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A futuro: 
          	- Mr. Coffee | Nanami Kento x o´c male. au
          	-  Pâtissière | Satoru Gojo x o´c fem. au ° 
          	- Devorador de Sueños | Felix Fathom x o´c male x Kagami Tsurugi.  °
          	- Eternity | Severus Snape. 
          	- La Danza de las Serpientes | S.S et o´c. 
          	- El Castigo de Miguel | Original.

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- El Amor de un Padre | Aurum Custos, Severitus
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- La Manzana de Eva | Arima Kisho x o'c male. 
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A futuro: 
          - Mr. Coffee | Nanami Kento x o´c male. au
          -  Pâtissière | Satoru Gojo x o´c fem. au ° 
          - Devorador de Sueños | Felix Fathom x o´c male x Kagami Tsurugi.  °
          - Eternity | Severus Snape. 
          - La Danza de las Serpientes | S.S et o´c. 
          - El Castigo de Miguel | Original.

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Cómo los Perros Hacen al Morir | HP
          Gravity - HH.
          Lynette Yaxley.
          
          Los pasillos del Departamento de Misterios olían a humo y había mucha bulla. 
          La mujer, caminaba como si no tocara el suelo. El taconeo de su calzado negro era suave, casi imperceptible, como el de su hermano. 
          Su túnica era plateada y gris, nada se reflejaba en ella. 
          
          Sabía. 
          Sabía que lo que tenía que pasar, pasó.
          Movió hilos, y ellos* terminaron en donde debían. Solo que... 
          
          — Señorita Yaxley —una joven archivista entró a la oficina de la mujer mayor, la cual estaba sentada, viendo una foto de su escritorio.—, hay un expediente, de ayer... ¿Lo revisará? 
          — Tráelo —respondió seca. 
          La menor desapareció y el archivo voló hasta el frente de ella. Lo tomó con rudeza y lo abrió. Ya lo sabía, sabía todo. 
          
          " Sirius Orion Black muerto tras caer en el Velo de la Muerte. " 
          
          Solo que el muerto no era el que debía. Se suponía que sería Harry James Potter. ¿Qué había fallado? ¿Quién aviso a la Orden? Se preguntaba mordiendo el interior de su mejilla. 
          
          Hacía un tiempo, se había enterado en una de sus pasadas a la mansión Malfoy, gracias a Kreacher que su querido hermanito tenía un lazo con el muchacho Harry Potter. 
          Y por supuesto, quería hacerlo sufrir tanto como él a ella.
          
          Pero, no sabía.
          No sabía que aquel nombre era el talón de Aquiles de Felix. 
          No sabía que, sin querer, destruyó el único lugar donde él había encontrado un hogar, una familia. 
          
          Suspiró pesadamente, tocando su antebrazo izquierdo por inercia. 
          Tendría más oportunidades. Lo sabía. 
          Se levantó de la silla y se acomodó un mechón rubio lacio por detrás de la oreja. Frente al espejo de su oficina, sonrió. 
          Una sonrisa minúscula, venenosa y hermosa como un filo. 
          — Mm, Felix... Pronto ese orgullo va a caer... —miró hacia abajo donde vio un pequeño insecto caminar sobre su alfombra, levantó el pie y lo aplastó con la punta de su tacón.
          
          Pronto, faltaba poco para reunirse con su querido Rabastan y su amigo, Travers.

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Mientras los años pasaban, se daba cuenta que compró todo lo que quiso alguna vez. Cambió su personalidad, compró ropa. Era un nuevo él. 
            Alguien que lucía hermoso por fuera y por dentro, también se sentía así. Pero no lo era. Era un cobarde, un hermano e hijo terrible. 
            Pocas veces veía a su hermana en la mansión en temporada de vacaciones, evitaban coincidir y por eso de alguna forma supieron cuando debían de no ir. Yaxley varón iba en vacaciones de verano porque eran más largas que las de invierno, y Yaxley mujer, iba en invierno. 
            Ella con mucho" esfuerzo logró comprar una casa para ella sola, y solo regresaba a la mansión por puro orgullo. 
            
            Y esta vez, fue una de esas pocas veces en las que Felix y Lynette se toparon frente a frente. Después de varios años.
            
            Actualmente.
            
            El profesor de Alquimia regresaba a su mansión esas vacaciones de verano. Otro año concluso, y otras vacaciones que pasaría solo. 
            Entró por la puerta después de un largo viaje en tren, y solo quería descansar un poco. Entre pensamientos y las pocas ganas de poner atención, abrió la puerta de su mansión y fue recibido por un pequeño elfo doméstico. 
            — ¡Amo Felix, que bueno verlo! —exclamó Danny. El elfo.— ¿Quiere agua, té? ¡Todo está limpio y ordenado como le gusta!
            — Ah... Si... Gracias Danny... —susurró el ojigris encorvado ligeramente hacia adelante. Como si le pesara todo.— Quiero descansar, te hablo cuando te ocupe... Tu también descansa...
            
            Subió las largas escaleras mientras intentaba no desplomarse ahí mismo. Su andar era lento, y cargado de emociones negativas. 
            Llegó a la sala de en medio del segundo piso, donde era su lugar, de nadie más. Solo suyo. 
            En forma circular, con un librero, plantas, dos sofás de dos personas, un fonógrafo y una ventana falsa que daba una luz café oscuro. 
            Arrastró sus pies, y mientras se sentaba, se quitaba el saco el cuál levitó hasta colgarse en un perchero. 
            
            Se dejó hundir en el sillón. Estaba derrotado. Y se sentía una mierda por dentro.
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-ccapu

Volteó a ver a Andrealphus, con una mueca y lo señaló.
            — Y tú... Yo sé que fuiste tú el que le dijo al señor Malfoy que comprometiera a su hijo con la hija de los Black... Te vi, te vi hablando con él, y solo tú sabías que estaba enamorado de Narcisa —puso su mano en su propio pecho, herido, dirigiéndose ahora a su hermana.—, ¿por qué Lynette podía casarse con Rabastan y yo no con Narcisa? ¡¿Eh?! ¡Di algo! 
            
            De repente, la habitación se tornó más oscura, ventosa y húmeda. Volteó hacia arriba y una tormenta dentro de esa habitación se empezaba a formar.
            — ¿Y qué culpa tenía yo? —exclamó la mayor. Con una mueca de tristeza ahora.— ¡Me hubiera gustado mucho que también te hubieras podido casar por amor, pero yo no tuve la culpa! 
            — ¿No? ¡¿No?! Si fuiste tú quien le dijo a mi padre de mis sentimientos... Y no dudo que también fuera tu idea el querer comprometerme con Eleanor... 
            
