Un año sin tí, princesa.
Un año más dónde las palabras no son suficientes para expresar cuánto te amo. Cuánto te sigo amando, sin importar que te hayas ido.
Un año donde pasé de no poder respirar a encontrar una manera de sobrevivir al dolor. Dónde no vencí a la muerte, pero le gané una batalla, porque aquí sigues y no te irás mientras alguien en el mundo pueda conocer tu historia.
Vives en mí.
Vives en todo. Porque todavía te veo en cada cachorro que encuentro. En las flores que compro y regalo porque mis pies aún no han podido guiarme hasta tu tumba.
Estás en las sonrisas que cosecho con esas flores, y es como si me las regalaras tú. Porque una vida contigo era una donde no se paraba de reír.
Fuiste un rayito de luz, y el mundo ahora es tu prisma. Dispersándote en cada extraño que hoy fue un poco más feliz.
Te veo en todas las pequeñas cosas que he aprendido a valorar más. Y es solo porque me enseñaste que el tiempo es algo valioso y que la vida que hoy tenemos está compuesta de instantes.
Fuiste mi mejor instante.
Una perturbación imperceptible en la inmensidad del tiempo, pero un terremoto para mí en todos los sentidos que importan.
Gracias por permitirnos conocerte. Gracias por dejarme amarte. Y gracias por enseñarme cómo se supone que debería vivir la vida.
Espero que donde estés, ya no estes sufriendo.
Vuela alto, mi pequeña.
Te amaré por siempre. ❤️