mirada. 
          Albus salió un momento y fue que pudo decir algo.
          — Habla —dijo finalmente dándole la espalda al mayor de altura. En sus manos yacía una carpeta.—. No puedo concentrarme con este silencio colgando como un maleficio. 
          — ¿De verdad tengo que decir algo? —La voz de Snape fue baja, aunque, contenía una acidez que intentaba no salirse del todo.— ¿Después de todos estos años? 
          El rubio se giró en silencio. Sus ojos grises, tranquilos, se encontraron con los oscuros de su amigo. 
          — No sé que creas que hago, pero no creo que sea merecedor de tanto odio. 
          Snape avanzó un paso. 
          — No estás haciendo, Yaxley. Lo estás considerando. Lo cual, es peor, porque tú piensas demasiado. 
          — ¿Y ahora pensar, es un crimen?
          — Cuando el objetivo de tus pensamientos ese ese perro de Grimmauld Place, si —escupió el azabache, ahora si, con veneno.

-ccapu

— No, pero... Se que querías seguir con los besos —comentó en un murmullo el profesor.—, agradezco que hayas respetado el parar... Así que cómo compensación pensé en tomarte de la mano, ¿te gustaría? 
            Black sonrió completamente y tomó la mano de Yaxley. Sus manos eran casi iguales, solamente que las del profesor eran más delgadas y un poco más pequeñas, y las de él, eran rasposas y duras gracias a los años en Azkaban. 
            Ninguno dijo más esa noche. 
            
            Black se durmió rápidamente, pero Yaxley no. Estaba pensando. Pensaba y pensaba. 
            No negaba que el beso, el tacto en su rostro, se había sentido bien, se sintió querido, pequeño, ¿deseado? Cosa que hacía años no sucedía. 
            Sin embargo, también sintió algo que no sentía también hacía años.
            
            Miedo. 
            
            Un miedo que, crecía desde la boca del estómago y se dirigía a todos lados de su cuerpo. Recordaba, recordaba cuando fue la primera y última vez que sintió eso. 
            Tenía 20 años.  
            Estaba decidiendo seriamente si dejar a los Mortífagos. Pero seguía ahí solamente por Severus.
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-ccapu

El corazón de Black se detuvo un momento. Se retiró de inmediato, y sus ojos buscaron a los del menor de altura. No con reproche, sino con preocupación.
            — ¿Te... Hice daño? —preguntó él. Felix negó lentamente sin mirarlo aún. Tragó saliva con dificultad, pensando durante un momento, sobre decirle la verdad de porque quería detenerse. Aunque, después se arrepintió. 
            — No es eso, es que... no estoy listo, aún. 
            
            La luz tenue que entraba por una rendija del dosel iluminaba apenas los contornos de su rostro, y Black pudo ver que hablaba en serio. Lo entendía. Habían pasado años desde que ellos habían tenido algún tipo de contacto; y además, desconocía si Felix si había estado con alguien de forma sexual o romántica. 
            — Esta bien —respondió el mayor de altura. Su voz sonaba calmada, incluso cálida.—. No haré nada que no quieras, no tienes porque darme explicaciones.
            El rubio parpadeó y volteó a verlo por fin, con esos ojos grises que parecían pedir perdón por sentir tanto y decir tan poco. 
            — Solo... —empezó a hablar, con un tono contenido.— No te vayas, quédate, aquí por favor. 
            
            Sirius sonrió un poco, y asintió. Solamente saliendo del cuarto para irse a cambiar. Al regresar, Felix ya lo estaba, con esa pijama de seda plateada que lo hacía ver más delgado de lo que era.  Los dos se metieron a la cama después de haber cerrado la puerta. 
            Miraban hacia el techo del dosel, sin decir nada. No tenían porque realmente hablar sobre algo. Con algo se empezaba. Poco a poco habría más oportunidades de estar juntos. Ya no había necesidad de esconderse. 
            A Felix le gustaba dormir con los brazos fuera de las sábanas, y a Sirius no, le gustaba dormir enrollado, pero esa noche, era un poco diferente. 
            Black también tenía los brazos por arriba de las sábanas. Sus manos casi se tocaban ya que estaban juntos. Eso lo notó el rubio, quien, movió su meñique levemente tocando la mano del azabache.
            — ¿Pasa algo? —preguntó el animago volteando de reojo con el contrario.
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-ccapu

Tuvo que girarse para comprobar que lo que sucedía era cierto. Felix lo miraba directamente, se había sentado sobre la cama y sus piernas. 
            Pero este hombre rubio con mechones negros, se notaba algo colorado, podía notarlo, más que nada en sus orejas. Su voz fue baja, temblorosa pero decidida. 
            — Haz lo que tengas que hacer.
            Black parpadeó. Fue él ahora quien se sonrojó. Se metió de nuevo, dejando que el dosel se cerrara. 
            Los dos se miraron de frente, como esperando algo. 
            Felix no dijo nada tampoco, solo se quitó los lentes con manos torpes y los dejó con cuidado sobre la almohada. No sabía si lo que hacía estaba correcto, se sentía cómo si fuera la primera vez en besar a alguien; cómo si fuera ese adolescente de 16 años. 
            Fue Black quien se inclinó de nuevo. 
            
            Primero, un beso ligero, casto, en la mejilla izquierda. Después, un segundo más cerca de la comisura. Sus respiraciones se mezclaban, hasta que por fin, besó los labios delgados del profesor. Un beso suave, contenido. Como si tuviera miedo de romper algo frágil.  
            Los dedos del mayor de edad se aferraron a la tela de la camisa de Sirius, temblorosos. Necesitaba sostenerse de algo. 
            El beso seguía, era lento, de los dos, lleno de nervios y de una tensión contenida por años. Las manos del azabache sostenían el rostro del contrario con cierta torpeza que solo un adolescente podría tener, y sin embargo, estaban tan lejos de serlo. 
            Se separaron solamente un poco, a escasos centímetros de besarse otra vez. Yaxley entrecerró los ojos, sus párpados temblaban y su respiración se había agitado de forma apenas perceptible. Black quiso volver a besarlo, quería acercarse más, bajando lentamente una de sus manos por el cuello del rubio y deslizándola con delicadeza hasta rozar su cintura. Pero justo cuando lo hizo, el rubio lo detuvo.
            — No —dijo, con un tono suave pero firme, tan tembloroso que parecía un susurro. Sus manos se habían apoyado contra el pecho del animago, apenas haciendo algo de presión.
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