Hola a todos.
Antes que nada, gracias —de verdad— a quienes han sostenido con su tiempo y su mirada esta historia, "Donde mueren los sueños." Cada lectura ha sido un eco que me mantiene aquí.
He estado ausente, lo sé. No por olvido, sino porque hay momentos en los que el cuerpo pesa y el alma se queda sin palabras. Y escribir, cuando uno no está entero, deja de ser refugio y se vuelve un espejo demasiado honesto.
A quienes se lo preguntan: sí, sigo dedicando cada línea a la chica que amo. A pesar de que en este momento nos mantenemos a la distancia, no es una distancia de caminos separados, sino de tiempo… de ese instante en el que la vida pide pausa antes de coincidir de nuevo. Aun así, ella sigue habitando cada página. Como un gesto silencioso —pero profundamente mío—, a partir del capítulo 7 encontrarán sus iniciales al final de cada entrega. Es mi manera de decir que, incluso en la pausa, hay cosas que permanecen.
Deseo que este libro no sea solo algo que capte su atención, sino que encuentre un lugar en ustedes. Que lo sientan. Que lo recuerden. Que, de alguna forma, también les pertenezca.
Nos leemos pronto.