            Y antes de que cayera el rayo, Felix Yaxley se desapareció de la mansión.
            
            A la mañana siguiente, supo que su padre estaba muerto. Y en una semana, recibía al abogado que le leyó el testamento. 
            Tenía a su nombre, todo. Menos la mansión, esa estaba bajo el nombre los dos hermanos Yaxley. 
            
            Esperó hasta el fin de semana hasta visitar Gringotts y abrir su bóveda, dónde al quedar solo, se dejó caer a la pila de dinero que había. Riendo y, pensando en lo afortunado que era. 
            Al menos, así era.
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-ccapu

Un pequeño mechón rubio de Yaxley menor empezó a elevarse junto con el demás de su cabello, y solo pudo susurrar: Protego.
            Por si las dudas.
            — Que tan hijo de... De... Debes de ser para ser tan cobarde y no decirle. 
            Andrealphus no entendía nada, pero tenía una cara de pocos amigos.
            — ¿Qué intentas decir, Lynette? ¿Qué hizo? ¿Qué hiciste? —volteó a ver al menor quien no podía mirar a su padre.
            — Yo te digo, papá... —el tono de voz de la fémina se hizo chillón.— Era un día antes de mi boda, donde estábamos reunidos los Lestrange y los Yaxley, ¡felices! Y, cerca de medianoche, vi a mi querido hermanito ir con mi prometido y hablaron, pensé —hizo una pausa, sacando su varita por lo bajo.—, que serían los perfectos cuñados... Pero que equivocada estaba. Esa noche en nuestra cama, mi prometido empezó a hacerme cientos de preguntas, cuestionándome mi valor como mujer... ¿Qué debería de pensar? 
            — Lynette, por favor, ¿tomaste tu medicamento ese día? —interrumpió Yaxley menor. Claramente intentado evadir el tema.
            — ¿Por qué mi prometido de repente, me haría esas preguntas? ¡¿Por qué?! —exclamó la rubia, pasando por detrás de la silla de su padre. Quien, pensaba con inquietud.— ¿Y quién más, que mi hermanito para inventarle cosas? ¿Quién más, para... Meterle veneno por las orejas? ¡No conozco a nadie tan manipulador como... Tú! 
            A medio metro se veían fijamente. 
            — Me tardé en comprenderlo —susurró la mayor, continuando su relato.—, pero quien más... Todos querían esa unión, menos tú, Felix Yaxley... 
            — ¿Por... Por qué? —preguntó el padre. Pensando en que sería una mentira, esperando a que su hijo desmintiera eso, pero, al verlo apartar la mirada bruscamente y volverla con enojo, no pudo evitar sentir una punzada en el pecho.
            — Bien... Muy bien, Lynette. Ya te habías tardado, un poco... —se levantó de la silla y acortó esa distancia con su hermana.— ¿Por qué tú merecías casarte por amor, y yo no...?
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-ccapu

Cómo los Perros Hacen al Morir | HP
          Everything is romantic - Orchestra Club, Alina Kay
          1978.
          
          Severus caminaba por los pasillos de la Mansión Malfoy mientras cargaba con el cuerpo inconsciente de Avery. Un auror le pegó un hechizo de aturdimiento.
          En sus ojos se notaba el cansancio que traía por andar preparando la noche anterior, pociones para los Mortífagos. 
          — Mierda... Avery, despierta... —susurró para si mismo. Era demasiado pesado para cargarlo por si solo. Cerró los ojos un momento cuestionándose si abandonarlo en medio del pasillo o levitarlo. Hasta que sintió menos peso en su hombro y volteó  a su lado.
          Era Yaxley. Con una media sonrisa, de semblante igual de cansado, pero ahí estaba. Sosteniendo el otro brazo del joven castaño.
          — Severus, me preocupaba que no hayas llegado a la comida —dijo y ambos empezaron a caminar con rapidez. Era más fácil de ese modo.
          En una habitación aleatorio, tumbaron a su amigo.
          — Ah, si —suspiró el menor.—, por esto me tardé... Es, demasiado pesado para mi solo.
          — Para eso me tienes a mi —contestó el de mechas negras.—, vamos a comer, ¿si? Creo hoy hay de tu favorito. 
          
          Severus no pudo evitar hacer una mueca. Leve que parecía una sonrisa. Salieron de ahí y caminaron juntos. A pesar de todo, Felix Yaxley estaba ahí. Sacándole alguna risa, o aprender más de la palabra paciencia, o sacándole sustos. Incluso aprendió de la palabra paciencia. 
          Él jamás lo dejó solo, por lo que, al ver a su amigo desmayarse. 
          Tuvo que socorrerlo de forma rápida. 
          
          Actualmente.*
          
          El sonido seco de los zapatos de Yaxley rozando la alfombra fue lo único que interrumpió el silencio.
          — ¡Felix! —lo llamó con voz baja, pero firme, acomodándolo entre sus brazos. El cuerpo del alquimista estaba rígido, tembloroso; su respiración, irregular. Por un segundo, el pocionista pensó que se trataba de un ataque o de algún tipo de hechizo.
          Sus dedos buscaron el pulso en el cuello, y lo encontró, rápido pero errático. No había sangre, ni signos de maldición visible.

-ccapu

— Está ocupado —dijo en corto. Sin dejar espacio para una réplica.—, ahorita no ganas nada en buscarlo.
            Felix apenas parpadeó, la sangre descendía por la palma, goteando sobre la alfombra.
            Severus se puso tenso, no sabía como más ayudarlo. Lo tomó del hombro y con una suavidad demasiado medida, lo sentó en el sillón donde antes Harry iba a hacer sus tareas. 
            Sacó su varita y un frasco pequeño que siempre cargaba. Murmuró un hechizo, tenue. La piel desgarrada empezó a cerrarse.
            — Una visión falsa llevó a Potter al Ministerio —explicó al mayor, sentado a su lado. Sin recargarse porque estaba listo para brincar si era necesario.—, yo mismo me encargué de buscar a Black por la chimenea, respondió y avisé a los demás de la Orden, pero... No hizo caso el... 
            Se abstuvo de decir alguna grosería y solo guardó su varita.
            — Es un testarudo... Era... —murmuró con un hilo de voz.— Debí haber sabido... Debí quedarme dentro del castillo... Har- ¿Harry está bien? —preguntó este. Sintiendo un dolor en su pecho tan, profundo. Queriendo levantarse e ir a buscarlo, pero de nuevo, el profesor de pociones lo detuvo.
            — Potter está bien —sentenció.—. Seguramente con Dumbledore, déjalo. 
            — No puedo, Harry... Sirius —bajó la mirada, sintiendo sus ojos picar.—, ah... No puedo respirar... Severus... 
            El azabache lo tomó de las mejillas con fuerza.
            — Respira, toma aire... Sabes perfectamente el ejercicio, Felix.
            
