El amor es un veneno silencioso, una gota dulce que arde al caer, se disfraza de luz en los ojos mientras empieza a romper el alma.
Es caricia que deja cicatrices, promesa que no sabe sostener, un susurro que nombra “para siempre” y que se olvida al amanecer.
Corre lento por cada latido, se mezcla con todo lo que fui, y cuando intento arrancarlo de dentro, ya no queda nada de mí.
Dicen que sana, que salva, que eleva, pero en su abrazo aprendí a caer; porque el amor, cuando duele de verdad, no es más que veneno… disfrazado de querer.