Cuatrocientos años.
Ciento cuarenta y seis mil días.
Tres millones quinientas cuatro mil horas.
En cada una de ellas, Seongje había pensado en YeoJoon (Sieun).
Lo había buscado en cada rostro afeminado y delicado, en cada sueño, en cada noche interminable. Había visto imperios caer, océanos cruzarse, ciudades levantarse desde los escombros.
Y allí seguía.
Inmortal. Inmutable. Incompleto.
Hasta que un joven abogado abrió un medallón frente a él y dijo:
—Este es mi prometido. Se llama Sieun.
El mundo dejó de existir.
Algo se viene chic@s, esperenlo. :)