            Una. Dos. Tres. Inhalación, exhalación. 
            
            Las telas de sus túnicas estaban una sobre la otra. Dorado, negro. 
            
            Y un pequeño sollozo al final se escuchó en el despacho. Por supuesto que lo entendía. Entendía todo. Pero, ¿qué tan retorcido y sucio tenía que ser, para no sentir nada sobre la muerte de Sirius Black? ¿Estar... Feliz de que por fin esté muerto? 
            Se preguntaba, si en verdad... Sintió ese miedo que alguna vez sintió él. De cuando lo acosaban, cuando le hacían de todo. 
            No pudo evitar sonreír, por supuesto, ocultando su verdadero sentir.
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-ccapu

— Bellatrix lo empujó al Velo en la Cámara. 
            No era necesario decir más, Yaxley conocía perfectamente esos lugares. Su familia trabajaba ahí en el Ministerio. 
            El ojigris retrocedió un poco, hacia una columna cercana, apoyándose de la espalda. Pero, en vez de llorar como pensó Snape, este rió.
            — ¿En serio, Severus? —preguntó viéndolo fijamente. La luz de las antorchas iluminaba levemente el lugar.— ¿En serio odias tanto a Sirius cómo para decirme estas cosas? —bajó la mirada, acercándose a este quien tenía una mueca.
            — Felix, esto es en serio... —volvió a su tono mordaz.— Sirius Black está muerto.
            — Ajá, y yo soy estúpido —su atención se centró a los frascos y con su varita los hizo moverse hacia un librero vacío.—, Snape... No sabía que podrías ser tan bromista... 
            El mayor frunció al ceño, enojado. Lo tomó de un hombro para darle media vuelta, encarándolo, sujetándolo y arrinconándolo.
            — Yaxley, revisa en la chimenea, llámalo si quieres... No contestará —sentenció este. Alzándole la voz.
            — ¡Bien, mierda, lo haré! —empujó al ojinegro lejos. Ya un poco harto de eso. 
            Los dos salieron y se dirigieron a su despacho, y mientras caminaban, se podía escuchar a los cuadro hablar.
            " ¿Lo has oído? Dumbledore está de regreso." 
            
            Pero Felix no preguntó. Siguió de largo hasta sus aposentos. Abrió la puerta y escuchó un leve crack bajo su bota.
            Volteó hacia abajo y encontró vidrio roto. Alzó una ceja y con su varita la levantó.
            Snape entró y se dirigió a la chimenea de este.
            — Grimmauld Place, 24 —dijo con voz firme y esta se iluminó.
            — ¿Ves? Ahorita contesta.
            Pero pasaron los minutos, y nada. Nadie. Snape volteó a ver al rubio con esa mueca de te lo dije, pero Felix no lo veía a él, ni a la chimenea, si no, al vidrio en sus manos.
            — ... La flama —murmuró para él. El regalo de Sirius, ya no estaba. Aquella esfera que contenía esta, estaba rota. Entonces, no estaba jugando Snape. 
            Era cierto. 
            Apretó el vidrio entre sus manos.
            — ¿Dónde está Dumbledore? —preguntó.
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-ccapu

Dark Fantasy — Pianza. 
            
            Aquella mañana parecía ir muy bien. Se levantó con el pie derecho, y se sentía un poco mejor respecto a lo que había sucedido hacía meses.
            Antes de salir de su despacho, tomó la pequeña esfera y sonrió con ternura. Faltaba menos de un mes, y podría ver a Sirius. Solo un poco más. 
            Su maquillaje aquella mañana brillaba más, su rostro poco a poco recuperaba su color. 
            Y como sabía que pronto se iban a terminar las clases, decidió desde temprano sacar a los muchachos de tercer año a los bosques, a buscar plantas y así. Hongos, cualquier cosa útil. 
            Ese día no regresó al castillo. Se la pasó todo el día fuera, hasta que vio a lo lejos, cerca del patio de la escuela algo de pirotecnia, ¿estaba viendo bien? 
            — Mire profesor, ¿ya vio? —señaló un niño de primero. 
            —  Si, se ve increíble, ¿no?
            
            De esa forma, siguieron en la clase. Terminaron cerca de las cinco de la tarde, pero Yaxley volvía apenas al castillo dos horas después. 
            Regresaba algo cansado y el olor a hojas húmedas pegadas a la túnica dorada. 
            Entró a su salón minutos después, los pasillos estaban tranquilos, nada más. 
            No vio otra cosa. 
            Cerró la puerta tras de sí cuando sintió una presencia externa a todo. 
            Una figura oscura, de pie cerca del escritorio. 
            Snape.
            
            — Pensé que estarías en las mazmorras —dijo el rubio, tranquilo. Acercándose para dejar las muestras de todos sus alumnos. Severus dio media vuelta y lo miró fijamente.
            — Felix —murmuró. Pero, con un tono algo diferente, menos arrastrado, más vivo.
            —  ¿Qué pasa? —preguntó el mayor de edad. Empezando a pensar que lo traería ahí de ese modo.— ¿Estás borracho? 
            Señaló dejando los frascos con calma y volteando a verlo ya más atento.
            — Black —respondió, tragó saliva, bajando la mirada un momento.—, Sirius... 
            Yaxley se sostuvo del escritorio un momento, Severus jamás le había llamado Sirius a Black.
            — Potter y compañía fueron al Ministerio, fueron a rescatarlo... Black no volvió, están de nuevo en el castillo todos.
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Cómo los Perros Hacen al Morir | HP
          Infinity - Jaymes Young 
          Navidad y Año Nuevo.
          ALERTA; +16
          
          
          — ¿Pasarás Año Nuevo con los Malfoy? —preguntó por segunda vez el animago ese 24 de Diciembre en la tarde. 
          La casa estaba decorada acorde a la festividad, llevaban puestos suéteres verdes y rojos, incluso Yaxley usaba una camisa roja que combinaba bien con su pantalón blanco.
          —  Eso dijo Dumbledore en la mañana, — contestó el rubio sin alterarse de explicarle de nuevo a Black.— creen que ellos tienen contactos con ciertas personas de interés para la Orden así que me pidió que aceptara su invitación.
          
