Noth, al igual que Lucien, no nació de mí, sino de la imaginación de mi pareja dentro de la comunidad de ñoños medievales.
En sus primeras versiones, era una vampiresa que practicaba brujería.
Misteriosa, distante… y peligrosa en silencio.
Desde el inicio, tenía una relación cercana con Ashe. No era una amistad suave ni cálida, sino una conexión más compleja, construida entre confianza y carácter.
Había algo muy claro en ella: no toleraba a los hombres.
Y mucho menos a los vampiros.
De ahí nace su constante conflicto con Lucien, una tensión que no necesita explicación… simplemente existe, como el hielo que quema.
Para el libro, Noth cambió… pero no perdió su esencia.
Dejó de ser vampiresa y pasó a ser humana, aunque su vínculo con la magia se volvió aún más definido. Ahora domina la magia de hielo, moldeándola como si fuera una extensión de su propia voluntad.
Aun así, su conocimiento no se limita a un solo tipo de brujería.
Originalmente, también tenía una relación romántica con Lassandra.
Era una dinámica muy distinta, nacida en una etapa temprana del desarrollo de ambos personajes.
Sin embargo, al trasladar la historia al libro, esa relación cambió.
Con la nueva construcción del mundo y las edades de los personajes, decidí transformar ese vínculo en algo diferente: una conexión más cercana a la mentoría, donde Noth actúa como guía para Lassandra, aunque entre ellas aún persiste una cercanía emocional difícil de definir por completo.