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pidanme amistad... 
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he querido explicarme de muchas maneras como lo es la música, he construido alrededor de mí toda una taxonomía de intereses, manías, afectos, autores, sonidos y obsesiones como si la acumulación de particularidades pudiera constituir una identidad suficientemente compleja para no tener que llegar nunca a una frase tan rudimentaria como la que admito ahora: me gusta que me quieran. la ausencia me enseñó a querer con la mente y no con el corazón, por eso cuando amo a un individuo tiendo a decirle que lo hago a partir de la razón y no de la demencia, que no lo necesito sino que lo elijo. mentí cuántas veces fuese posible. decía que no necesitaba a nadie porque necesitaba creerlo. recuerdo haberme vuelto demente allende los años, antaño, cuando todavía era una mozuela. pese a todas mis tentativas de sofisticarme, racionalizarme y convertirme en otra cosa, continúo queriendo lo mismo que quería entonces. y quizá, solo quizá (yo que amo tanto las incógnitas), toda esta arquitectura de palabras y toda mi obstinación por comprenderlo todo no sean más que distintas maneras de volver hasta ella y decirle, por fin, que no tenía que aprender a caminar sola para ser digna de que alguien caminara a su lado
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de niña no sabía que estaba rodeada de ausencias. esa palabra llegó mucho después, cuando ya había adquirido suficiente vocabulario porque al permanecer tan solitaria lo único que quise fue expandir mi intelectualidad. la infancia tiene una capacidad extraordinaria para naturalizarlo todo. como dije anteriormente, la niña acepta como paisaje aquello que visto desde la adultez adquiere una dimensión completamente distinta. aprendí a desenvolverme alrededor del vacío, al igual que mi viejo tengo la prepotencia de creer que no necesito a nadie y quizá de ahí provenga buena parte de mi obstinación por parecer autosuficiente. pero aquellos que han permanecido incluso después de pedirle a treguas que se marcharan se han dado cuenta de la debilidad que cargan mis zapatos que así solo sepan de andares se tropiezan con cualquier bache del camino, se han dado cuenta de que me creo sísifo y aunque nada me ate a una piedra sigo llevándola conmigo. siempre he buscado a la niña que perdí cuando me desprendí de su mano al seguir a la razón y no al corazón, he buscado en memorias mientras me moría en cada intento de comprenderme y durante mucho tiempo pensé que aquella criatura había quedado extraviada en alguna efeméride remota de mi infancia. y por fin hoy supe que esa infante nunca se desplegó de mi esquina, aquí está, conmigo; nunca supo soltarme de la mano, se aferró a mí con su dedo índice y temo pensar que de no haberme detenido a buscarla pronto quizá habría conseguido perderla de verdad
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eternamentes

podemos ser amigos  💔

eternamentes

Tamb puedes ser mujer hasta que sientss que no estás cómodq y vuelves a hombre o no sabo 
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eternamentes

KAJSHSKSK ADIÓS, yo siempre fui hombre, MEJOR SE MUJER, le preguntss a una persona justo que no sabe decidir 
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eternamentes

ES DIFÍCIL, yo digo que tires una moneda si ssle cara es 
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pidanme amistad... 
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he querido explicarme de muchas maneras como lo es la música, he construido alrededor de mí toda una taxonomía de intereses, manías, afectos, autores, sonidos y obsesiones como si la acumulación de particularidades pudiera constituir una identidad suficientemente compleja para no tener que llegar nunca a una frase tan rudimentaria como la que admito ahora: me gusta que me quieran. la ausencia me enseñó a querer con la mente y no con el corazón, por eso cuando amo a un individuo tiendo a decirle que lo hago a partir de la razón y no de la demencia, que no lo necesito sino que lo elijo. mentí cuántas veces fuese posible. decía que no necesitaba a nadie porque necesitaba creerlo. recuerdo haberme vuelto demente allende los años, antaño, cuando todavía era una mozuela. pese a todas mis tentativas de sofisticarme, racionalizarme y convertirme en otra cosa, continúo queriendo lo mismo que quería entonces. y quizá, solo quizá (yo que amo tanto las incógnitas), toda esta arquitectura de palabras y toda mi obstinación por comprenderlo todo no sean más que distintas maneras de volver hasta ella y decirle, por fin, que no tenía que aprender a caminar sola para ser digna de que alguien caminara a su lado
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de niña no sabía que estaba rodeada de ausencias. esa palabra llegó mucho después, cuando ya había adquirido suficiente vocabulario porque al permanecer tan solitaria lo único que quise fue expandir mi intelectualidad. la infancia tiene una capacidad extraordinaria para naturalizarlo todo. como dije anteriormente, la niña acepta como paisaje aquello que visto desde la adultez adquiere una dimensión completamente distinta. aprendí a desenvolverme alrededor del vacío, al igual que mi viejo tengo la prepotencia de creer que no necesito a nadie y quizá de ahí provenga buena parte de mi obstinación por parecer autosuficiente. pero aquellos que han permanecido incluso después de pedirle a treguas que se marcharan se han dado cuenta de la debilidad que cargan mis zapatos que así solo sepan de andares se tropiezan con cualquier bache del camino, se han dado cuenta de que me creo sísifo y aunque nada me ate a una piedra sigo llevándola conmigo. siempre he buscado a la niña que perdí cuando me desprendí de su mano al seguir a la razón y no al corazón, he buscado en memorias mientras me moría en cada intento de comprenderme y durante mucho tiempo pensé que aquella criatura había quedado extraviada en alguna efeméride remota de mi infancia. y por fin hoy supe que esa infante nunca se desplegó de mi esquina, aquí está, conmigo; nunca supo soltarme de la mano, se aferró a mí con su dedo índice y temo pensar que de no haberme detenido a buscarla pronto quizá habría conseguido perderla de verdad
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