          Esa mañana había ido Albus a ver específicamente a Yaxley para pedirle eso, ya que sabía que aún era  amigo de ellos. Así que volvería hasta el 2 de Enero después de sacarles algo de información sobre ciertas personas. También era una excusa para ver como estaba Lucius, y Narcisa.
          — Ya, pero... ¿Es muy a fuerzas de que Queji- Snape, vaya? —murmuró Sirius con una cara de asco que intentaba cubrir.
          — Si, y me quedaré hasta el cinco si le sigues diciendo a Severus, Quejicus. — amenazó el rubio despegando la vista de su libro mientras se hallaban sentados en la sala del segundo piso.
          — La costumbre, perdón.
          — Lo pensaré. 
          Black apartó la vista hacia la chimenea y vio de reojo hacia la puerta como llegaba Harry con un suéter tejido por Molly ya puesto del año pasado.
          — Hola Sirius, Felix — saludó el joven de lentes yendo a sentarse en un sillón individual.
          — Hola cachorro — contestó Sirius con una sonrisa.
          — Harry, buenas tardes — dijo Yaxley ya leyendo de nuevo. 
          — ¿Están muy ocupados? 
          — Para nada, ¿ocupas algo? — Black lo miró fijamente.
          — No, solo estaba pensando en donde dormiría yo cuando vivamos juntos.
          Black también pensó un poco. Y el alquimista subió la mirada para verlos a cada uno. Tenían la misma postura al pensar, el mismo gesto. 
          — ¡Lo tengo, dormirás en la habitación que ahorita ocupa Felix! —exclamó Sirius.

-ccapu

— ¿Travers...? —murmuró Yaxley cuando el elfo doméstico traía consigo a ese hombre lleno de cicatrices. 
            Todos los varones estaban en la sala platicando sobre el Ministerio, cuando había sido tocada la puerta y el elfo había ido a abrir. 
            — Ah, Felix, ¿te acuerdas que tenía una sorpresa para ti? —se acercó Lucius con una sonrisa.— Este hombre ha estado preguntado por ti durante años, eran muy buenos amigos, ¿no?
            — Si, buenas tardes —contestó Travers. Un hombre alto, fornido y con el labio con cicatrices, levemente moreno y de cabello largo y azabache. Ojos cafés.
            El alquimista sintió su cuerpo tensarse y el calor corporal incrementar en cuanto su corazón empezaba a latir frenéticamente.
            — Que coincidencia verte por acá, Travers —murmuró Snape al lado de su amigo.—, ¿cómo lograste... pasar desapercibido tanto tiempo? —preguntó con cierta burla en su voz. 
            — Snape, bueno verte, tus bromas siguen siendo horribles —contestó el fornido. Yaxley solo pudo ocultarse levemente detrás de Severus. 
            
            No oía nada. No sentía nada más que en su mente, los recuerdos terribles invadir su mente. 
            — Felix, viejo amigo... 
            Los ojos cafés tan intensos que parecían rojos, miraban a los grises del menor de altura. Se quedaron así cuando el rubio tuvo que contestar ante tanta mirada.
            — Tr- Travers... —bajó la cabeza en forma de saludo. Aunque fueran de la misma altura ahora, no podía evitarse pequeño. Vulnerable. Con miedo. 
            — ¿Deberíamos de ponernos al tanto mientras se hace la hora de la comida? —preguntó Malfoy llevándolo de los hombros hacia su salón privado. 
            
            Snape los siguió poco después aunque se detuvo al ver como Yaxley se quedaba ahí, quieto, sin ninguna señal de querer moverse de ahí.
            — Yaxley, ¿vienes? —preguntó el ojinegro. Pero este no contestó. El pocionista se acercó y en cuanto lo tocó del hombro, el menor se desmayó, logrando atraparlo en sus brazos, cubriendo a ambos con su capa negra.
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-ccapu

— Dile que venga a cenar. 
            Dijo la señora Malfoy un momento antes, y Felix hizo lo que le pidió. Pero Snape no contestaba. Por un momento pensó que podría estar dormido, pero dudaba de eso, no creía que él fuera de tomar siestas, además de que eran las 10 de la noche. 
            No quería perturbarlo, pero debía de. Así que de forma lenta abrió la puerta y se asomó lentamente, la cosa era que el no estaba ahí. Sus cosas si, incluso un traje oscuro estaba colgado en las manijas del closet de roble oscuro. Sabía que no debía de estar ahí, y más conociendo el humor de su gran amigo, pero aún así lo hizo. 
            Había una leve luz de luna desde la venta y se acercó al traje de este. Acariciando la tela de la gabardina y después la del cuello de la camisa. Sonrió un poco y viendo hacia atrás por si se le ocurría aparecer, sacó su varita y dibujó un pequeño lirio debajo de la tela que sostenía. 
            Un lirio blanco perfecto, parecía que lo habían cosido a mano. 
            
            — ¿Yaxley? ¿Qué haces aquí? —sonó la voz grave del profesor de pociones desde la puerta. El de lentes volteó sobresaltándose y guardando su varita en su manga. 
            — Ah, eh... Te buscaba —murmuró notando que este tenía el cabello húmedo.—, ¿qué tal tu baño? 
            Snape guardó silencio y encendió la luz con su varita. 
            — Supongo que bien. —silencio. 
            — Te dejo para que te cambies y vengas a cenar. —así, el rubio pasó al lado del azabache sin tocarlo y cerrando la puerta detrás. 
            
            El alquimista bajó las escaleras rápidamente e informó que en un momento bajaría Severus. Las cosas se volvieron más livianas después. 
            Draco estaba ahí junto a su madre y esta le ayudaba a acomodarse su corbata y peinado. Malfoy conversaba con tranquilidad con Yaxley, y fue que poco después bajó el azabache. 
            Así que esa noche pudieron cenar juntos, como si lo eventual no fuera a suceder después... Pero al menos, hubo calma esa noche. Abrazos de Feliz Año Nuevo, postres, y fuegos artificiales. 
            Todo parecía bien. 
            
            Al menos, así fue hasta la mañana siguiente.
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-ccapu

Snape lo observó de pie, con la respiración aún agitada, la mandíbula tensa. Ver a Yaxley arrodillado frente a él lo descolocaba, lo hacía sentir incómodo, pero no por superioridad, sino porque le evocaba recuerdos que no quería remover. No se movió por varios segundos, hasta que finalmente soltó un bufido bajo.
            — Levántate, Yaxley. —dijo con voz grave, sin ofrecerle la mano.
            El rubio lo obedeció, poniéndose de pie lentamente. Había un brillo de súplica en sus ojos que Severus no quiso ver, así que giró un poco el rostro.
            — Aceptaré... —dijo al fin, con un tono gélido—. Pero no confundas esto con compasión. Es un favor, nada más. Y no esperes de mí gratitud ni comprensión.
            
