Hoy he pensado mucho en ti, más que de costumbre, en como tú vida se apagó muy pronto, en tu risa, tus bromas, tus abrazos... Hay ausencias para las que nadie ni nada te preparan, que no hacen ruido, pero cambian para siempre la forma en que miramos el mundo, y la tuya es así, silenciosa, profunda, imposible de ignorar.
Te fuiste en medio de una época muy confusa, cuando las tontas discusiones adolescentes parecían más grandes de lo que realmente eran, cuando las palabras pesaban más de la cuenta y algunas heridas todavía no sabían cuan mortales podrían llegar a ser... Pero nada de eso fue tuyo, amor, aunque te haya alcanzado.
Quiero creer que el cariño que diste, ese amor tan genuino, tan limpio, sigue existiendo en algún lugar como una luz que no se apaga aunque nadie la mire... Que lo que tú ofreciste habla de ti,
y no de lo que otros supieron o no supieron cuidar... Ojalá, algún día, ese afecto encuentre eco en todos nosotros, y ojalá que, quien lo recibió, logre escucharlo de verdad, con la calma y la honestidad que a veces solo llega cuando ya es tarde, y comprendan que sus acciones dejaron y siguen dejando consecuencias incluso a los más inocentes, como fue tu caso
Yo aún estoy aprendiendo a recordar sin culpas ajenas, a soltar sin olvidarme de todo, a decir tu nombre desde el amor y no desde el dolor, y, Karla, donde sea que estés, espero que estés en paz, lejos del ruido de aquí en la tierra, lejos de las sombras que no te pertenecían, y que estés cerca de todo lo que sí merecías.
Te adoro, mi niña