Como habrán notado, me ha costado encontrar tiempo para volver aquí. La espalda me jugó mal un tiempo… pero afortunadamente solo fueron exámenes y medicinas, hoy estoy mejor, aunque de vez en cuando el dolor aún me roza levemente. Además del malestar, sentía pesada la soledad al volver a casa tras el trabajo. Hasta que un día la vi a ella, pequeña, flaca, con miedo rayado en el cuerpo y huellas de haber conocido la crueldad. Se lo conté a la tía de mis hermanas y juntos fuimos a ayudarla, pensando en esterilizarla, pero nos dijeron que esperaba cachorros, y como es tan joven, decidimos interrumpirlo, algo que agradezco profundamente, para que ella pudiera vivir su propia vida primero.
Mi tía la cuidó hasta que sanó. Pero la pequeña siempre me buscaba a mí, me seguía con pasitos tímidos, pedía cariño y comida con esa mirada que pide confianza. Hasta que un día decidí traerla a casa conmigo. Ahora ya no vuelvo solo. Ahora tengo a Loren, una pequeña de rasgos delicados y un precioso delineado en sus ojos, rescatada de las calles, que desde hace días acompaña a este escritor, tímido, imaginativo y un poco triste, a quien ella está enseñando a volver a sonreír.
Por cierto… Cripsis está llegando a su final.
Les quiero muchísimo, personitas queridas. Gracias por estar ahí.