            — Lo entiendo —murmuró el rubio con cierta tristeza, aunque también con alivio.
            
            Snape se giró hacia la ventana, con las manos tras la espalda, evitando el contacto visual. — No vuelvas a ponerme en esa posición otra vez.
            
            — También lo entiendo. Yo, yo me iré... —dijo el de lentes y antes de volver a cerrar la puerta para irse ya, susurró:— Gracias. 
            
            El ojinegro no volteó, se quedó así. Escuchando el click de la puerta cerrarse. Al estar solo pudo relajar su postura. El que Yaxley le hubiera suplicado, era algo que no veía a diario, y lo cual, no le sorprendía, siempre había algo nuevo en ese tonto hombre alquimista. Pero aún así, entendía el porque lo había hecho. Si hubiera estado en su posición, ¿hubiera hecho lo mismo? 
            
            Por un momento se preguntó, si... Las cosas hubieran sido diferentes entre Lili y el, ¿dónde estaría en ese momento? ¿Hubiera dejado las Artes Oscuras por ella? ¿O qué? 
            
            
            
            — ¿Cómo es que ustedes...? —seguía preguntando Narcisa confundida el día 31. Yaxley quería mantenerse calmado. 
            — Simplemente sucedió, Cissy, solo que no teníamos planeado decirlo ahorita... 
            
            Snape ni siquiera le dirigía la palabra, se mantenía apartado y eso le frustraba un poco. Pero no se acercó hasta esa noche en la cual Severus estaba encerrado en su habitación.
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-ccapu

Cómo los perros hacen al morir | HP
          Spit - Show Me the Body, Princess Nokia 
          ALERTA: SA. 
          
          1979-1980
          Felix era un buen mortífago. O eso al menos le decía eso el Señor Oscuro y Lucius Malfoy. Hacía al pie de la letra lo que le pedían. Al ser de una buena familia, tenía más oportunidad de opinar, de dar órdenes, pero prefería siempre estar en silencio. 
          Su mente ya estaba más que destrozada al ver cómo ciertos mortífagos lanzaban maleficios a familias inocentes. A él también se lo habían pedido. 
          Torturó una familia y eso había sido la gota que hacía casi derramar el vaso para largarse de ahí. 
          Pero, no quería dejar solo a Severus, ni a Narcisa aunque tuviera a Lucius. 
          
          Esa noche, había terminado una reunión de ataque. El aire olía a humo, a cuero viejo y a cenizas. Algunos se iban en grupo, y otros solos. Yaxley había decidido quedarse para esperar a Snape y mientras, recogía sus cosas de una mesa larga.
          Entonces, sintió una presencia tras él.
          — Te ves tan distinto cuando no hablas —murmuró la voz raposa de Travers, un amigo de Carrow. Uno de los más cínicos y crueles. Había visto cómo mataba a una niña. Felix se giró lentamente, cansado pero sin mostrar emociones. 
          — Me retiro, si me disculpas —iba a dar un paso, pero el otro lo detuvo, agarrándolo del antebrazo con fuerza que claramente el menor no poseía. 
          — Siempre he querido saber cómo suena tu voz cuando no finges esa estúpida calma. —su tono era venenoso. 
          El rubio no respondió. Solo intentó soltarse. Entonces, el mayor se acercó, demasiado. Fue tan rápido que ni su varita le habría servido. Los labios de ese hombre estaban sobre los suyos. 
          El menor se quedó helado, no respondió, no gritó. Hasta que sintió cómo este hombre le mordió el labio de forma brusca. Quiso apartarse pronto, pero su cabello fue sujetado con demasiada fuerza, tanta que soltó un gemido de dolor. 
          Cosa que aprovechó Travers para meterle la lengua.

-ccapu

No volvieron después de eso. 
            Salieron de ese lugar a medianoche y tomados de la mano, regresaron sin prisa a Grimmauld Place, donde los esperaba el silencio. 
            Tan pronto pasaron el umbral de la puerta y esta se cerró, de nuevo volvieron a besarse con demasiada intensidad, sus alientos se entremezclaban que olían a alcohol. No había más que ellos, que esa sensación de haber podido superar algo.
            No hubo besos de lengua, no había necesidad. Los dos subieron a la habitación de Sirius y se encerraron ahí. Sacos, corbatas y zapatos tocaron el suelo. 
            Black llenaba de besitos el rostro del rubio quien mantenía sus brazos sobre el cuello de este. Ya estaban acostados los dos, uno sobre el otro. 
            — El cuello no, —comentó el alquimista entre risas leves.— me da cosquillas.
            — No me culpes —contestó el mayor.—, tienes una risa encantadora.
            Sus frentes se unieron mientras los dos sonreían completamente. El cabello chino de Black caía a los lados del rostro de Yaxley quien tenía su cabello hacia atrás, un poco esponjado y su delineador un poco corrido. 
            Una escena de verdad íntima. 
            Algo que, se merecían tener. Yaxley entrecerró sus ojos, brillaban con intensidad viendo a los de Sirius. Subió su mano del cuello hacia la mejilla de este y la acarició con suavidad.
            — Lo que sucedió entre nosotros no debió acabar así... Pero siempre he pensado —murmuró.—, que las cosas pasan por algo... 
            — Puede ser.
            — Otro misterio de la vida.
            — Creo que lo resolverás.
            — Mm, puede... Ahora, solo quiero que me beses, y que me acaricies hasta que pueda olvidar todo lo demás... 
            Yaxley lo atrajo hacia el para besarlo suavemente. Un beso lleno de afecto que no podía explicar en palabras; y Black, correspondió mientras sus manos se dirigieron hacia la cintura del menor. 
            
            Esa noche quedó grabada en sus corazones. Algo que no cabía en la palabra "amor". 
            A la mañana siguiente que Harry quería saber como les había ido, solamente pudieron decir que bien, aunque a Yaxley lo delató un sonrojo.
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-ccapu

Felix  Yaxley, contra todo lo que había pronunciado minutos antes, no lo detuvo. Sus manos terminaron aferradas al saco del animago, respondiendo con igual intensidad, con una mezcla de furia y necesidad. Era dolor y alivio al mismo tiempo, un choque de dos almas marcadas que, aun con cicatrices, encontraban refugio en el otro.
            
