El campo está lleno.
Demasiado lleno.
Colores que se pisan entre sí,
olores dulces que prometen calma,
flores abiertas al sol
esperando algo que no llega.
El viento pasa
y todo se mueve en su lugar.
Las flores saben qué hacer.
Bailan.
Respiran.
Se quedan.
Yo también estoy aquí,
dicen.
Me ven.
Me nombran.
Me rodean.
Pero algo no entra conmigo al campo.
Hay una parte que se queda atrás,
sentada,
con los brazos cruzados,
mirando cómo el día sigue
sin pedirle permiso.
Las flores siguen siendo hermosas
aunque no las mire.
Siguen oliendo igual
aunque ya no huela nada.
El campo no falla.
Nunca falla.
Soy yo el que no termina de llegar.
Estoy entre colores vivos
con el corazón en escala de grises,
escuchando risas
como si vinieran de otra colina.
Todo está aquí.
Todo florece.
Y aun así,
hay un lugar exacto en el pecho
donde no crece nada.
Dejare ste poemita por aqui wiwiwi