Desde que comencé a escribir, he recibido muchos comentarios de mis hermanos en Venezuela. Siempre me agradecen por darles unos minutos de distracción en medio de las pesadillas que enfrentan día tras día… desde hace años.
Al leer lo que me comparten en mis historias, he llegado a sentir el verdadero coraje y también una profunda impotencia.
Y finalmente, hoy…
Estoy llorando de felicidad por ustedes. Y tal vez esta emoción sea prematura, aún es muy pronto. Pero no puedo evitar pensar que, hoy, finalmente, se acabó.
El camino que queda por recorrer es largo, pero me siento esperanzada. Deseo, con todo mi corazón, que el día de mañana los encuentre sanos y salvos, para poder ver juntos el futuro que queda por construir.
Amo a todos mis hermanos, desde lo más profundo de mi corazón, y los tengo siempre presente en mis oraciones.
Por favor, cuídense mucho.
Los quiero.