            Cuando Sirius bajó una de sus manos con descaro hacia la cadera del rubio, Yaxley se tensó, rompiendo apenas el beso, jadeante. El mayor recordó lo anterior, y estuvo a punto de apartarse cuando escuchó, apenas un murmullo:
            — No... sigue.
            
            El azabache se quedó helado, sorprendido de que el rubio se lo pidiera. Sus ojos grises buscaron los del alquimista, intentando leer si de verdad lo decía en serio. Este asintió una sola vez, apenas perceptible, con un leve temblor en su mandíbula.
            Black tragó saliva, y su agarre cambió: de firme y ansioso, a suave y cuidadoso. Deslizó lentamente los dedos sobre la curva de su cadera, probando hasta dónde podía llegar, hasta dónde Yaxley se lo permitía. Lo hacía despacio, como si acariciara algo sagrado que temía romper.
            Y el menor, solo cerró los ojos por un instante, conteniendo el aire, pensando en Black y en esa sensación. La tensión no desaparecía, pero el contacto era diferente: no era una invasión, era algo que deseaba, que se sentía bien.
            — Así... ¿está bien? —preguntó el azabache en voz baja, con un tono inusualmente suave, casi reverente.
            — Sí... —susurró Felix, y aunque aún había un filo de miedo en su voz, también había alivio.
            El animago sonrió apenas, sin el descaro de siempre, más bien con alivio. Sus manos después fueron a su espalda por arriba de la ropa del menor, dando suaves caricias y de nuevo, a si cintura. Parecía que en ese gesto quería que se acostumbrara el rubio, que sintiera confianza que no haría más que lo que pudiera Yaxley marcar como un límite.
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-ccapu

El agarre de Black en su muñeca era fuerte, casi desesperado, y cuando el rubio se iba a liberar, el animago lo jaló con un impulso que lo hizo chocar contra el. No fue suave, no fue delicado, fue un gesto brusco lleno de urgencia, como si quisiera borrar cada palabra que el menor acababa de pronunciar.
            — No vuelvas a decir eso —gruñó entre dientes, y su voz sonó rota, casi temblando. Sus ojos grises, ardientes, lo buscaron debajo de la máscara dorada que Yaxley aún llevaba. — No vuelvas a decir que debo dejarte ir.
            
            Este quiso replicar, pero Black no le dio espacio. Lo empujó suavemente contra la pared del pasillo, quedando muy cerca de él, tan cerca que el calor de su respiración le rozaba el rostro. 
            — ¿Sabes qué pienso yo? —continuó el azabache, con esa manera tan suya de escupir palabras entrecortadas cuando la emoción lo sobrepasaba—. Que tienes un maldito don para hacerme sentir vivo después de tanta mierda. ¿Qué más fuerza quieres que esa?
            
            Yaxley lo miraba, sin saber si debía retroceder o dejarse caer en esas palabras. El corazón le golpeaba en el pecho como nunca, y su máscara parecía cada vez más pesada.
            
            Sirius levantó una mano, temblorosa, hasta quitarle la máscara blanca con bordes dorados. La sostuvo apenas un segundo y la dejó caer al suelo, sin importarle.
            — Quiero verte, no a esta maldita máscara —dijo con firmeza. El alquimista por fin se encontraba libre, desnudo frente a esos ojos que no lo juzgaban, sino que lo hacían sentir tanto. Intentó apartar la mirada, pero Sirius lo tomó del rostro con ambas manos, obligándolo a mirarlo.
            
            — No sé cómo demonios sanar lo que viviste... —murmuró, su voz quebrándose apenas— pero no pienso dejarte cargarlo solo.
            
            Y sin esperar respuesta, lo besó. No fue un beso calmado, fue hambriento, ardiente, con los labios de Black devorando los suyos, como si quisiera arrancarle el miedo a golpes de pasión.
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-ccapu

Cómo los perros hacen al morir | HP
          Table for Two - Abel Korzeniowski 
          Quinto año. 
          
          El ministerio llamaba mentiroso a Harry Potter. Decía que el Señor Oscuro no había vuelto, que había sido un lamentable accidente lo que le sucedió a Cedric Diggory. 
          Y eso, lo mantenía muy a raya la nueva profesora de Defensa contra las Artes Oscuras, Dolores Umbridge. Una enviada del ministerio. Bien, ¿qué más podría salir mal ese año? 
          
          Para Felix, lo que podría salir mal, era una carta enviada por Lucius Malfoy para saber cómo estaba, cómo deseaba verlo. Una invitación para las fiestas de Diciembre. Y otra carta, de su hermana Lynette que en palabras cortas, decía que podía ocupar la casa; por supuesto, esa pe-, esa mujer, solamente no estaba cuando el tampoco podía estarlo. 
          
          Cierta noche de la primera semana, había sido llamado por Dumbledore, quien lo esperaba en su oficina. El murmullo leve del fuego de la chimenea no bastó para apaciguar la tensión que sintió Yaxley al entrar y ver a Snape ahí sin dirigirle la mirada. 
          Albus salió un momento y fue que pudo decir algo.
          — Habla —dijo finalmente dándole la espalda al mayor de altura. En sus manos yacía una carpeta.—. No puedo concentrarme con este silencio colgando como un maleficio. 
          — ¿De verdad tengo que decir algo? —La voz de Snape fue baja, aunque, contenía una acidez que intentaba no salirse del todo.— ¿Después de todos estos años? 
          El rubio se giró en silencio. Sus ojos grises, tranquilos, se encontraron con los oscuros de su amigo. 
          — No sé que creas que hago, pero no creo que sea merecedor de tanto odio. 
          Snape avanzó un paso. 
          — No estás haciendo, Yaxley. Lo estás considerando. Lo cual, es peor, porque tú piensas demasiado. 
          — ¿Y ahora pensar, es un crimen?
          — Cuando el objetivo de tus pensamientos ese ese perro de Grimmauld Place, si —escupió el azabache, ahora si, con veneno.

-ccapu

— No, pero... Se que querías seguir con los besos —comentó en un murmullo el profesor.—, agradezco que hayas respetado el parar... Así que cómo compensación pensé en tomarte de la mano, ¿te gustaría? 
            Black sonrió completamente y tomó la mano de Yaxley. Sus manos eran casi iguales, solamente que las del profesor eran más delgadas y un poco más pequeñas, y las de él, eran rasposas y duras gracias a los años en Azkaban. 
            Ninguno dijo más esa noche. 
            
            Black se durmió rápidamente, pero Yaxley no. Estaba pensando. Pensaba y pensaba. 
            No negaba que el beso, el tacto en su rostro, se había sentido bien, se sintió querido, pequeño, ¿deseado? Cosa que hacía años no sucedía. 
            Sin embargo, también sintió algo que no sentía también hacía años.
            
