@ Tunanterrante Un viento cálido impacta contra mi oido y doy un respingo. Alguien me está soplando en la oreja.
— Oye — oigo la voz de Uve —, vuelve de donde quiera que estés ¡Estamos en medio de una misión!
Me giro de inmediato. Uve lleva puesto el sombrero y su cara muestra una expresión a medio camino entre la precupación y la impaciencia. Era difícil averiguar cuál emoción predominaba, si la una o la otra. Quizás la otra.
De repente, soy consciente de estar en el interior de la barca flotante, posada entre las rocas. Me sobreviene el recuerdo del tira-tintas y de la carrera encima de las criaturas marinas. La mano me arde como si me hubiera salpicado aceite caliente, tengo la palma negra. Me pregunto si la bola de tinta forma ahora parte de mi anatomía, y no sé si sentirme contaminada o afortunada.
— Perdona, he estado un poco... ausente — respondo con brevedad, y esbozo una sonrisa que pretende una disculpa.
— ¿Ausente? — el vencejo justiciero suelta un resoplido — ¡Querrás decir prófuga!
Le respondo con otra sonrisa y encojo los hombros. Luego, me recojo el pelo desordenado en un moño, y me inclino dispuesta a poner un pié fuera de la barca. Debía recuperar el tiempo perdido.
— Sígueme — le digo a mi rescatador de dodós parlanchines caníbales, antes de dar el salto.
— Espera gueparda insensata — Uve me agarra de la ropa por uno de los hombros y me hace caer de nuevo dentro de la barca —¿A qué viene tanta prisa? No has aprendido nada, te dejas llevar por la tinta impetuosa y tu mente se emborrona.
Caigo boca arriba y miro el cielo, que estaba cubierto por una gran nube gris ¿Lloverá? ¿Como será la lluvia en aquel lugar? ¿Llovería agua, o más bien gotas de tinta virgen? ¿Sabrían a algo?
Uve se quita el sombrero y se lleva una mano a la barbilla, pensativo.
— Analicemos la situación. Esas sombras y esas vidrieras... — su semblante se ha vuelto repentinamente serio —¿Tú qué opinas?