            Miedo. 
            
            Un miedo que, crecía desde la boca del estómago y se dirigía a todos lados de su cuerpo. Recordaba, recordaba cuando fue la primera y última vez que sintió eso. 
            Tenía 20 años.  
            Estaba decidiendo seriamente si dejar a los Mortífagos. Pero seguía ahí solamente por Severus.
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-ccapu

El corazón de Black se detuvo un momento. Se retiró de inmediato, y sus ojos buscaron a los del menor de altura. No con reproche, sino con preocupación.
            — ¿Te... Hice daño? —preguntó él. Felix negó lentamente sin mirarlo aún. Tragó saliva con dificultad, pensando durante un momento, sobre decirle la verdad de porque quería detenerse. Aunque, después se arrepintió. 
            — No es eso, es que... no estoy listo, aún. 
            
            La luz tenue que entraba por una rendija del dosel iluminaba apenas los contornos de su rostro, y Black pudo ver que hablaba en serio. Lo entendía. Habían pasado años desde que ellos habían tenido algún tipo de contacto; y además, desconocía si Felix si había estado con alguien de forma sexual o romántica. 
            — Esta bien —respondió el mayor de altura. Su voz sonaba calmada, incluso cálida.—. No haré nada que no quieras, no tienes porque darme explicaciones.
            El rubio parpadeó y volteó a verlo por fin, con esos ojos grises que parecían pedir perdón por sentir tanto y decir tan poco. 
            — Solo... —empezó a hablar, con un tono contenido.— No te vayas, quédate, aquí por favor. 
            
            Sirius sonrió un poco, y asintió. Solamente saliendo del cuarto para irse a cambiar. Al regresar, Felix ya lo estaba, con esa pijama de seda plateada que lo hacía ver más delgado de lo que era.  Los dos se metieron a la cama después de haber cerrado la puerta. 
            Miraban hacia el techo del dosel, sin decir nada. No tenían porque realmente hablar sobre algo. Con algo se empezaba. Poco a poco habría más oportunidades de estar juntos. Ya no había necesidad de esconderse. 
            A Felix le gustaba dormir con los brazos fuera de las sábanas, y a Sirius no, le gustaba dormir enrollado, pero esa noche, era un poco diferente. 
            Black también tenía los brazos por arriba de las sábanas. Sus manos casi se tocaban ya que estaban juntos. Eso lo notó el rubio, quien, movió su meñique levemente tocando la mano del azabache.
            — ¿Pasa algo? —preguntó el animago volteando de reojo con el contrario.
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-ccapu

Tuvo que girarse para comprobar que lo que sucedía era cierto. Felix lo miraba directamente, se había sentado sobre la cama y sus piernas. 
            Pero este hombre rubio con mechones negros, se notaba algo colorado, podía notarlo, más que nada en sus orejas. Su voz fue baja, temblorosa pero decidida. 
            — Haz lo que tengas que hacer.
            Black parpadeó. Fue él ahora quien se sonrojó. Se metió de nuevo, dejando que el dosel se cerrara. 
            Los dos se miraron de frente, como esperando algo. 
            Felix no dijo nada tampoco, solo se quitó los lentes con manos torpes y los dejó con cuidado sobre la almohada. No sabía si lo que hacía estaba correcto, se sentía cómo si fuera la primera vez en besar a alguien; cómo si fuera ese adolescente de 16 años. 
            Fue Black quien se inclinó de nuevo. 
            
            Primero, un beso ligero, casto, en la mejilla izquierda. Después, un segundo más cerca de la comisura. Sus respiraciones se mezclaban, hasta que por fin, besó los labios delgados del profesor. Un beso suave, contenido. Como si tuviera miedo de romper algo frágil.  
            Los dedos del mayor de edad se aferraron a la tela de la camisa de Sirius, temblorosos. Necesitaba sostenerse de algo. 
            El beso seguía, era lento, de los dos, lleno de nervios y de una tensión contenida por años. Las manos del azabache sostenían el rostro del contrario con cierta torpeza que solo un adolescente podría tener, y sin embargo, estaban tan lejos de serlo. 
            Se separaron solamente un poco, a escasos centímetros de besarse otra vez. Yaxley entrecerró los ojos, sus párpados temblaban y su respiración se había agitado de forma apenas perceptible. Black quiso volver a besarlo, quería acercarse más, bajando lentamente una de sus manos por el cuello del rubio y deslizándola con delicadeza hasta rozar su cintura. Pero justo cuando lo hizo, el rubio lo detuvo.
            — No —dijo, con un tono suave pero firme, tan tembloroso que parecía un susurro. Sus manos se habían apoyado contra el pecho del animago, apenas haciendo algo de presión.
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-ccapu

Cómo los perros hacen al morir | HP  
          Your Face - Wisp
          Finales de cuarto año. Vacaciones.  
          Felix Yaxley et Sirius Black.
          
          
          
          — ¡Voldemort ha regresado! —exclamó Harry sin soltar el cuerpo inerte, vacío de Cedric Diggory. Dumbledore, sostenía los hombros del joven de lentes, quería apartarlo de ahí. Y Snape junto con Yaxley estaban ahí también, uno más perturbado que otro. 
          Llegó Ojoloco apartando al pobre de Harry, quien fue llevado a fuerzas al castillo. 
          Yaxley, no podía creer lo que había escuchado, tanto que seguía ahí de pie hasta que el mismo alboroto lo trajo a la realidad y escapó también al castillo lo más pronto posible, sin saber que Snape lo había visto. 
          
          Saludos, murmuros, sollozos, y por fin un portazo señalando que había llegado a su despacho. Esa noche, las estrellas no brillaban igual, no había Luna en su cielo. Las velas si estaban prendidas, pero aún así había penumbra. 
          — ¿Voldemort a vuelto? —murmuró para si mismo el rubio. Se acercó a su escritorio apoyándose en este mientras acomodaba sus ideas. 
          
          Primero, el partido de Quidditch dónde apareció la marca tenebrosa. La muerte de Barty Crouch. Y ahora, esto. 
          La muerte de un joven, donde Harry juraba haber visto al Señor Tenebroso. 
          Tocó su brazo por inercia y subió su manga izquierda para ver la marca de su pasado... Y si, esa marca olvidada, ahora relucía con oscuridad.

-ccapu

Y por fin, por fin Felix podía irse de esa casa tan triste. O bueno, eso es lo que hubiera pensado si no se hubiera acostumbrado ya a la presencia de Sirius Black en su vida. 
            La tarde empezaba a teñirse de dorado en Grimmauld Place. Las sombras alargadas de las rejas se proyectaban en el suelo del vestíbulo. Y Felix descendió las escaleras con su maletín levitando tras él. Su capa estaba perfectamente doblada sobre su brazo, el cabello bien peinado, delineado hecho con precisión y su varita segura en la funda del cinturón.
            Junto a la puerta, Sirius lo esperaba de pie con las manos en los bolsillos de su abrigo negro. El ambiente era tranquilo, casi melancólico.
            El mayor bajó el último escalón, clavando los ojos grises en los del azabache.
            —¿Te quedarás ahí mientras me voy?
            —Pensé que podría darme el lujo de verte salir, aunque sea un último adiós—respondió Sirius con esa sonrisa entre torcida y tierna.
            —No será un adiós, recuerda que regresaré el fin de semana — señaló Felix.
            —¿Era en serio? —preguntó Black, levantando las cejas con ligera burla.
            —Sí —respondió Yaxley, avanzando lentamente hacia él—. Aunque solo sea para asegurarme de que no hayas echado a perder lo que limpié.
            —O para que no me vuelva loco en este museo polvoriento.
            —También eso.
            
            Se quedaron quietos, uno frente al otro, la puerta  abierta detrás de Sirius, el sol colándose por las rendijas de las ventanas como si vigilara con curiosidad.
            
            Fue que habló el ojigris.
            —Gracias por... todo, estos días. Por no ser insoportable —añadió con tono burlón.
            —Lo intento, aunque solo contigo —dijo Sirius, bajando un poco la voz.
            
            Felix extendió la mano para acomodarle el cuello de la camisa. Fue un gesto sutil, íntimo.
            —Cuídate. No hagas tonterías. 
            
            Hubo una pausa.
            Yaxley se giró, en dirección a la calle que lo recibió con su habitual frialdad. Dio un paso fuera, y antes de cruzar del todo, se volvió.
            
            —Sirius.
            
            —¿Sí?
            
            —Guarda algo de whisky para el viernes.
            Y desapareció con un "crack".
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-ccapu

La cocina de Grimmauld Place estaba siendo acaparada por los miembros de la Orden que hablaban a media voz en una de las últimas juntas donde estaría Felix –lo cual agradecía– y Alastor discutía con Kingsley sobre estrategias de vigilancia. Molly murmuraba con Arthur sobre los chicos, mientras Yaxley se mantenía al fondo, leyendo unos documentos en silencio, como siempre, en su rincón más apartado.
            
            Snape había llegado tarde, y se limitó a asentir a modo de saludo. Su capa oscura parecía absorber toda la luz de la habitación.
            
            Black, en cambio, se mantuvo cerca de Lupin, fingiendo escuchar a medias los planes de transporte de miembros, pero con los ojos puestos en su amigo de toda la vida.
            
            En un momento, Remus le susurró algo al oído, lo suficientemente bajo para que nadie más lo oyera.
            —¿Entonces? ¿Ya se lo dijiste? 
            —Le bailé —susurró con una mueca—. ¿Eso cuenta?
            Remus rodó los ojos con una media sonrisa.
            —No me refería a eso. Me refiero a si ya le dijiste lo que sientes. En palabras. 
            —Fue más fácil cuando tenía quince años y no me importaba nada. Ahora… lo único que quiero es que él esté bien.
            —¿Y tú? ¿No mereces estar bien también?
            Sirius iba a responder, pero no lo hizo. En cambio, su mirada se perdió momentáneamente, justo cuando alguien más se movía por el pasillo contiguo: Snape, que se había acercado en busca de la única compañia grata de ese lugar, o sea, el profesor de Alquimia. 
            
            No tenía la intención de escuchar. Pero lo hizo.
            
            Solo unas palabras, lo justo para congelarse en el umbral, entre las sombras.
            
            “Lo único que quiero es que él esté bien.”
            “¿Ya le dijiste lo que sientes?”
            
            Snape no hizo ningún sonido. Pero algo en su expresión se volvió pétreo. Inmóvil. Su respiración se ralentizó, como si intentara comprender del todo lo que acababa de oír.
            
            ¿ El perro y Yaxley…?
            
            Volvió sobre sus pasos con sigilo, sin ser visto.
            Nadie notó su ausencia. Pero el leve crujir de la madera marcó su retirada.
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-ccapu

Y con eso, las manos se encontraron en la posición correcta. Felix colocó una sobre el hombro de Sirius; Sirius sobre la cintura de Yaxley. Comenzaron a moverse, torpes al principio, pero pronto sincronizados. El salón se llenó de luz y música, y las sombras que ambos cargaban se borraron por un instante.
            
            La confesión no llegó con palabras. Llegó con los dedos entrelazados, el roce de mejillas, el latido compartido bajo una melodía antigua. 
            
            ...
            
            
            El cuarto seguía inmerso en la luz cálida de las velas, y el tocadiscos comenzaba una segunda melodía, más pausada aún, casi un suspiro envuelto en notas.
            
            Los dos hombres bailaban sin prisas. Ya no había torpeza en sus pasos, ni vacilaciones en las miradas. Solo estaban ellos dos. 
            Los ojos del rubio se alzaron, serenos, y buscaron los de Sirius. Esta vez no bajó la mirada, ni la desvió. Sonrió. Pero no esa sonrisa de cortesía o sarcasmo, sino una verdadera, sincera., cálida como un rayo de sol colándose por una ventana en invierno.
            
            Entonces, en un susurro que parecía no querer romper la atmósfera, el mayor habló:
            —Buscaré la manera de darte lo que mereces —dijo, apenas audible contra su oído—. Tu libertad, quiero que seas un hombre libre… de verdad.
            Black cerró los ojos por un segundo, sentía su pecho agitarse. Nadie se lo había prometido así, o al menos, nadie tan honesto.
            —Felix… —murmuró.
            
            Pero el rubio no lo dejó hablar. Continuó moviéndose suavemente al compás, con la mano aún sobre su hombro.
            —No me importa cuánto tarde, pero te lo juro. Y mientras tanto… —bajó la voz aún más— te visitaré los fines de semana. Y si no tengo muchos deberes que calificar, también entre semana.
            
            —¿Vas a venir… a verme? ¿Voluntariamente?
            
            —Qué sufrimiento, ¿no? —respondió Felix con ironía, pero el tono era suave, casi una caricia.
            
            —Merlín bendito… —susurró el azabache, soltando una risa entrecortada.
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